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"Pensé que no iba a volver a escribir"

Recuperado de una grave infección que lo tuvo en coma por más de quince días, en su nueva novela el autor recrea la vida de Leon Trotsky
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17 de julio de 2011  

Ambos nacieron en el seno de familias judías humildes y trabajadoras. Uno lo hizo en Ucrania en 1879; el otro, en Cruz del Eje, Córdoba, hace 76 años. Desde muy chicos, y gracias a la influencia de sus madres, ambos también sintieron una fuerte atracción por la lectura. Esta fascinación y su inagotable necesidad de buscar respuestas los llevó a convertirse en escritores y a denunciar, a través de sus obras, las atrocidades de las que podía ser capaz el antisemitismo. Uno es Lev Davidovich Bronstein, más conocido como Leon Trotsky. El otro es Marcos Aguinis, quien, tras superar la enfermedad que lo tuvo en coma a principios de este año, vuelve al ruedo con Liova corre hacia el poder, novela que recrea la vida de quien fue uno de los líderes políticos más influyentes del siglo XX.

"Tuve una septicemia muy grave y debí estar internado durante más de un mes en el sanatorio Los Arcos-cuenta el escritor-. Al comienzo me había sentido un poco mal, tuve ciertas confusiones de los recuerdos, eso llevó a que me internaran y enseguida entré en coma. Así permanecí durante dos semanas, con lo cual ignoré cómo fueron esos días. Luego fui recuperándome y recibiendo la información de lo que había pasado, y de lo buena que había sido la atención médica.

-¿Qué cambió en su vida a partir de ese momento?

-Freud hablaba de los beneficios secundarios de la enfermedad. En mí, uno de los beneficios fue el amor intenso que sentí por parte de toda mi familia, que se movilizó de todos lados. Algunos incluso vinieron del extranjero. Y por parte de mis amigos que, prácticamente, me tuvieron de la mano todos los días. También en la calle mucha gente se acerca y me expresa su felicidad por encontrarme bien. De modo que ahí tomo una conciencia más fuerte de que realmente entre los seres humanos circula el amor.

El otro beneficio es el que expresan muchas personas cuando se enfrentan con una situación que los pone cara a cara con la muerte. "Comencé a tomar distancia con respecto a los temas que me angustiaban tanto antes, dándome cuenta de que el mundo es muy complejo, la vida muy corta, y muchas veces perdemos momentos de felicidad porque nos dejamos arrastrar por razones que no tienen suficiente justificación. Eso no significa que no continúe escribiendo, indignándome o expresando mis ideas, pero lo hago con un poquito más de distancia", explica.

-¿Se mantuvo en usted el deseo de escribir?

-Al principio no, porque me levanté muy deprimido, sin ganas de leer. Ni siquiera tenía ganas de escuchar música y pensaba que no iba a volver a escribir. Pero a medida que iban pasando los días, me daba cuenta de que estaba ganando fuerzas. Felizmente estoy recuperado por completo y no he tenido ningún daño cerebral, que es lo que más me hubiese dolido.

-¿Es usted un hombre de fe?

-Relativamente. Soy más bien un spinoziano. Estoy más cerca del panteísmo que de otras manifestaciones de fe. A los que son muy religiosos, cuando manifiestan gracias a Dios me he recuperado, yo en broma les digo si no fue también gracias a Dios que me enfermé. Si Dios interviene en todo, también tuvo que haber intervenido en mi enfermedad [se ríe].

El autor de La cruz invertida se refiere a Discépolo cuando asegura que está otra vez en la lucha, que es cruel y es mucha, como dice el tango. Y en esa lucha lo encuentra ahora la presentación de su nuevo libro. "La vida de un idealista siempre me ha llamado la atención y creo que sobre Leon Trotsky se tiene una visión bastante esquemática, centrada especialmente en la última parte de su vida, su exilio, su relación con Frida Kahlo, el asesinato y luego la demonización de la palabra trotskismo", dice Aguinis. Por esta razón, Liova... (diminutivo de León en ruso) es una novela de aventuras que hace foco en la infancia, adolescencia y juventud de quien lideró la revolución de 1917.

-¿Cómo espera el lanzamiento de Liova corre hacia el poder?

-Con gran entusiasmo, porque es un libro que me demandó mucha investigación. Pero que escribí con alegría dado que, a medida que me interesaba en el personaje, en su época, en los conflictos que lo atravesaron, se fue generando en mí una suerte de descubrimiento sobre las profundidades, ambigüedades y contradicciones del alma humana.

-Durante ese trabajo de búsqueda e investigación, ¿qué fue lo que más le llamó la atención?

-Su deseo de ser escritor y eso me ligaba más con él. No quiso ser un líder político, quiso ser un escritor. Pero claro, las luchas de la época y su rebelión ante la crueldad del régimen zarista lo llevaron al desempeño político. Además me di cuenta de que ocurría lo mismo que pasa con mucha gente que está impregnada de un idealismo sano, que quiere justicia, que se indigna por las crueldades, que rechaza el autoritarismo y que no sabe bien hacia dónde dirigir esa indignación. Y aquí me encontré que esto estaba muy presente y que es característico de todos los tiempos.

-Siempre que haya injusticias...

-Siempre que haya injusticias habrá gente que se indigne más, menos o nada.

-Este libro habla de cómo no doblegar una voluntad.

-Sí. Yo admiro a los seres humanos que enfrentados a situaciones críticas logran atravesarlas porque son seres básicamente dignos. No estoy hablando acá de la verdad o falsedad de una ideología. Estoy hablando de la defensa de la dignidad humana.

El autoritarismo en los colegios, el maltrato a los campesinos, la brutalidad de la policía zarista, las discriminaciones étnicas y religiosas eran las injusticias de las que Trotsky tuvo conciencia cuando apenas era un niño. "Todo esto le chocó profundamente a Leon y fue marcando su destino. Es llamativa su capacidad de sufrimiento, su capacidad de soportar vejaciones increíbles. No olvidemos también que él venía de generaciones de personas torturadas. Su abuelo había sido asesinado en un pogrom en Rusia y toda su familia pertenecía a esa comunidad judía que estuvo marginada en guetos", remarca Aguinis.

-Su familia también fue cercenada. En este caso, por los nazis.

-Así es. Toda la familia de mi padre. Todos fueron asesinados. Por eso a mí me subleva cuando alguien niega la realidad del Holocausto. Mi abuelo paterno, que era un hombre religioso, a los soldados nazis les pidió que antes de llevarlo a los campos de concentración le permitieran tomar su manto ritual. No le dieron permiso y él se sentía tan desesperado de irse sin ese apoyo, que era como una especie de ligadura con Dios, que se apartó de la fila para ir a buscarlo. Ahí lo balearon y cayó en una zanja. Las hermanas de mi padre dijeron que ni siquiera pudieron ir a levantarlo. Conocí estos hechos cuando, siendo chico en Cruz del Eje, mis padres recibieron una carta, se encerraron en el dormitorio para leerla y luego, al rato, lo vi salir a mi padre llorando. Fue la primera vez que lo vi llorar.

-Esta historia marcó su vida y aparece en su obra de manera recurrente.

-Es un tema presente porque yo creo que es un mensaje valioso para cualquier persona. Saber cuán indigno, deletéreo y horrible es discriminar y matar.

Durante su niñez, tanto para Trotsky como para Aguinis, la crudeza de la realidad se mezclaba con la maravilla y el encantamiento que les provocaba la lectura.

"Para Trotsky su mamá fue fundamental porque lo inició en la lectura. En mi caso, también fue así. Mi papá me contaba historias, era un buen narrador. Pero mi mamá fue la que me estimuló, al extremo de que cuando empecé la primaria y no me gustaba leer, ella se sintió muy angustiada. Una tarde me llevó a la biblioteca pública, que estaba al lado de casa, y me presentó a la señorita Britos, que era la directora. Mi mamá le explicó que a mí no me gustaba leer y ella, con gran cariño, me fue introduciendo en las historietas y aventuras de Salgari. Así, fue cómo a los 14 años, ya había leído toda la biblioteca", recuerda.

-Su mamá habrá estado orgullosa al ver los resultados.

-Mi mamá me impulsó tanto por una razón muy comprensible. Ella había empezado el colegio secundario en Europa cuando tuvieron que emigrar por la guerra. Aquí, en la Argentina, quiso seguir estudiando, pero eran tan pobres que tuvo que ir a trabajar para sobrevivir. Y ese deseo de estudiar lo proyectó en mí y parece que la proyección fue muy intensa [se ríe].

Tan intensa fue que, además de ser el autor de una veintena de obras entre las que se destacan La gesta del marrano, La matriz del infierno y Carta esperanzada a un general, Aguinis se desempeñó como dibujante, pianista, neurocirujano y psicoanalista. También tuvo un paso por la gestión pública cuando en 1983, con la vuelta de la democracia, ocupó el cargo de secretario de Cultura de la Nación.

-De todas las profesiones que tuvo en su vida, ¿hay alguna que le haya dado más gratificaciones?

-Es muy difícil contestar porque creo que todas me han dado gran satisfacción. Cuando quise ser concertista de piano y compositor en mi temprana adolescencia tuve muchas gratificaciones. También las tuve con mi trabajo como neurocirujano, tarea que ejercí durante quince años, gracias a la formación que adquirí en Francia y Alemania. Tuve muchas gratificaciones también en mi época de psicoanalista y, desde mi adolescencia en adelante, siento una gran satisfacción al escribir. Pero lo que pasa es que no se pueden ejercer todas al mismo tiempo.

-Como Trotsky, usted es un hombre apasionado...

[Se ríe] -Sí, soy apasionado. No soy indiferente ni a las relaciones humanas, ni a las ideas, ni a la poesía, ni a la belleza.

PERFIL

UN CURIOSO NATO

"He viajado por el mundo, pero también he viajado por diversas profesiones", aseguró alguna vez Marcos Aguinis quien, efectivamente, ha transitado por la medicina, el psicoanálisis, el arte, la historia y la literatura. Algunos de sus títulos más conocidos son La cruz invertida (1970), La gesta del marrano (1991), La pasión según Carmela (2008) y El atroz encanto de ser argentinos (2001/7).

Tras el restablecimiento democrático de 1983, fue designado subsecretario y luego secretario de Cultura de la Nación; impulsó la recordada primavera cultural. Creó el Programa Nacional de Democratización de la Cultura (Prondec), que obtuvo apoyo de la Unesco y Naciones Unidas.

Tiene cuatro hijos y ocho nietos ("las ocho gemas", los llama el escritor). Todos viven en el exterior. En la Argentina, Aguinis vive con Nory, su segunda mujer. Marita, su primera esposa y madre de sus hijos, falleció en 1995.

EL LIBRO

LA HISTORIA, EN VIVO

En Liova corre hacia el poder (Sudamericana) Aguinis aborda la intensa vida de Trotsky y recrea los memorables encuentros de éste con personajes también legendarios, como Lenin, Rosa Luxemburgo y Máximo Gorki, entre otros. "Creo que estos diálogos fueron fabulosos, jugosos y fascinantes. Y ahí es donde entró a jugar la parte de fantasía, porque no nos olvidemos de que ésta es una novela inspirada en hechos reales, en la que he tratado de evitar toda distorsión que me aleje de lo que muestran los documentos. Pero en los espacios negros, los lugares donde hay dudas o versiones múltiples, ahí fue actuando mi elaboración literaria y fantasiosa para dar más énfasis a ciertos aspectos y llenarlos de más poesía –explica el autor–. A lo largo de la novela se va mostrando el espíritu pacifista de Trotsky y la evolución que va teniendo su pensamiento —agrega—. Esto habla de una persona que no estaba calcificada, que no estaba demasiado estructurada en su ideología al extremo de quedar ciego y no poder ver otras cosas."

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