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Aceptar los desafíos

En Otra oportunidad. La Argentina en un mundo multipolar (Taeda) Luis Rosales reflexiona sobre el rol de nuestro país en esta época "bisagra" que vive el planeta. Anticipamos un capítulo
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7 de agosto de 2011  

Tanta riqueza natural, en un territorio enorme y poblado por poca gente bastante preparada y talentosa, implica un potencial para el crecimiento y desarrollo muy destacable. Pero para poder lograrlo hay que canalizar todas estas energías en un plan de largo plazo. En una estrategia que tenga en cuenta hacia dónde se dirige la humanidad y trate de adaptarse lo mejor posible a esos nuevos escenarios.

Desde sus oficinas en el piso diez de la Massachusetts Avenue, en Cambridge, a pocos kilómetros del centro de Boston, el profesor Robert Pfaltzgraff Jr. parece estar a cargo de una torre de control. Por sus ventanales abiertos a los cuatro puntos cardinales que permiten observar el perfil lejano de los edificios céntricos, cruzando el río Charles para un lado, y las agujas puntiagudas de los campanarios y cúpulas de la Universidad de Harvard, para el otro, pero también porque desde el Institute for Foreign Policy Analysis que él preside, el control se ejerce sobre el tablero del ajedrez mundial. Desde allí se analiza todo en forma estratégica y se prevé que el planeta evolucionará hacia una situación de multipolaridad pocas veces vista, pero con los EE. UU. manteniendo una ventaja considerable en varios campos: el económico, el tecnológico, el militar y, en menor medida, el demográfico (...).

Coincide en la posibilidad de un crecimiento sostenido de China e India, en los temores a que la UE consolide o no su unidad, en las dudas que despierta la recuperación rusa y en la llegada a estas alturas de nuevos actores como Brasil. Lo novedoso es que sigue considerando a Japón como un actor central, aunque enfrentando una declinación importante. Ese es el contexto en que debemos basar nuestra estrategia. Pfaltzgraff sostiene que si algo caracteriza a este siglo es el fin del monopolio estatal en áreas que antes eran patrimonio exclusivo de los gobiernos. Se refiere a la difusión y a la democratización de la tecnología, que permitirán la irrupción de actores no gubernamentales y hasta de individuos que podrán poner en jaque a los poderosos de antaño. Desde los hackers que atacan y convulsionan los sistemas más sofisticados, hasta la irrupción y consolidación de las redes terroristas internacionales como Al-Qaeda. La unipolaridad absoluta del mundo en que vivimos en las últimas décadas con los EE.UU. como único superpoder, será reemplazada por multipolaridades específicas en los diversos aspectos. En lo militar seguirá por mucho tiempo la supremacía de Washington en los diferentes dominios, el de la tierra, el mar, el aire y el espacio, aunque por el fenómeno mencionado anteriormente, no tiene garantizado el dominio absoluto del cyber espacio y la tecnología.

En este esquema es en el que debemos insertar a nuestra Argentina (...). No hay demasiado lugar para un país alejado y de apenas 40 millones de personas.

Principios rectores

Para poder avanzar en este tablero mundial, la Argentina tiene que madurar en una serie de decisiones imprescindibles, que prácticamente todos los grandes jugadores tienen definidas.

Primero debe otorgárseles a los temas internacionales un lugar central en la agenda local. No puede seguir aceptándose la situación actual en que grandes sectores de la economía y el gobierno se muevan sin atender lo que sucede más allá de las fronteras. Ya vimos que, nos guste o no, lo reconozcamos o neciamente lo neguemos, la suerte de nuestro país está íntimamente ligada a los avatares de la realidad internacional. El aislamiento podía servir hace décadas, cuando las naciones eran actores individuales y que mostraban escaso interés en los asuntos mundiales, salvo que hubiera una guerra o que tuvieran algún inconveniente específico. Con la globalización avanzando a pasos agigantados, la creación de un mercado y una opinión pública únicos a nivel planetario, más la regionalización imparable de los gobiernos, esa alternativa no está disponible. No decimos que sea bueno o malo, mejor o peor, sino que así es la realidad que nos toca vivir. (...).

El otro principio rector en esta materia, vinculado al anterior, es que no se deben subordinar los intereses de largo plazo de la política internacional a consideraciones mucho más urgentes y superficiales, generalmente basadas en la coyuntura electoral inmediata. El riesgo es enorme. Por un interés pequeño y mezquino se puede sacrificar la construcción paciente de toda una generación. No sólo por el daño directo que esto puede ocasionar en las relaciones bilaterales o multilaterales, sino también por el impacto negativo que estas decisiones errantes y confusas van originando en la previsibilidad de la Argentina como un actor en el tablero mundial. No debemos repetir nunca más el error, más allá de las razones ciertas que puedan acompañar a los impulsores de las protestas, de arriesgar la relación estratégica con el Uruguay, para tratar de obtener un beneficio pequeño de índole electoral en la ciudad de Gualeguaychú (...).

Lo mismo hacia el oeste. No se puede arriesgar la relación con Chile, negando la extradición de un supuesto terrorista y poniendo así en tela de juicio la propia credibilidad y fortaleza de la democracia e instituciones trasandinas, que por otra parte muestran logros e indicadores de transparencia y respeto por las libertades mucho más reconocidos internacionalmente que los nuestros. (...)

El autor es periodista, Master of Arts por la Fletcher School of Law and Diplomacy (EE.UU.) y profesor de la Universidad del Salvador (USAL). Presidente de la Fundación Universitaria del Río de la Plata (FURP) y socio en Latinoamérica de Dick Morris. Otra oportunidad. La Argentina en un mundo multipolar fue presentado esta semana en nuestro país por el ex presidente chileno Eduardo Frei.

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