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Sábado Bus, entre la permanencia y el cambio

Marcelo Stiletano
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6 de julio de 2011  

Volvió Sábado B us y fue como si no se hubiera ido nunca, como dijo en un momento de franqueza Pablo Echarri, caminando con Nicolás Repetto como dos viejos amigos rumbo a la otra cocina del show. En un punto, Echarri tiene razón: el programa que acaba de regresar a Telefé posee la rara condición de contar con elementos suficientes como para asegurarse una larga continuidad. La capacidad de adaptación está en su propia naturaleza: una materia prima maleable (por su carácter ligero y fugaz) y de genuina raíz televisiva.

Por eso, más de una década después de cerrar su primer ciclo, Sábado B us regresó con la misma columna vertebral casi sin una nota disonante en términos de obsolescencia. Y esto no se explica sólo por la incorporación de una banda en vivo que aggiorna su tradicional cortina musical con una estimulante mezcla de rock, funky y hard bop, sino por la decisión de Repetto y su equipo de utilizar a pleno un poderío tecnológico y de producción que no siempre la televisión argentina está dispuesto a explotar con la excepción -y sólo por momentos- de Marcelo Tinelli.

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El lugar que ocupa Sábado B us en el universo televisivo es el del big show: un desfile de glamorosos nombres del espectáculo, la actualidad y el deporte comprometidos en la búsqueda de imágenes y sonidos vistosos, además de tiempo para trabajarla (por eso funciona mejor en el fin de semana). En este tipo de programa, el de mayor producción en el medio, lo conocido trata de desfilar siempre con ropajes nuevos. Hay que contar el mismo cuento del modo más original posible.

Tinelli levantó en un momento esa bandera -tenía cómo enarbolarla-, pero eligió inmolarse en el fuego de sus vacuos concursos de bailarines y cantantes. Susana Giménez resignó posibilidades al renunciar al domingo. Y ausencias forzadas, como la de Juan Alberto Badía, no abrieron las puertas de la renovación.

Queda como último estandarte el porfiado Repetto, un conductor diestro para entrevistar en simultáneo a varias personas y moverse en espacios muy poblados y nerviosos conservando siempre la calma y una sonrisa. También es un hombre curioso como pocos entre sus pares, siempre abierto a la innovación. Por eso, este renovado Sábado B us rebosa de tecnología de punta, imágenes virtuales, efectos visuales, escenarios móviles, arte electrónico y alardes de posproducción. Nuestra TV siempre sacó ventaja en estos terrenos y por eso Repetto puede lucirse con el aprovechamiento integral del magnífico estudio dispuesto en 360° que Telefé puso a su disposición y con una atractiva secuencia de apertura.

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Pero esa ventaja también esconde una debilidad. La que se plantea cuando entra a tallar -y Repetto aquí también funciona como ejemplo inmejorable- la tensión entre el cambio y la permanencia. Sábado B us puede actualizar sus clásicas secciones y hasta actualizarlas con toques de reality show (con Echarri y Nancy Dupláa como protagonistas), pero de nuevo paga el precio de los tiempos muertos durante el tiempo de la charla entre los comensales, cuyo número alienta la dispersión. Y mientras el "sentimiento inolvidable" ligado a un himno de Litto Nebbia ("Sólo se trata de vivir") cobra vuelo con la inspirada idea de unir voces e instrumentos de todo el país, vale preguntarse el sentido de enviar a una cara bonita a Egipto sólo para un puñado de tomas vistosas y de insistir en el certamen del "corchito". Premiar a famosos con autos y viajes exóticos son muestras de ostentación que pueden conspirar contra el genuino entretenimiento. Sobre todo si el rating llega a ser esquivo y la generosidad de hoy se convierte en el ajuste de mañana.

mstiletano@lanacion.com.ar

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