Ese metal que nunca se oxida

"Festival Monsters of Rock", con Metallica, Sepultura, Almafuerte y Catupecu Machu, anteanoche, en el estadio de River Plate. Nuestra opinión: Muy bueno
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16 de mayo de 1999  

"¡Cómo tocan estos nenes!", sostenía apenas comenzado el show de Metallica un cuarentón de pelo largo y vestido, de pies a cabeza, de cuero negro. Arriba del escenario, James Hetfield, Kirk Hammett, Jason Newsted y Lars Ulrich -los nenes- descargaban todo su poderío con "Breadfan", el tema de Budgie que la banda grabó en su último álbum, "Garage Inc.", y el elegido para abrir el recital de anteanoche.

Por segunda vez, Metallica aplastó al público argentino -su primer visita fue en 1992, cuando presentaron su exitoso disco "Metallica" en el estadio Vélez Sarsfield- con lo mejor de su potencia y dejó constancia de por qué, más allá de cortes de pelo, maquillaje o videos experimentales, sigue siendo el mejor grupo de metal de la década.

Da gusto observar con la precisión que toca cada uno de los integrantes sus instrumentos y a la vez le queda resto para ofrecer volumen y claridad.

Metallica es una aplanadora que durante poco más de dos horas golpeó con lo mejor de sí a los más de 40 mil espectadores sedientos de rock duro, que se hicieron presentes en el estadio de Núñez.

Los ahora pelicortos y respetados hombres de negro recorrieron su discografía seleccionando lo más fuerte de cada uno de sus álbumes. Diecinueve temas, que no le dieron respiro a nadie, sirvieron para calentar una noche que apenas había logrado entibiar la nueva formación de los brasileños Sepultura. Ya al segundo tema, el clásico "Master of Puppets" -del disco homónimo de 1986-, los chicos que se agolpaban en la parte del césped del estadio se convirtieron en masa uniforme para saltar, poguear y seguir paso a paso, grito a grito, cada una de las letras que Hetfield le gruñía al micrófono.

Desde que Metallica cambió su imagen -y mejoró su sonido- con "Load" en 1996, mucho se ha hablado acerca de blandos y traidores. A partir de allí, una buena porción del público amante del heavy metal se disgustó con la banda y cerró filas a "lo nuevo". Por eso es cierto que las canciones más festejadas fueron aquellas que datan de antes de la transformación. Pero también lo es que cualquiera de sus últimas composiciones sonó más fuerte aún y que arriba del escenario nadie puede discutirle absolutamente nada a este cuarteto de californianos.

Después de una demostración de virtuosismo de Hammett, llegó "Fuel" y con él los primeros destellos de pirotecnia, que le allanaron el terreno a "The Memory Remains". Como para contrarrestar esa imagen "comercial, que algunos malinterpretaron, de la lista de temas dejaron afuera varias de sus canciones más exitosas de los últimos años, como el eterno "Unforgiven", "Until It Sleeps", "Hero of the Day", "Whiskey in the Jar" o "Turn the Page". Pero nadie las extrañó.

Con todo el poderío

Al término de "Bleeding Me", precisamente de su álbum "Load", Hammett y Newsted se entrelazaron en un corto pero efectivo solo de bajo y guitarra, y así darle pie a otra de las canciones más festejadas: "Four Horsemen".

Con el apoyo de un cuidado escenario y un buen sonido, Metallica se fue acercando al final sin perder una pizca del poderío con el que inició el show. La llegada de temas como "One" y "Nothing Else Matters" -con Hetfield sentado en un banquito que luego pateó cuando la cosa se puso heavy- fueron pequeños anuncios de la despedida.

Ya sólo quedaba tiempo para el "Die, Die My Darling", de Danzig, y el cierre definitivo con quizá su composición más popular: "Enter Sandman". La noche del viernes había acabado hacía rato y el público festejaba a más no poder esos sucios e inconfundibles acordes, que dejaban marcado a fuego en el sentir de la gente que Metallica había pasado una vez más por Buenos Aires.

Sepultura sin Calavera

Antes del show central del festival, a las 21, y con puntualidad inglesa, subieron a escena los brasileños Sepultura para presentar a su nuevo cantante, el moreno Derrick Green. Pero nada fue igual para el combo que supo combinar el thrash con los ritmos folklóricos brasileños.

Por primera vez, la banda ahora liderada por Igor Cavalera en batería y Andreas Kisser en guitarra, actuó en la Argentina sin su otrora líder carismático Max Cavalera -actualmente al mando de Soul Fly-. Como si ya no fuera demasiado sin la presencia de Max, Sepultura tuvo que enfrentarse al público con un sonido horroroso y sin la potencia necesaria.

Entonces, todo fue cuesta arriba para ellos, que largaron con las canciones de su último trabajo, "Against".

Incluso cuando anunciaron a Green para que todos aplaudieran y le hicieran olvidar el mal trago, los aplausos no fueron los esperados y hasta se escucharon algunos chiflidos. Sólo cuando Kisser presentó a su amigo James Newsted -que aguardaba en camarines para su momento junto a Metallica- los presentes se hicieron ver y oír, saltando con "Refuse/Resist" y el aclamado "Territory".

Luego de una hora en constante lucha con el pésimo sonido -algo inentendible puesto que luego el grupo californiano sonó a la perfección-, los brasileños se despidieron con el clásico y tribal "Roots Bloody Roots", para recordar viejas épocas de unión y fanatismo con el público argentino. Luego vendría Metallica y pocos recordarían el paso de Sepultura por el estadio de River.

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