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Otherness y Soema Montenegro: jóvenes que, gracias la plataforma digital, lograron tocar en Europa y Africa
Dolores Moreno
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13 de agosto de 2011  

Un día, una tal Amy Baker, de la revista Rock Pulse , escuchó a través de Amazon a una banda argentina y escribió una crítica que decía algo así: " Otherness es un refrescante nuevo grupo argentino que une la música británica y americana, tiene pasión y dedicación y el sonido es brillante". Meses después, con el artículo bajo el brazo, estos cuatro chicos de la Patagonia subieron a un avión rumbo a Londres, con sus instrumentos, pero sin contrato ni contactos; sólo con la sospecha de que su música podía llegar a funcionar.

Años atrás, una voz casi lírica andaba circulando por el conservatorio de Morón, era una chica de Laferrère con un nombre poco común, se llamaba Soema, Soema Montenegro. Noseso Records la escuchó y le propuso hacer un disco, ella aceptó, pero nunca creyó que –al tiempo y gracias a un francés llamado Vincent Moon– su música llegaría hasta tierras europeas y, mucho menos, que participaría de un recital de voces femeninas en Marruecos. Todo sucedió como una suerte de cadena; una francesa la escuchó, un francés la grabó e Internet la llevó a tierras desconocidas.

Desde hace un tiempo y cada vez más, músicos de lugares aislados se imponen en el mercado virtual. Páginas como MySpace, Facebook, YouTube, Amazon e incluso Twitter sirven como plataforma para promocionar a bandas amateurs que están arrancando sus carreras. Los músicos aún no tan conocidos (que están por afuera del circuito comercial) suben su material, y productores musicales, críticos y managers los descubren. Eso fue un poco lo que pasó con Otherness y Soema Montenegro.

De la Patagonia a Londres

La historia es algo así: los chicos que prefieren no tener apellido y ser sólo Pablo Other (en batería), Adrián Other (en teclado), Martín Other, (en voz y guitarra) y Gonzalo Other (en bajo y voz) –los últimos dos son hermanos–, son casi todos de Comodoro Rivadavia, salvo Pablo, que es de Río Grande. Casi todos estudiaron carreras ortodoxas y nada musicales, y tienen, según dicen, un promedio de 24 años. Noviembre de 2008 fue la fecha de inicio legítima. La banda encontró su batería y el grupo se consolidó. Como son chicos bastante inquietos, comenzaron una campaña de autopromoción que culminó con la nota de la prestigiosa crítica inglesa. A partir de ahí, las cosas empezaron a cambiar: los chicos de la Patagonia se hacían conocidos y así llegó un show en el programa de Pettinato en vivo y siguió un representante de Seatle, Denis White, del que no tienen buenos recuerdos. "Tocá madera: Denis da mala suerte", dice Martín.

La música de ellos (rock/pop en inglés y algunos covers de Los Redondos) pegaba, pero pegaba más afuera. Eso y el problema post-Cromañón hizo que los chicos decidieran emigrar a tierras europeas. Emigrar por unos meses; emigrar para regresar. Corría 2010, y estaba terminando noviembre. Llegaron a Londres con ganas, pero sin permisos. "Pero ¿cómo? ¿Ustedes vienen a tocar? "Sí, a tocar." Y es que los chicos lo que no sabían era que para tocar en otro país necesitaban un contrato, una invitación o algo. "Estuvimos cuatro horas en el aeropuerto; nos revisaron todo, pero ¡todo! Creo que buscaban drogas", relata Gonzalo.

Con chistes, cuentan que consiguieron que los dejaran pasar con sus instrumentos a la ciudad del Big Ben. "Dijimos que veníamos a tomar el té con la reina." Prometieron hacer turismo y fueron a tocar rock’n’roll. Vestidos y peinados como buenos representantes del rock inglés (uno intenta parecerse a McCartney), fueron a patear la ciudad. "Eramos carteros; teníamos todo: la nota que nos habían hecho en Rock Pulse , la del Noche Polar (revista de rock de Comodoro), y nuestro único CD. Hacía frío, era invierno y las caminatas se hacían duras, pero teníamos un obejtivo", resume Martín.

Lo cierto es que estos pibes patagónicos se alojaron en un cuarto con 12 personas en un hostal del centro de Londres, enfrente del cual había una suerte de oficina de prensa de shows (The Montto), y que apenas llegaron consiguieron un lugar para que la banda demostrara su talento. Al primer show le siguieron 22 más en tres meses (ganaban entre 200 y 400 libras por concierto). En una de esas noches, los Other se dieron el lujo de tocar con Glen Matlock (de Sex Pistols) e hicieron migas con productores musicales ingleses. Cumplidos los 90 días, el permiso de turista expiró; armaron sus valijas y volvieron con la promesa de regresar. Desde entonces, se presentan en distintos bares de Buenos Aires.

De Laferrère a Marruecos

Soema tiene 32 años; desde hace más de 20, toca la guitarra y canta. Primero, lo hacía sola en su casa; después, a los 18, empezó el conservatorio en Morón, y de ahí la chica del Oeste iría en ascenso. Al poco tiempo, formó junto a unos compañeros un grupo de improvisación con el que tocarían en distintos ámbitos: desde festivales de artistas callejeros hasta muestras de composición.

Después de algunos años, Montenegro tomaría el camino de solista, y así llegaría a editar su primer disco, Uno una uno , del sello Noseso Records (de Zelmar Garín) en 2008. Como consecuencia de ese disco y de una francesa que tuvo acceso a su trabajo, un tal Vincent Moon (bien conocido por sus videos de música en todo el mundo) decidió documentar el trabajo de la cantante. La repercusión del material del francés (que terminó de grabar en febrero de 2010) hizo que en diciembre Soema fuera invitada a tocar en distintos países de Europa (Francia y Suiza) y que terminara su gira en Marruecos en el Festival de Voces de Mujeres ("Fue la primera vez que había argentinos tocando ahí", cuenta emocionada). Lo que siguió fue su nuevo disco Passionaria que, en esta oportunidad, editó Acqua Records en abril, en la Argentina, y Western Vinyl, en mayo, en Estados Unidos y Canadá. Hoy canta con Cordera, toca en festivales y próximamente hará una gira por América del Norte.

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