Con Cavallotti se fue un estilo del cine argentino

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23 de mayo de 1999  

Ruben W. Cavallotti, que falleció a los 73 años como consecuencia de un derrame cerebral, fue uno de los últimos sobrevivientes de aquella pláyade de esforzados directores cinematográficos que lograron una temática que se insertó en lo épico, en lo cotidiano y en lo popular sin caer en lo pedrestre ni en lo vulgar.

Cavallotti había nacido el 6 de octubre de 1924 en Montevideo. Atraído desde muy joven por la pantalla grande viajó a Buenos Aires y logró insertarse como ayudante del entonces asistente de dirección Hugo Fregonese, que le facilitó el ingreso en la empresa Artistas Argentinos Asociados.

Allí cumplió con todas las rutinas que impone la industria hasta desempeñarse como asistente de dirección de Lucas Demare en "Su mejor alumno", "La calle grita", "Los isleros" y otros títulos de fácil recuerdo.

En más de una oportunidad este uruguayo, que no tardó en transformarse en un porteño de alma, confesó que se apasionó por el cine coleccionando figuras y fotografías de astros y estrellas de Hollywood. Llegó a este país, solía evocar, y "logré escalar todos los peldaños hasta llegar a la dirección... Nada me fue fácil, pero mi tesón pudo más que mis tropezones".

Se fogueó al lado de realizadores de la talla de Pierre Chenal, Julio Saraceni y Fernando Ayala, y en 1957 accedió a la realización con "Cinco gallinas y el cielo", un film episódico con guión de Agustín Cuzzani, que conquistó premios en los festivales de Karlovy Vary y San Sebastián.

Un año después de haber intentado cruzar el humor y el costumbrismo, se lanzó con igual éxito a la realización de "Procesado 1040", protagonizada, como la anterior, por Narciso Ibáñez Menta.

Calidez y oficio

Su filmografía posterior recorrió títulos de enorme reprecusión popular en los que él sabía darles ese toque de poesía, popularidad nunca chabacana y enorme ternura. "Luna Park", "El bruto", "Una máscara para Ana" y "Convención de vagabundos" son válidos ejemplos del seguro oficio y de la calidez temática, elementos que manejó como pocos.

Incursionó, además, en lo eminentemente comercial -dirigió "La gorda", con Rodolfo Zapata, y "Subí que te llevó", con Sandro-, y en 1981 realizó "Mire que lindo es mi país", su último trabajo para el cine.

Hace dos años, Cavallotti se desempeñó como director de la escuela de cine del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Pero su confesada rebeldía y su honestidad sin límites lo alejaron del cargo.

Un problema circulatorio lo marginó de toda la actividad artística aunque él, decía en sus últimos días, siempre estaba dispuesto a entregarse nuevamente a esa pasión cinematográfica que lo convirtió en un luchador sin claudicaciones y en una figura preclara de los mejores años de la pantalla argentina.

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