Un antimenemista persistente

El gobernador santacruceño, pionero en su alianza con Duhalde, se convirtió en un dolor de cabeza para la Casa Rosada
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24 de mayo de 1999  

RIO GALLEGOS.- El reelegido gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, es un hombre que sabe disfrutar de sus triunfos, máxime si se difunden nacionalmente.

Nacido y criado en Río Gallegos, ciudad enclavada en la inhóspita estepa patagónica, Kirchner suele quejarse de la miopía con que la dirigencia porteña trata los asuntos referidos al interior argentino.

"¡No puede ser que sean más importantes las elecciones para legisladores de la Capital Federal que para diputados nacionales en Córdoba!", se quejaba públicamente, en 1997.

Su discurso federalista no ha variado un ápice y ésa es la razón por la que disfrutó tanto ayer viendo a los porteños muertos de frío que habían recorrido más de 2700 kilómetros para ser testigos de su segunda reelección consecutiva. El mismo había contratado un avión que trajo a muchos de ellos, dirigentes y periodistas, hasta su ciudad natal.

Finalmente, y sin mucho esfuerzo, Kirchner consiguió aquello que Carlos Menem no pudo como presidente: mantenerse en el poder durante tres períodos consecutivos. Claro que tanto él como sus asesores ponen el grito en el cielo al escuchar esta comparación: consideran un insulto la equiparación con el Presidente. Prefieren enfatizar las peleas públicas que el gobernador viene manteniendo con Menem desde hace varios años.

En ese enfrentamiento, el dirigente patagónico ha intentado blandir, preferentemente, el escudo del federalismo, que en la mayoría de los casos se tiñe de localismo.

Además de haberse convertido en un opositor a ultranza del tratado sobre los hielos continentales, su defensa de cuestiones regionales, como el pago de regalías petroleras, lo ha mantenido en la vereda de enfrente del gobierno nacional.

Esa posición le ha valido más de un dolor de cabeza al oficialismo nacional, que recuerda las presiones de Kirchner, en 1994, en la Asamblea Constituyente de Santa Fe. Como convencional nacional, fue un enfervorizado paladín de las provincias a la hora del debate sobre la coparticipación de impuestos.

Estilo feudal

Quienes lo aprecian admiten que hizo modificar dos veces la Constitución provincial (en su última versión ésta permite la reelección indefinida del gobernador), pero recuerdan que, el año último, el 56,8 % de los santacruceños se manifestó en favor de la reforma.

Y quienes no lo aprecian lo acusan de manejar la provincia con los mismos vicios políticos que se le endilgan a Menem. "Santa Cruz es el feudo de Kirchner", dijo el diputado Rafael Pascual (Frepaso-Santa Cruz) a La Nación .

Lo cierto es que, ayer, los votos le renovaron al gobernador su contrato con el ejercicio de su poder, algo que casi parece una costumbre en este hombre de 49 años. Entre tanto éxito, una circunstancia le hace morder el polvo con más frecuencia de lo que le gustaría: es hincha fanático de Racing. Sin embargo, los desconsuelos que le provoca el fútbol son menores al lado de las alegrías que le ha generado la política.

Desde que, en 1987, obtuvo por una escasa diferencia, 111 votos, la intendencia de Río Gallegos, Kirchner ha ganado todas las elecciones en las que se presentó. Esto le permitió acceder a la gobernación, en 1991; mantenerse en el poder, en 1995, y volver a ganar el cargo, ayer. Este, jura y perjura, es su último período al frente de la provincia.

Espera que el nuevo milenio lo encuentre cosechando los réditos de su pionera alianza con Eduardo Duhalde. Cuando la candidatura presidencial del caudillo bonaerense parecía desbarrancarse ante las constantes embestidas del menemismo, fue el único gobernador que le brindó a Duhalde su incondicional apoyo.

En las reuniones de Olivos y de la Casa Rosada, donde se pergeñaban las maldades contra Duhalde, entre los gobernadores justicialistas había dos ausencias inapelables: el propio Duhalde y Kirchner.

El mandatario santacruceño apostó por su par bonaerense y hoy, cuando los vientos justicialistas parecen haber cambiado definitivamente de rumbo, Kirchner se apresta a cobrar. De hecho, él y su mujer, la diputada Cristina Fernández, tienen un papel fundamental entre quienes asesoran al precandidato.

Posicionados como el ala progresista del peronismo nacional, el matrimonio Kirchner se atribuye parte del mérito por el giro antiestablishment que registró el discurso duhaldista. En ese sentido, señalan el encuentro de intelectuales que organizaron el año último en El Calafate como uno de los hitos en el cambio de rumbo de la campaña.

Al lado de Duhalde

Habituado a pelearse con Menem, Kirchner fue uno de los que alentaron a Duhalde para que dejara atrás sus vacilaciones y confrontara con el Presidente.

Tenía experiencia en esos trotes: su oposición al tratado limítrofe firmado entre Chile y la Argentina por los hielos continentales le generó desencuentros con Balcarce 50 y, como consecuencia, proyección nacional. Su mujer, fervorosa a la hora de manifestar las diferencias, fue la encargada de expresar la posición de Santa Cruz en el Congreso.

Esa combinación convirtió al matrimonio, oriundo de la provincia con menos densidad de población de la Argentina, en partícipe habitual del escenario político del país.

Más atrás en el tiempo, Kirchner recuerda con orgullo sus años de militancia universitaria en la ciudad de La Plata, donde estudió abogacía.

Eran los inicios de la década de 1970, tiempos en que la Juventud Peronista (JP) soñaba con el regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina. Allí, entre libros y discusiones políticas, conoció a Cristina.

Los veranos de los años en que estudiaba en La Plata, el hoy gobernador volvía a Río Gallegos y se acercaba a las unidades básicas peronistas John William Cooke y Los Mártires de Trelew, nombres que refieren a iconos preciados de la izquierda peronista.

Sus amigos de aquellos tiempos son los mismos con los que anteayer se juntó a comer un asado. La costumbre de todos los sábados se convierte en cita ineludible en vísperas de elecciones.

El taller mecánico de uno de ellos, Francisco "Batata" Mansilla, mutó en improvisado comedor y allí, entre vino y cordero, Kirchner y sus amigos lucieron relajados, confiados en que la fortuna les volvería a sonreír.

Ficha personal

  • Néstor Kirchner (49 años) está casado desde hace 24 años con la diputada Cristina Fernández. Tienen dos hijos: Máximo y Florencia.
  • Nació en Río Gallegos el 25 de febrero de 1950. Estudió Derecho en la Universidad de La Plata. Es hincha fanático de Racing.
  • Trayectoria política: en 1987 ganó la intendencia de Río Gallegos por 111 votos de diferencia. Cuatro años más tarde se alzó con la gobernación de Santa Cruz, con el 55,9 por ciento de los votos. En 1995 fue reelegido con el sufragio del 66,4 por ciento de la población. El año último convocó a una consulta popular para reformar la Constitución provincial y poder presentarse nuevamente como candidato. En esa oportunidad obtuvo el apoyo del 56,8 por ciento de los votantes. Ayer obtuvo su segunda reelección consecutiva.
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