Un aliado de todos los peronismos

Gustavo Ybarra
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8 de agosto de 2011  

CORDOBA.- Si algo muestra la historia de José Manuel de la Sota es que en política nunca nada está dicho. Así lo anticipó este polifacético cordobés cuando en septiembre de 1991, tras caer derrotado en las elecciones provinciales a manos de Eduardo Angeloz y en medio de las críticas de un peronismo que empezaba a calificarlo de "eterno perdedor", se equiparó con Abraham Lincoln, que había perdido varias elecciones antes de llegar a la presidencia de los Estados Unidos y sentenció: "En política, nunca hay derrotas ni victorias permanentes".

Veinte años después y tras haber sido consagrado ayer por los cordobeses por tercera vez gobernador de la provincia, aquella máxima de De la Sota lanzada en un momento de sombras políticas cobra fuerza de verdad revelada.

Es que la historia del "Gallego", como todo el mundo lo conoce en esta provincia, tiene un antes y un después de las elecciones de 1998, cuando en su tercer intento por acceder a la Casa de las Tejas, sede del gobierno cordobés, pudo romper con la hegemonía radical en esta provincia.

Hasta esa fecha, la carrera política de De la Sota se había caracterizado por la derrota. En 1983, perdió la interna del PJ para la candidatura a la gobernación con Raúl Bercovich Rodríguez. Debió conformarse con apostar por la intendencia de la capital provincial, pulseada de la que también salió derrotado ante el radical Ramón Mestre.

Enfrentado con la ortodoxia partidaria, en 1986 su suerte comenzó a cambiar. Para eso, fracturó al PJ y, con el sello de Peronismo Renovador, logró convertirse en la segunda fuerza de la provincia en unas elecciones para constituyentes. Fue el paso previo para alzarse con la conducción del justicialismo cordobés y convertirse en una figura de alcance nacional, que le valió que Antonio Cafiero le pidiera que lo acompañara en la interna nacional para definir la fórmula presidencial para 1989. Sin embargo, la derrota parecía ensañarse con aquel joven dirigente cordobés: contra todos los pronósticos, fue el riojano Carlos Menem quien ganó aquella compulsa.

La carrera de De la Sota pareció tocar fondo tras aquella derrota ante Angeloz en 1991, a la que siguió una suerte de exilio provincial que lo llevó a ser embajador de Menem en Brasil, donde urdió fuertes alianzas económicas y políticas, y senador nacional en 1995.

Revancha

La revancha llegaría en 1998, cuando en elecciones anticipadas por la crisis que vivía la provincia derrotó a Mestre, el mismo político que lo había derrotado en 1983. Fue una bisagra en su carrera política, ya que por fin pudo trasladar a la provincia la hegemonía que había logrado consolidar en el PJ.

Así fue como 2003 consiguió la reelección derrotando al radical Oscar Aguad. Lo hizo acompañado por Juan Schiaretti, a quien designaría cuatro años después y con éxito, aunque en un controvertido escrutinio, como su sucesor.

De todas maneras, para De la Sota todavía hay una cuenta pendiente. A la frustración de la interna peronista de 1988 que pudo haberlo llevado a la vicepresidencia, el "Gallego" le sumó el desaire de Eduardo Duhalde de 2002, quien le quitó su apoyo porque no medía en las encuestas. El elegido fue Néstor Kirchner, quien llegó a la presidencia con sólo 22 puntos gracias a la renuncia de Menem a enfrentarlo en el ballottage.

Hoy, más que nunca, De la Sota debe de estar recordando aquella máxima que forjó en 1991. Tiene otros cuatro años de gobierno provincial para tratar de demostrar que en su carrera hacia la Casa Rosada tampoco hay derrotas permanentes.

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