Detectan cambios en la "isla de calor" que genera la ciudad

Aunque la Capital crece, las diferencias de las temperaturas con las áreas cercanas se achican
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24 de mayo de 2011  

Si estima que las noches en el campo son más frescas que en la ciudad, no sólo está en lo cierto, sino que ha percibido lo que los especialistas conocen como el fenómeno de la "isla urbana de calor".

Cualquiera diría que, a medida que una ciudad crece, esa isla de calor aumenta. Pero, contra lo que podría suponerse, en Buenos Aires esta diferencia no se ha agravado en promedio en los últimos años y hasta viene mermando en parte, según un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (FCEN-UBA).

"La intuición básica nos indica que a medida que una urbe crece en población, como ocurrió con la ciudad, debería aumentar la isla de calor. Sin embargo, lo que vimos en un estudio realizado a lo largo de 32 años es que, por el contrario, la tendencia es negativa. El valor medio anual de la isla urbana de calor en la ciudad fue 1 grado más caliente en los años 70 que en la actualidad", precisa Inés Camilloni, desde el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera, dependiente de la UBA y el Conicet, que junto con Mariana Barrucand comparó las temperaturas registradas en el barrio porteño de Villa Ortúzar con las del aeropuerto de Ezeiza, ubicado en un área descampada del conurbano bonaerense, entre 1976 y 2007.

De acuerdo con la información analizada por las científicas, en la década del 60 la diferencia entre la ciudad y sus áreas aledañas era de 2,2 grados; en los años 70, de 1,9 grados; en los 80, de 1,7 grados; en los 90, de 1,4 grados, y entre 2000 y 2007, de 1,2 grados.

La investigadora aclara, de todos modos, que si bien las diferencias de la isla de calor se están achicando en promedio a lo largo del tiempo, igual las noches en la ciudad siguen siendo más cálidas que en el campo.

Más gente, más calor

Según explica Camilloni, las moles de hormigón armado, cemento o asfalto que acumulan calor durante el día y lo liberan por la noche; los sistemas de refrigeración que extraen el infierno de los edificios pero lo arrojan a la calle; la combustión de autos y colectivos que enrarecen el ambiente, junto con los espacios verdes, que no alcanzan para evaporar la energía calórica producida por millones de porteños, son los componentes clave para generar esta diferencia de temperatura entre la ciudad y el campo llamada isla urbana de calor.

"Durante el invierno, la ciudad es más cálida que el campo porque hay mas calefacción, se libera más calor hacia afuera y esto aumenta la temperatura", explica.

La ciudad se expande a lo alto y a lo ancho, y con ella el enorme conjunto edilicio que le da forma, junto con toda la actividad humana que produce calor. Entonces, ¿por qué no se incrementó la tendencia de la isla urbana de calor en los últimos años como era de esperar?

Para dar respuesta a esta pregunta, el equipo dirigido por Camilloni, investigadora del Conicet, hurgó en datos del Servicio Meteorológico Nacional que se fueron registrando a partir de 1960.

"Encontramos que parte de la reducción se podía explicar por el aumento de la nubosidad y la velocidad del viento: la isla urbana de calor es más intensa en días despejados y viento calmo -explica la científica, y enseguida agrega-: En los últimos 40 años hay menos calma en el viento y mayor nubosidad en el clima de Buenos Aires, lo que posiblemente haya influido en la menor incidencia de la isla urbana de calor."

En este sentido, Camilloni concluye: "Normalmente se mide la isla de calor por el tamaño de la población. Pero hay una fuerte dependencia de otras variables meteorológicas que torna más complejo este fenómeno. En otras palabras, no necesariamente si la ciudad crece, la intensidad de la isla de calor aumenta".

Centro de Divulgación Científicade la Facultad de Ciencias Exactasy Naturales de la UBA

¿POR QUÉ LLUEVE MÁS?

Cada año la ciudad registra precipitaciones más intensas.

"La cantidad total anual de lluvia aumentó 250 mm en los últimos 50 años. De un promedio de 1050 mm anuales, en los 60, pasó a 1300 mm en la última década. Esto da un incremento de más del 20% –subraya la doctora Inés Camilloni–. Es sabido que llueve más en las ciudades que en las zonas suburbanas. Esto ocurre en todo el mundo. Una de las causas es la isla urbana de calor, pero en Buenos Aires ocurre que este fenómeno está en descenso. Es decir, no sería entonces la razón del aumento de lluvias, sino que esto estaría respondiendo al efecto del cambio climático regional."

Según la especialista, la metrópoli porteña está inmersa en una región del sudeste de América del Sur en la que el cambio climático se ha expresado más fuertemente en los últimos 40 años a partir de aumentos significativos en la precipitación.

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