Beatriz Sarlo desnudó a 6, 7, 8

Siete panelistas y el conductor no pudieron neutralizar sus agudas críticas
Pablo Sirvén
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26 de mayo de 2011  

Como un gladiador que en soledad viene de decapitar las siete cabezas de una hidra, Beatriz Sarlo amaneció ayer más cansada que de costumbre, tras su arriesgada pero brillante incursión televisiva en 6,7,8.

La autora de La audacia y el cálculo pasó por el ring del emblemático programa ultraoficialista y ganó por knock-out. Por culpa de la kilométrica presentación, sólo se la pudo escuchar y ver desde el minuto 23 del ciclo de Canal 7. Pero, a partir de ese momento, se mantuvo en el centro de la escena con gran aplomo y autoridad a la hora de exponer y replicar a los panelistas habituales, de palidísima performance en esta ocasión, y los otros dos invitados, el filósofo oficial Ricardo Forster y Gabriel Mariotto, presidente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca). El primero se refugió en una exposición académica, monocorde y, por momentos, laberíntica que le sirvió para no salir lastimado. Por el contrario, el segundo hizo enfática profesión de fe, una vez más, de kirchnerismo a ultranza y tuvo un par de pifies graves, entre los que la pésima conjugación del verbo "satisfacer" no fue lo peor. También dejó algunas sentencias desopilantes (del tipo "El gorilismo es mundial, como el mal tiempo"). Pero le fue decididamente mal cuando intentó cancherear con la invitada. "¿Las editoriales de Magnetto son las que le dan letra a usted -la chuzó el padre del "espacio de publicidad"-, o es usted que le da letra a las editoriales de Magnetto?" Casi como quien reprende a su levantisco hijo, Sarlo le espetó: "A mí no me da letra nadie, no seas insolente". Algo parecido le pasó a un apagado Orlando Barone, que tardaba en entrar al ruedo y que se debe haber arrepentido cuando lo hizo para increpar a la invitada por trabajar en medios como Radio Mitre y LA NACION. "Conmigo no, Barone", le cerró la boca (que no volvió a abrir en el resto de la emisión) y, de inmediato, le recordó que él había dirigido en los 90 el diario menemista Extra. Al "no seas insolente" y el "conmigo no", se le agregó enseguida el "Tranqui Mariotto", en alusión a que no pensaba votar a Macri. Cada una de estas frases se repetían anteanoche hasta el cansancio como bromas en las redes sociales y le daba a 6, 7, 8 uno de sus ratings más altos (3,7, con picos por arriba de 4), en tanto que la llegada, a continuación de la rara telecomedia de Florencia Peña ("Sr. y Sra. Camas") lo hacía bajar de vuelta al gélido 0,4 punto.

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El programa había comenzado con un informe sobre la toma de un canal de TV en España por parte de los "indignados" pero, lejos de empezar a hablar de este tema, Sarlo aprovechó su primera incursión para desnudar los mecanismos de falseamiento que utiliza en sus informes 6,7,8 al enfatizar ciertas cosas y omitir y descontextualizar otras.

Físicamente la lucha lució por completo desigual, ya que Sarlo tuvo que lidiar contra siete panelistas y un conductor (más callado que nunca) que le eran hostiles. Sin embargo, desde el punto de vista intelectual, la ensayista demostró en todo momento amplia superioridad, al dejar al descubierto que las argumentaciones que se le oponían eran de muy bajas calorías.

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