Cuba al son de los orishas

Con adaptaciones para los viajeros, las religiones afrocubanas prevalecen como una auténtica expresión popular
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3 de julio de 2011  

LA HABANA.- Yemayá atraviesa el callejón de los milagros sólo para escuchar la rumba y mezclarse con los mortales. Es domingo, pasado el mediodía, y no entran más almas en este rincón de Cayo Hueso, entre los barrios Vedado y Centro Habana. Pero esta divinidad madre de los orishas tiene cita cada semana. Llega del Malecón, según aquellos que pueden verla, para conectarse con los cuerpos en trance.

Algunos creen y otros no. El Callejón de Hamel apiña cultores verdaderos, músicos talentosos, extranjeros con sus cámaras y gente de la zona que propone algún restaurante para almorzar, vende ron del mercado negro o simplemente cuenta la historia de esta calle ambientada por el artista Salvador González Escalona.

Colorido templo a cielo abierto, el pasaje de cien metros expone a espíritus y santos que parecen saltar de los muros, como los ha plasmado este pintor y escultor hace más de veinte años. Hay también un tótem, el trono de Shangó -dios del trueno y la justicia- y viejas bañeras que decoran el espacio, junto a un escenario improvisado por donde alternan tres bandas con sus tambores.

"Es el primer centro comunitario de música afrocubana", explica Luis, de 20 años, conocido como Tito La Escuela. Líder de la banda más joven del lugar -formada en el colegio lindero-, él canta rap con temática social, mezcla ritmos africanos y oficia de guía cuando el lugar comienza a vaciarse.

Luis cuenta que es fácil participar de alguna ceremonia hogareña. Sólo hay que ponerse de acuerdo con un babalao, máximo sacerdote de los yoruba; se los encuentra allí mismo los domingos y no cobran por la adivinación, pero aceptan contribuciones. "Te dicen quién eres, tu pasado y tu futuro. El babalao hace la consulta a los santos mediante un oráculo de caracoles que, según dicen, nunca se equivoca", asegura Luis.

Muchos de estos encuentros privados están adaptados al turismo. Las religiones afrocubanas -Santería, Reglas del Congo o Palo Monte y Espiritismo, entre otras- han prosperado desde principios de los años 90, cuando se flexibilizó en la isla el acceso a las mismas. Desde entonces, forman parte también del patrimonio intangible que más atrae a los turistas. Su combinación de ritmos africanos, cierto exotismo, un pasado de prohibición y ritos aún secretos las vuelven irresistibles.

La temática orisha aparece de mil maneras en suvenires y en los shows de Tropicana. Hay tours de santería, cursos de iniciación y experiencias de Las Reglas del Congo, mucho más digeribles que las verdaderas.

Pero si bien las religiones afrocubanas se han convertido en una forma de ingreso de divisas son, al mismo tiempo, expresiones auténticas que se mantienen vivas, sobre todo en La Habana. "Son muy populares porque en ellas se busca soluciones cotidianas. Algunos se entregan por completo y otros acuden a sus santos de manera esporádica, cuando tienen un problema, para hacer algún rito", explica José Alberto Ge, antropólogo del Museo de los Orishas, en Guanabacoa.

Más urbanas que rurales

A 5 km de la capital se ha montado este museo sencillo, aunque completo y con muy buenos guías. El lugar está dedicado a las religiones cubanas de origen africano. "No hay cifras de cuánta gente las practica porque son de ceremonias hogareñas, sin instituciones -continúa Ge-. Además, uno puede ser santero, palero, abakuá y al mismo tiempo católico, por eso es más difícil contabilizar a sus fieles."

Fueron más de 400 los orishas que llegaron desde Africa con los esclavos; hoy se adoran sólo 21. Muchos quedaron en el camino y otros lograron más poder. El recorrido por el museo comienza con la representación de los santos católicos que enmascaraban a los dioses africanos, ejemplos de un sincretismo que se mantiene, aunque ya sin secretos.

En la segunda sala se exhiben trajes rituales que formaban parte de la colección de Alejo Carpentier, fiel seguidor de esta temática. El siguiente espacio está dedicado a los Abakuá, una sociedad secreta masculina que se propone exaltar la hombría, con códigos morales muy estrictos y sobre la base de una idea fija: que las mujeres no saben guardar secretos. Según la leyenda en que se basan, una princesa contó algo indebido y así rompió el equilibrio de su pueblo.

En la sala dedicada a Las Reglas Congas Ocultas del Palo Monte, como es el nombre completo de la religión que adora las fuerzas de la naturaleza, se exhiben elementos óseos que forman parte del altar -antes era un cráneo, ahora alcanza con una falange- y objetos ligados a la magia negra. "De origen bantú, venera a los espíritus de los ancestros y se destaca por los trabajos que se realizan, para bien o mal. Son muy fuertes sus ritos. Una vez participé y juré no hacerlo más. Fue en una casa, porque es también una religión muy doméstica. Se sacrifican animales de manera violenta, en un trance muy fuerte, aunque al mismo tiempo controlado por las personas con mayor jerarquía. No hay violencia entre la gente, pero se ven cosas increíbles, como creyentes caminando sobre fuego."

Estas religiones son urbanas, a diferencia del vudú, que ha trascendido más en el oriente de la isla debido a la cercanía de esa zona con Haití. "Llegaron muchos inmigrantes por la revolución haitiana y la búsqueda de trabajo. Con ellos trajeron el vudú, que quedó concentrado en la región montañosa, Santiago de Cuba, Guantánamo y Camagüey. Es, además, una religión más rural", explica Ge.

El espiritismo que se practica varía también según la región. En Occidente se practica el espiritismo de mesa. En Oriente, el de cordón, que es en grupos tomados de la mano, con cantos que llevan al trance.

QUE HACER

Callejón de Hamel. Entre las calles Hospital y Aramburu, domingo, de 12 a 15. Cayo Hueso.

Museo de los Orishas. En el pueblo de Guanabacoa, a 5 km de la capital.

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