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Noruega y el debate de Europa

Iván PetrellaPara LA NACION
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28 de julio de 2011  

La tarea espiritual más urgente de nuestra época es desarticular la dicotomía entre "ellos" y "nosotros" y entre "pureza" y "corrupción", que son la base de la visión fundamentalista del mundo. No sorprende entonces que sean también los ejes del pensamiento de Anders Behring Breivik, desarrollado en el manifiesto y el video que explican las razones detrás de la masacre terrorista que perpetró en Noruega el viernes pasado y que costó la vida de 76 personas.

Según Breivik, Europa sufre el genocidio de su cultura y de su raza, que estarían siendo diezmadas por el multiculturalismo. Según esta visión, el multiculturalismo es una enfermedad interna, expresión de la corrupción espiritual que carcome a Europa. Uno de sus síntomas sería el revisionismo histórico que minimiza la grandeza europea, pero el síntoma más grave -en su opinión- es la destrucción de la raza a través de la inmigración, en particular la musulmana. Se augura, así, que el multiculturalismo y la colonización islámica terminarán destruyendo Europa.

Breivik tiene como héroes a quienes lucharon contra el invasor islámico desde las cruzadas: figuras como Carlos Martel, Rodrigo Díaz de Vivar y Vlad el Empalador, entre otros. Ha afirmado que se está armando una vanguardia de guerreros que buscarán tomar el poder político y militar para destruir las elites multiculturales. Vaticina una guerra aún más sangrienta que la Segunda Guerra Mundial donde finalmente se establecerá una Europa europea, cuyas bases serán la unidad por sobre la diversidad, el monoculturalismo por sobre el multiculturalismo, el patriarcado por sobre el matriarcado y el aislacionismo. Europa, pura y límpida, se cerrará sobre sí misma.

Esta visión no es completamente ajena al debate de los partidos y los políticos que están en el poder en muchos países europeos. En Holanda, el Partido por la Libertad, cuyo líder comparó el Corán con Mein Kampf , logró el 15,5% de los votos en las elecciones generales de 2010. En Francia se prohíbe la expresión religiosa en espacios públicos y en Suiza se prohibió la construcción de minaretes. El primer ministro inglés, David Cameron, declaró que el multiculturalismo ha creado comunidades segregadas en las que germina el extremismo islámico, mientras que Angela Merkel, la primera ministra alemana, ha dictaminado que el multiculturalismo, como visión de sociedad, ha fracasado.

El primer ministro noruego, Jens Stoltenbger, en cambio, ha dicho que la respuesta al ataque debe ser más apertura y más democracia. Estoy de acuerdo: se necesita más multiculturalismo, no menos. Lo que hay que dejar atrás es un modelo de sociedad donde a cada religión y a cada cultura se le permita vivir como si fuera dentro de una burbuja, aisladas de las demás. Con esa neutralidad pasiva no alcanza. Hacen falta, en cambio, esfuerzos por desarrollar la identidad europea más allá de la noción de una civilización judeocristiana y avanzar hacia una civilización judeocristiana-islámica.

No olvidemos que gran parte de la interacción entre el cristianismo y el judaísmo ha sido una historia de persecución. La noción positiva de una civilización compartida entre el judaísmo y el cristianismo es una respuesta al Holocausto. Hoy urge una respuesta similar hacia el Islam.

Para terminar con visiones del mundo fundamentalistas hay que construir un multiculturalismo donde las identidades culturales y religiosas se crucen y se mezclen. Por eso, la gran tarea espiritual de nuestro tiempo es desarticular las dicotomías entre "ellos" y "nosotros" y "pureza" y "corrupción". Tal vez Europa pueda liderar el camino.

© La Nacion

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