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La elegancia, en el restaurante central

En el lugar donde se tejen alianzas políticas y negocios predominan los colores discretos
Mercedes Colombres
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24 de julio de 2011  

Hay pocos lugares en la Argentina en los que confluyen alegremente empresarios, señoras de la alta sociedad, referentes peronistas y lo más granado de la vieja aristocracia ganadera. El restaurante central de Palermo es, pues, el que logró este raro milagro donde es posible encontrar almorzando al mismo tiempo a la elegante Elena Olazábal de Hirsch; al jefe de las 62 Organizaciones Peronistas, Gerónimo Venegas; al banquero cercano al Gobierno Jorge Brito o al supermercadista devenido cabañero Alberto Guil.

Es que desde su inauguración en 1910, el edificio inspirado en el academicismo francés y diseñado por Eduardo Lanús y Pablo Hary es el lugar obligado para estar en Palermo, ya que ahí se tejen alianzas políticas, negocios y hasta algún romance.

"Si me preguntan, tengo que decir que todo el mundo viene al Central por la comida", bromea entre risas Christian Petersen, el autor del menú que atrae a cientos de personas. "Acá hay una tradición centenaria. La gente de La Rural siempre se reunió acá, y los otros, sólo siguieron la costumbre. Esta muestra es muy social", señaló Petersen. Y en un lugar donde el pedigrí social haría palidecer a más de uno, el menú es sorprendentemente sencillo: bife de chorizo y revuelto Gramajo son los platos más populares. "Buscamos un menú que les gustara a todos", explicó Petersen desde la cocina de 300 metros cuadrados con horno computarizado, de la que se pueden sacar 2000 platos al mismo tiempo.

Otra característica de la pertenencia habitual o no a Palermo es la ubicación en las mesas. Se sabe que las colocadas en el centro están reservadas para el presidente de La Rural, los comisarios de la muestra y los invitados especiales. Casi tan exclusivo es el primer cordón de mesas que rodea a las columnas, donde sólo se sientan familias señoriales, como los Blaquier o los Uriburu; los cabañeros tradicionales, como los Gutiérrez o los Firpo; o directivos de empresas cercanas al sector, como el Banco Galicia. Fuera de ese radio, se ubican los demás: Aeropuertos Argentina 2000 e YPF, entre otras; productores y público, en general.

La ropa no es asunto menor en el Central. Las delgadísimas reinas de la aristocracia porteña pasean por allí con polleras y sombrero, y siempre en colores neutros: beige, gris o negro. La clave es la discreción: los brillos son evitados. A los hombres de campo es frecuente verlos con coloridos sacos de tweed, o color ladrillo, y sobretodos de pelo de camello. El traje sólo se reserva para las ocasiones de gala. "Hay tres pecados máximos de la moda en Palermo: el jogging, los trajes beige y usar zapatos negros con traje gris", afirma una distinguida concurrente que pidió mantener su nombre en reserva.

Esta señora afirma que los mejores ejemplos de la elegancia que allí se exhibe son Mercedes Suaya de Miguens, Viviana Oneto Gaona de Delfino o Cristina Pereyra Iraola. Entre los hombres, se llevan las palmas los vicepresidentes de La Rural Luis Miguel Etchevehere y Alejandro Delfino, Carlos Vila Moret y el productor ganadero Angel Luis Rossi.

Aunque los encargados mantienen un estricto silencio sobre quiénes comen allí, es sabido que las familias Blaquier, García Llorente, Miguens y Smith Estrada son habitués desde tiempos inmemoriales. Ultimamente, también concurren al Central los cabañeros nuevos, categoría en que se incluyen los empresarios que invirtieron en cabañas sin ser productores de origen, como los Werthein, los Terrabusi, Eduardo Eurnekian y Alfredo Gusmán.

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