La doble moral de los políticos en materia educativa

Luciana VázquezPara lanacion.com
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5 de julio de 2011  • 08:45

Culpables. Muchos de los políticos más votados y más populares de la Argentina podrían ser imputados de algo así como "traición a la escuela pública": a la hora de decidir el camino educativo de sus hijos, muchos optan por enviarlos a la escuela privada, a pesar de tener bajo su responsabilidad los destinos del sistema de educación pública.

Ayer, por ejemplo, Daniel Filmus confirmó que su hija va a una escuela privada y, rápido, se escudó en su esposa y le echó la culpa. "Yo tengo otra concepción, pero bueno, uno vive en familia", le dijo a lanacion.com.

El hecho da para pensar. ¿Existe una doble moral de los políticos en materia educativa? La incoherencia entre las acciones públicas y las privadas ¿es un nuevo pecado entre los políticos? ¿Hay que perdonarlos por el hecho de que la educación pública en Argentina esté lejos de su momento de gloria? ¿O, por el contrario, deberían los políticos argentinos dar un primer paso ejemplar y enviar a sus hijos de delantal blanco a pesar de todo para que algo empiece a cambiar?

El primer escándalo educativo de este tipo ya tiene varios años. Lo protagonizó Susana Decibe en sus tiempos de ministra de Educación de la Nación durante el menemismo. Por entonces, la revista Trespuntos, que dirigía el ahora canciller Héctor Timerman, le imputó su traición a la educación pública.

Como ministra de Educación, sonaba raro que Decibe enviara a sus hijos al Liceo Franco Argentino Jean Mermoz, una privada bilingüe de élite, pero con cierto espíritu progre de escuela pública europea. Ella era una maestra egresada de la Escuela Normal de Bragado.

Decibe devolvió la estocada con munición del mismo tenor: en definitiva, Timeman tampoco había elegido la escuela pública para educar a sus hijas. Por entonces, era un periodista progre, casado con la millonaria Anabel Sielecki. Las hijas del matrimonio fueron al colegio Northlands, un bilingüe de altísima gama, con bachillerato internacional. El mismo al que fue la princesa Máxima.

La pregunta se impone: si los mismos políticos y funcionarios responsables del Estado no confían en el sistema público educativo cuando se trata de educar a sus hijos, ¿quién va a confiar?

Tampoco es una cuestión de partidos políticos: el pecado de traición a la escuela pública atraviesa todos los pelajes.

Raúl Alfonsín, que hizo la primaria en una escuela pública de Chascomús y egresó del Liceo Militar General San Martín, mandó a su hijo Ricardo a la Escuela Normal de Chascomús de donde egresó como maestro. Pero el candidato a presidente mandaba, por ejemplo, a la menor de sus hijas al colegio Jesús María, un privado religioso sólo de chicas, tradicional entre las familias de Barrio Norte.

Aíto y Fernando, los dos varones del ex presidente Fernando De la Rúa, que egresó del Liceo Militar General Paz en Córdoba, fueron al Colegio Champagnat. Su hija Agustina fue al Colegio Malinckrodt, un colegio católico sólo de mujeres, también tradicional de Barrio Norte.

Entre los jefes de gobierno de Buenos Aires, el panorama es más matizado. Aníbal Ibarra es de los que sostuvo su vocación por la escuela pública. Fue a escuela pública en primaria, la Cornelo Pizarro, y al mítico Colegio Nacional Buenos Aires en secundaria. Se graduó en el ILSE, a donde llegó expulsado del Buenos Aires por su militancia. Sus hijos fueron también al sistema público. El menor hizo la secundaria en las Escuelas Técnicas Raggio y el mayor, en el Carlos Pellegrini.

Mauricio Macri, por el contrario, es de escuela privada desde siempre. Es un egresado del Cardenal Newman, un católico de élite, lo mismo que su hijo varón, Francisco. Su hija mayor, Jimena, egresó del Northlands y la menor, Agustina, se pasó del Northlands al Saint Brendan´s, un colegio privado porteño de clase media acomodada, de donde egresó.

La actual mujer de Macri, Juliana Awada, cambió a su hija del colegio San Andrés, otro de los colegios bilingües de élite más caros de la Argentina, al Liceo Francés. Habrá que ver si con el hijo por venir, Macri al fin se decide por la escuela pública.

Otro egresado del Cardenal Newman es el diputado Alfonso Prat Gay. Sus varones van también al Newman y sus hijas, al Northlands. De ese colegio también egresó la diputada María Eugenia Estenssoro.

El hijo menor de Federico Pinedo también va al Northlands. Pinedo egresó de la Escuela Argentina Modelo. Otro político que eligió el Northlands para sus hijas es Horacio Rodríguez Larreta. El es un egresado de la Argentina Modelo.

Pero no todos en el PRO son necesariamente seguidores de la escuela privada. Ahí está el caso de Gabriela Michetti. Su único varón ingresó al Buenos Aires después de una primaria privada en el colegio Los Robles, un colegio católico y bilingüe. Michetti, en cambio, hizo toda su escolarización en el sistema público de Laprida, de donde viene.

Un político que saltó del sistema público al privado en el caso de su hijo es el ex jefe de gabinete Alberto Fernández. Fernández fue al Colegio Nacional Mariano Moreno pero su hijo iba al Colegio Guadalupe, una escuela privada confesional y mixta aunque no de élite.

Entre los que siguieron el camino inverso y eligieron educación pública para los chicos aunque ellos tuvieron formación en escuela privada, está el caso de Enrique Coti Nosiglia, que hizo casi toda su escuela en la Argentina Modelo y terminó en el Nacional Manuel Belgrano. Uno de sus hijos fue al Nacional Buenos Aires, otros dos al ILSE y su hija Camila al Lengüitas, una escuela pública que pelea todavía por su calidad.

Los que están y estuvieron del lado del la educación pública son, por ejemplo, Jorge Taiana, un egresado del Buenos Aires, tenía a uno de sus hijos también en el Buenos Aires. Felisa Miceli, la ex ministra de Economía, había ido al Colegio Nacional de su ciudad, Carlos Casares, y sus hijos fueron al Buenos Aires.

También Eduardo Duhalde optó siempre por la educación pública. Sus cinco hijos fueron a la misma primaria y secundaria que su padre, la Escuela Número 8 de Lomas de Zamora y el Comercial Tomás Espora de Temperley.

Daniel Scioli es un egresado de una de las secundarias públicas más prestigiosas, el Carlos Pellegrini. Su mujer, Karina Rabolini, fue al Jesús María. Todavía sin hijos, no enfrentaron la disyuntiva de la decisión escolar.

El caso más llamativo es, sin embargo, el de Florencia Kirchner. En este punto, Néstor Kirchner no hubiera podido pasarle la pelota a su mujer Cristina para zafar de la imputación: Cristina también era una política hecha y derecha preocupada por los destinos de la Nación, incluyendo su educación pública. Su relato ideológico los ubicaría sin dudas del lado de los defensores de la escuela pública cueste lo que cueste.

Pero no. Cuando decidieron la educación de su hija Florencia, eligieron el colegio María Auxiliadora en Río Gallegos, un católico privado. Y cuando se instalaron en Buenos Aires, el elegido fue el Instituto La Salle de Florida, un colegio privado y religioso.

La clase política sabe de gesto y del poder de los símbolos. Como padres, los políticos tienen libertad de elección. Como políticos, cada uno de sus gestos es político.

Cuando la clase política abandona la escuela pública y se refugia en el ámbito privado, la señal es clara: la educación pública pasa a ser un territorio de nadie, que todos defienden pero que nadie elige. El lugar de los que no tienen opciones.

La autora es periodista, colabora en el suplemento Enfoques, es autora de La educación de los que influyen, de Editorial Sudamericana, y de Los colegios del éxito, de próxima aparición.

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