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Eh... (No sé cómo decirlo)

Un cruce de lenguajes con música de Roxette y Nirvana
Pablo Gorlero
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9 de junio de 2011  

Dramaturgia, interpretación y dirección: Leo Bosio, Seku Faillace y Diego Coran Oria / Arte y vestuario: Mercedes Arturo / Iluminacion: Manuel Abramovich / Arreglos musicales: Francisco Ruiz Barlett / Arreglos vocales: Rodrigo Segura / Coreografia: Seku Faillace / Funciones: viernes y sabados, a las 21 / Duración: 60 minutos / Sala: Petit Tabaris, Corrientes 831.

Nuestra opinión: buena

Este 2011 marca un punto de inflexión en la escena de teatro musical alternativa. Un gran grupo de estos jóvenes creadores, casi autodidactas (ya que no hay escuelas de formación de dramaturgia o composición para un musical), formaron el grupo que se dio en llamar Colectivo de Teatro Musical. Tres de estos jóvenes creadores, Leo Bosio, Seku Faillace y Diego Corán Oria, trabajaron juntos una idea sobre el amor y las relaciones, en el afán de escapar del formato musical tradicional. Eh... (no sé cómo decirlo) cruza lenguajes y estilos y los manipula sin prejuicios. ¿Realmente es un musical? Sí, las canciones y las coreografías son un correlato y empujan el subtexto planteado por los creadores a salir a una superficie no encorsetada, libre y alejada de cualquier formalismo.

Es un trabajo de concepto, donde el amor es eje central. A través de escenas a modo de viñetas, se plantean preguntas, se ofrecen respuestas, se despliegan causas y se estrellan con las consecuencias. ¿O no? Todo es posible en este triángulo que integran estos tres jóvenes pertenecientes a una generación marcada a fuego por la música de Roxette y Nirvana.

Juguetean con el karaoke y su estética chatarra y efímera. Pero ese uso es un reflejo de aquello que les ocurre a estos seres. Primero utilizan esa estética, ese grunge, esas palabras; luego las decodifican, las hacen propias.

La interpretación es lo que hace rico a este trabajo de experimentación. Leo Bosio, Seku Faillace y Diego Corán Oria son muy buenos actores y realizan un trabajo corporal intenso. En ese sentido, las coreografías de Seku Faillace (a prestar atención a este nombre) son esenciales, son la sangre de esta propuesta.

Merecen elogios también los arreglos musicales de Francisco Ruiz Barlett y la inteligente puesta de luces de Manuel Abramovich.

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