Alegoría sobre el ser nacional

La obra de Oscar Edelstein abre, esta tarde, un ciclo de cinco obras multimediales contemporáneas
Pablo Gianera
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7 de agosto de 2011  

Las obras para la escena pueden ser sumamente personales, pero su primer impulso suele venir más bien de una demanda exterior. Son tantos y tan costosos los recursos que deben movilizarse, que semejantes obras serían imposibles si alguien, un particular o una institución, no las pidiera. Con el encargo de tres óperas (a Juan Ortiz de Zárate, Francisco Kröpfl y Jorge Horst) y cinco obras multimediales, que se verán desde esta tarde en el Centro Nacional de la Música, la Dirección Nacional de Artes de la Secretaría de Cultura de la Nación puso otra vez en marcha esa rueda de expectativas y resultados felizmente inciertos. Por el lado "multimedial", la primera pieza – El caballo fantasma. Mapa y escenas de una isla Argentina. Apunte I – fue la consecuencia de un encargo al compositor Oscar Edelstein.

El punto de partida de Edelstein es una especie de alegoría en gran escala sobre la condición argentina en la figura de un general histórico que, envuelto en la evocación delirante de las batallas, no sabe si vive o está muerto y deambula por una Argentina convertida en isla. El compositor despliega esta trama en un film (producido con el apoyo del Arts Council of Wales), dos bailarinas (Paula Budnik y Barabar Hang) y tres cantantes actores (la británica Deborah Claire Procter, Natalia Cappa y Lucas Werenkraut), además del Ensamble Nacional del Sur, su agrupación de siempre.

–Más allá del encargo, ¿qué hubo en el origen de El caballo fantasma y cómo se realizó musicalmente?

–A veces ocurre que las cosas entran en sincro y el encargo da impulso a algo que ya estaba en mis planes. El caballo fantasma forma parte de una trilogía alrededor de la figura de un espectro, en este caso el caballo. En Shakespeare, el espectro ayuda a reinventar la idea de lo humano, lo saca de sus límites físicos. Del mismo modo en que el color tiene la posibilidad de disolver lo geométrico, el espectro funciona como lo hace el timbre o "color" en la música: borrando y recreando los límites de altura, ritmo, espacio y tiempo. Creo que el núcleo dinámico que generó la obra es el fantasma usado como color, como la posibilidad de borrar los límites del sentido y las fórmulas literarias, teatrales o musicales.

–Parece haber una metáfora en la idea de lo espectral y en esa Argentina insular.

–En el mapa que trae el caballo a la escena, la Argentina es una isla en donde todo lo escrito y dicho se fotocopia y repite. El caballo muestra un universo humano estratificado en donde las cosas son de una forma y parece que no pueden ser de ninguna otra. Yo nací en una isla (Entre Ríos lo es) y sé bien qué es lo que pasa con los habitantes de islas, ya sea una del litoral o la inglesa: la desconexión concreta trae el deseo profundo de salir, de evitarla. Hay una parte de la sociedad argentina que parece estar condenada a repetir o copiar lo que ya no sirve para nadie, y en esto incluyo a lo político o social, pero también a lo artístico.

–¿Cómo se articula el film con la ejecución en la sala?

–Se trata de una representación poética de las ideas de tiempo y espacio, pero también se puede ver allí a hombres, mujeres, islas, caballos o fantasmas. Se une al cuerpo total de la obra por intermedio de los actores cantantes, y si bien no puedo decir que está estrictamente derivado de las ideas musicales, cuando compongo tengo en cuenta todos los elementos de la escena. Me parece que el film funciona como una ventana que abre el universo teatral e instala la obra en un registro que no está en ningún otro plano de la escena. En uno de los apuntes de la obra y en relación al film, escribí: "Recordar es hacerse de nuevo. Saber es volverse rígido. Crear es poder recordar, sin saberes, algo que no ha ocurrido."

PARA AGENDAR

El caballo fantasma, de Oscar Edelstein, abre el Ciclo Multimedial. Esta tarde, a las 19. Centro Nacional de la Música, México 564. Entrada gratuita.

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