El "desastre" del Teatro Colón y el estado de las antigüedades

Por Mempo GiardinelliEspecial para lanacion.com
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22 de julio de 2011  • 13:10

Con el título "Antigüedades" y valiéndose de un estilo supuestamente objetivo, aunque cargado de ofensivas adjetivaciones ("desmesurado", "vociferante", "derrochador de jarabe doctrinario", "empacho dogmático", "vocabulario desvencijado y exento de significado") uno de los intelectuales que milita en el antikirchnerismo más riguroso, Pepe Eliaschev, se refirió el domingo pasado en el diario Perfil a la expresión "desastre del Teatro Colón".

La cual, cabe recordarlo, fue utilizada por este columnista en el contexto de caracterizar al gobierno porteño y al Sr. Macri por su "desapego al trabajo, el desprecio por la educación y la salud públicas, el retroceso cultural (desastre del Teatro Colón incluido) y el puro afán de hacer negocios con los amigos".

A Eliaschev, quien sorpresivamente adhiere a Pro, pareciera que solamente lo desveló la expresión "desastre" del Colón, que para él "pertenece al ámbito de lo insondable" y lo motiva a una invitación a que "lo recorramos juntos ahora mismo, y me demuestres in situ en qué consiste ese "desastre"".

Desde luego, no hace falta realizar recorrido alguno, en primer lugar porque no es una cuestión personal y no es seguro que nuestros respectivos caracteres soportarían la caminata, pero sobre todo porque no tengo por qué viajar mil kilómetros para que -en sus palabras- "le demuestre in situ". Sólo cabe sonreír ante tamaña autoestima.

Mejor y más sencillo es ir al fondo de la cuestión y describir el estado del desastre del Teatro Colón bajo la administración -es un decir- del actual jefe de gobierno porteño.

La hermosa sala de lectura de la Biblioteca del Teatro Colón, por ejemplo, hoy es una habitación vacía. Sólo queda la placa en la puerta, pero no hay libros allí. Y hay otro espacio que está cerrado, custodiado por la seguridad privada y que se rumorea que será la futura "sala de reuniones de Directorio".

El fastuoso proyecto de Biblioteca y Centro de Documentación proyectado por el Plan Maestro en el segundo subsuelo tampoco existe y ni siquiera fue incluido en el presupuesto de este año. Y tampoco funciona el Instituto Superior de Arte, hoy desperdigado en varios edificios en la ciudad.

El Salón Dorado y la sala muestran las patéticas diferencias de calidad en los reemplazos de suntuosos terciopelos y sedas por telas sintéticas. El lustre a goma laca manual se mutó por lustre poliuretánico; las bases de los percheros de bronce fueron cambiadas por discos de madera; el histórico telón de liras y flores de arte y ensueño fue reemplazado por otro que debe haber costado muchísimo más que una restauración del original.

Y ni se diga de otras linduras que espantan a viejos habitués del Colón: pasillos pintados de amarillo "pro" aunque el estuco original era de colores terrosos; los jarrones del Salón Blanco que ya no están; los agujeros para el aire acondicionado y los que hay en las paredes del Paraíso; el cambio de estructura de las butacas de Galería; la confitería en donde antes había camarines del Ballet; la desaparición del microcine y sala de conferencias.

En cuanto al Taller de Escenografías, que fue orgullo de generaciones de artistas bajo la protección del inolvidable Saulo Benavente, ahora es una sala de ensayos y grabación. Y el Taller de Escultura, fundado por el maestro Antonio Pujía, tampoco está dentro del edificio.

Lo que se dice oficialmente es que los talleres de producción van a tener un lugar "mucho más moderno, un espacio multipropósito", pero eso es más que dudoso porque, en el mejor de los casos, en menos de la mitad de superficie que tenían ahora van a funcionar todos los talleres juntos (escenografía, maquinaria escénica, escultura, arquitectura teatral, utilería). Apiñamiento que, para muchos veteranos amantes del Colón, no es más que un paso previo a su desaparición total para tercerizar la producción.

Mientras tanto, esos talleres sí funcionan, pero fuera del Teatro y en condiciones penosas. En el barrio de Chacarita, en un galpón inadecuado. En el Centro de Exposiciones de Retiro, entre escenografías y elementos escénicos de producciones pasadas en estado de abandono y a la intemperie. Y en Parque Patricios, en los Talleres Lavardén, expuestos a la lluvia y el sol hay muchos containers con tesoros del Colón, los libros de la Biblioteca entre ellos, que reciente y aparentemente fueron trasladados al depósito de una empresa privada de documentación empresaria en Florencio Varela para su inventario.

Ni hablar de las condiciones de trabajo y los conflictos laborales permanentes, que entre otras cosas y en plena dispersión obligan a que los operarios y artesanos trabajen sin poder ver ni consultar con los demás, lo que en materia operística es por lo menos extraño.

Y hay más para pintar el desastre: un cuadro de Beethoven que fue robado; el piso inadecuado del escenario y la sala de ensayo de Ballet (hay infinidad de fotos en Internet); el misterioso destino de las salas contiguas a los foyeres laterales de Toscanini y Tucumán; la negativa a publicar los resultados de las mediciones de acústica; la inexistente restauración en las zonas no públicas del edificio histórico.

Y los aumentos de precios diferenciados: 733% para el Paraíso de pie para la Filarmónica y hasta un 264% en la Galería y Delantera de Paraíso del Abono Nocturno y el Abono Vespertino. Pero si todas las entradas de los abonos Nocturno y Vespertino; y las localidades altas del Gran Abono registran aumentos, la maravilla Macrista se expresa en que las plateas y palcos del Gran Abono, registran descuentos de hasta un 30%.

La solicitud de una auditoría completa de las obras y el funcionamiento del Teatro fue acompañada por varios legisladores de diferentes partidos: Gabriela Alegre (FPV), Marcelo Parrilli, Fabio Basteiro, Julio Raffo (Proyecto Sur), Fernando Sánchez, Sergio Abrevaya, Rocío Sánchez (CC), entre otros.

Se sabe que no todo lo que brilla es oro. Pero pocas veces tan apropiado el aforismo como para aplicarlo al Colón de Macri.

Los lectores tomarán nota de que en este artículo sólo hay información y ningún adjetivo descalificador hacia el colega, al que mejor eximo de los muchos que tengo.

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