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García Solá: las universidades no cerrarán

El reemplazante de Decibe dijo que funcionarán con el mismo presupuesto de 1998; aceptó las promesas de más fondos
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8 de mayo de 1999  

El flamante ministro de Educación, Manuel García Solá, pidió ayer "tranquilidad" a los estudiantes universitarios, y aseguró que las universidades estatales "no cerrarán", porque este año tendrán el mismo presupuesto que en 1998.

"El Congreso les había entregado a las universidades 100 millones de pesos adicionales, que no se sabe de dónde iban a salir, y ahora se los recortaron. Pero si en 1998 pudieron funcionar con ese presupuesto, también podrán hacerlo en 1999", dijo García Solá, en su primera conferencia de prensa como ministro, que curiosamente tuvo lugar en la sede de la Jefatura de Gabinete y no en el Ministerio de Educación.

Según el ministro, los jóvenes deben asistir a clases "tranquilos, porque no hay causa real para que las universidades cierren". Pero no anunció la devolución de un solo peso a las casas de altos estudios.

Al mismo tiempo, García Solá acusó al rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Oscar Shuberoff, de "utilizar políticamente el tema de las universidades".

"Es sospechoso que haya anunciado el cierre de la UBA para octubre, cuando serán las elecciones", dijo García Solá. Y agregó: "Salvo que Shuberoff haya pensado nombrar a muchos punteros políticos".

El funcionario aprovechó la rueda de prensa para anunciar que el jefe de Gabinete, Jorge Rodríguez, le garantizó que el Gobierno le devolverá a Educación los 280 millones de pesos que le acaba de recortar durante el segundo semestre de este año.

En el auditorio del edificio donde funcionaron las oficinas de la acería Somisa, en la avenida Belgrano y Diagonal Sur, García Solá lanzó una promesa que repitió varias veces a lo largo de su conferencia: "Tenemos la garantía de Economía, del jefe de Gabinete, y del propio Presidente, de que en el segundo semestre los recursos que nos fueron recortados transitoriamente serán devueltos al área educativa".

Elogios para el Presidente

Consultado por La Nación sobre las alternativas de Educación en caso de que el dinero no regrese, pues la devolución depende de un más que hipotético aumento de la recaudación fiscal, el flamante ministro tomó un tono que recordó los discursos de Menem: "Soy un hombre de fe", respondió, con una sonrisa que dejó al descubierto su blanca dentadura.

Con destreza, García Solá evitó las respuestas directas durante toda la conferencia de prensa. Cada vez que un periodista lo inquirió sobre el efecto que tendrá el recorte en escuelas y universidades, el funcionario sacó a relucir una larga lista de cifras para graficar la inversión realizada por la cartera educativa en los últimos seis años.

Y recordó que la educación es una de las principales preocupaciones de Menem. "Cuando me reuní hoy (por ayer) con él para aceptar el cargo, me dijo que su principal motivación era la educación. El gobierno de Menem ha sido la etapa de la historia argentina de mayor inversión en el área. Se ha puesto más que en todo el gobierno de Alfonsín, y hasta se han construido más escuelas, 6700, que en la época de Perón", se ufanó el ministro.

García Solá tampoco escatimó elogios para la ex ministra Susana Decibe, a quien calificó como su "jefa y queridísima amiga".

"Quiero darle continuidad a la política educativa que iniciaron la ministra (sic) y Menem. Esto no es más que un cambio de posta. Estoy orgulloso de haber secundado en estos tres años a Susana Decibe, cuyo alejamiento me ha entristecido profundamente", señaló.

Con respecto a su supuesta "traición" hacia la ex ministra, que esperaba que renunciara con ella, el flamante titular de la cartera respondió: "Todos pusimos nuestras renuncias a disposición de Menem. Pero mi compromiso es con el partido y con el Presidente".

Al aceptar cubrir los siete meses que restan para el recambio presidencial en un cargo tan desgastado como el de Educación, García Solá sabía que no pisaría en terreno resbaladizo. Cuenta con el apoyo de Menem para tratar de calmar el hervidero social que trajo el recorte presupuestario.

Por eso, luego de reunirse con el Presidente, el nuevo ministro se instaló de incógnito en la sede de la Jefatura de Gabinete, donde conversó con Jorge Rodríguez y con algunos funcionarios de Economía.

La reunión se realizó en estricta reserva, por lo que la prensa sólo pudo contactarse con él pasadas las 20. En un principio, la conferencia de prensa había sido programada para las 19, en el Ministerio de Educación.

Pero sorpresivamente la rueda de prensa fue trasladada al centro de operaciones de Jorge Rodríguez. Simpático, extravertido, García Solá invitó a los periodistas a "tener diálogos semanales" con él en el ministerio.

Del campo a Pizzurno

Manuel García Solá exhaló el humo de su habano, sonrió y comentó, haciendo resbalar las erres adrede, al mejor estilo francés:"Con mis compañeros de estudios, en París, siempre decíamos que la vida a veces es larga y triste, pero a cada tristeza siempre sigue una alegría".

Estaba parado frente al despacho de Susana Decibe, la mujer que en 1996 lo convenció de sumarse al menemismo para acompañarla en el Ministerio de Educación.

Menos de dos horas después de haber pronunciado la frase, este elegante abogado y procurador, nacido hace 45 años en Santa Fe, pero chaqueño por adopción, aceptaba la propuesta de Menem de reemplazar a Decibe.

El puesto que en 1996 le había ofrecido la ahora ex ministra no era nada despreciable: el cargo de secretario de Programación y Evaluación Educativa corresponde al de virtual viceministro en esa cartera nacional. Y es considerado, en los hechos, el trampolín necesario para llegar al frente del ministerio.

Hasta que le llegó la propuesta de la funcionaria, García Solá había tenido poco que ver con el peronismo. Sobrino de Héctor García Solá, que fue ministro de Educación de Santa Fe y dirigente desarrollista, el flamante ministro dio sus primeros pasos en el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).

Manuel Guillermo García Solá, egresado de la Universidad de Buenos Aires, casado, con tres hijos, empezó su carrera política en el Chaco. Pero no lo hizo desde una unidad básica: se inició en el campo.

El nuevo ministro tiene 500 hectáreas en el Chaco y 10.000 en Formosa, destinadas a la ganadería y al cultivo de tabaco. Como productor agropecuario, fue vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) provincial, puesto que ocupó hasta 1994.

Ese año y los siguientes fueron los más fructíferos para su carrera. El entonces gobernador, Rolando Tauguinas, de Acción Chaqueña, lo nombró ministro de Gobierno, Justicia, Ciencia y Tecnología y Educación de esa provincia.

Su designación fue muy cuestionada por la oposición chaqueña, ya que García Solá carecía de contactos previos con la educación.

Ajeno a esas críticas, desarrolló un programa de "premios y castigos", según él mismo lo definió, para blanquear la situación laboral de los docentes chaqueños, que se llevaban el 98% del presupuesto educacional de la provincia. A pesar de las protestas de los maestros, redujo el plantel docente y borró del mapa gran cantidad de licencias.

Fue ese currículum el que le valió la estima de Decibe, que deseaba matar dos pájaros de un tiro: reformar la estructura educacional del país, instrumentando la ley federal de educación, y terminar con las protestas impulsadas por la Ctera. Esta última sería la labor de García Solá, tarea que, los hechos lo demuestran, no pudo llevar a cabo.

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