Erica Rivas: "Ser feminista no está de moda"

La Fundación Konex la eligió como una de las mejores actrices de la década en cine y en teatro interpreta el papel que le cambió la vida: Blanche DuBois, de Un tranvía llamado Deseo. Aquí habla de las inseguridades, del placer de ser mamá y de su separación de Rodrigo de la Serna
Fabiana Scherer
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14 de agosto de 2011  

Por suerte desde lejos no se ve", dice Erica de su maquillaje. Se ve en el espejo y vuelve a reír. "No logro perfeccionarlo", reconoce, y vuelve a colocar unas de sus pestañas postizas. "Ahora sí." Erica está a punto de transformarse en Blanche DuBois, el emblemático personaje de Un tranvía llamado Deseo, la obra de Tennessee Williams con la que sube a escena en el teatro Apolo, con dirección de Daniel Veronese, junto a Diego Peretti y Paola Barrientos.

"Lo dejo todo", revela acerca de la entrega y la carga emotiva que conlleva interpretar a Blanche, esta mujer que sufre por el fin de su juventud, la decadencia de su belleza y la falta de amor. "No tengo otra manera de hacerlo. Me conmueve." Y no hay duda de que es así. Al final de cada función se la ve emocionada y si uno se acerca, quizá puede ver algo del maquillaje corrido. "Soy una mujer muy sensible y este es un personaje que dice tanto. Cada vez que subo a escena y veo las caras de esas mujeres operadas que se identifican con esa desolación, con esa búsqueda de la belleza y de la juventud, no puedo dejar de emocionarme –confiesa–. A mí también me pasa. Hay veces que siento esa desolación, esa exigencia impuesta por el solo hecho de ser mujer, esa búsqueda de amor, esa eterna necesidad de sentirse querida."

Fueron once años los que compartió con Rodrigo de la Serna, el actor que conoció a finales de 1998 en la tira de televisión Gasoleros y con el que tuvo a Miranda, la hija de 10 años. Como todo duelo, transitar la separación tiene su costo. "La culpa está muy presente –reconoce–. Esa culpa por los valores rotos, por la pérdida del amor, por hacer testigos a tus hijos de tus estados de ánimo. Pero con el transcurrir de los meses, te reencontrás con los momentos que te hicieron felices, te das cuenta de que vos y tu hija son una familia, y con suerte podés descubrir que el hombre de tu vida puede no ser el padre de tus hijos [ríe]."

En el gran espejo del camarín, Erica tiene colocado una postal de la película Por tu culpa, de Anahí Berneri, y en otro rincón un portarretrato con una foto de Miranda sonriente. "Por tu culpa fue una de las películas que más me gustó hacer. Me sirvió tanto. Justo el otro día me reencontré con Anahí y hablamos acerca de la construcción de la maternidad, de esa idea que se tiene de la perfección. Quién puede decir yo soy una madre maravillosa. Todas tenemos defectos. Yo los tengo, mi mamá los tuvo, pero nunca dudé de su amor. Sé que ella hizo lo mejor que pudo. Yo lo intento."

Creció como la mayor de cuatro hermanos en Ramos Mejía. "Somos tres mujeres y un varón –aclara–. Todos bien seguiditos. Suelo sentir culpa por no haberle dado un hermanito a Miranda. Pienso seguido en eso, a veces me veo como si fuera una persona sin amor."

–¿Sin amor, por qué?

–Como si no tuviera suficiente para dar, me da mucha angustia. Pero después, cuando lo racionalizo me digo a mí misma que no es así, que tengo amor para mucha gente, para mi hija, para mi profesión. El deseo de ser mamá lo tuve siempre, sabía que iba a ser mamá y lo fui a los 25 años.

Miranda nació a las 11 de la noche en la cocina de la casa que compartían De la Serna y Rivas, en Villa Ortúzar. "Fue maravilloso –recuerda–. Ser madre me hizo mejor persona."

Junto a la postal de la película de Anahí Berneri hay otra imagen, la de Antes del estreno, el último film de Santiago Giralt, que aún no se estrenó comercialmente y que tiene la particularidad de haber reunido a madre e hija en el elenco. "Fue alucinante trabajar con Miri –asegura orgullosa–. Le fascina la actuación, le gusta el set, no tiene rollo con la prensa ni con las fotos, todo lo contrario de mí, que tengo tanto rollo, me incomoda mucho que me saquen fotos, me tensa muchísimo. En cambio, Miri se divierte."

Para que Miranda rodara Antes del estreno, Erica habló con el director y dejó en claro varias condiciones. "Como Santi es amigo, lo entendió. La película se filmó cerca de casa y los horarios eran reducidos."

–¿Y el resultado final?

–Es mi película favorita [risas], actuar con ella fue un sueño. Lo disfruté mucho. Hubo momentos en los que yo hacía pausas y ella por debajo me decía el texto por si me lo había olvidado. Divina. Me reí tanto.

El delineador negro dibuja una larga y fina línea que recorre el ojo izquierdo. Ese mismo delineador recorre el párpado y lo pinta. El negro poco a poco se esfuma con el pasar de la yema del dedo. En eso estaba Erica. Pero un impulso la hace detener. Luego de una rápida mirada a cada una de las fotos que decoran el camarín dispara: "Falta una foto de Niní. Siempre tengo una". Habla de Niní Marshall, la gran comediante argentina con la que se siente identificada. "Una de las autobiografías que más leí fue la de ella (Mis memorias), tengo la primera edición –dice–. Consciente e inconscientemente es alguien que permanentemente está en mí. Fue una mujer que supo posicionarse en un medio tan difícil para nuestro género."

Dice que ser feminista hoy no está de moda. "Hasta las propias mujeres no lo ven bien –puntualiza–. Sin embargo, es tan importante hablar del lugar que nos corresponde y el que les corresponde a los hombres. Porque no todos soportan tener al lado a una mujer autosuficiente."

Estar en la piel de Blanche DuBois le permitió sensibilizarse aún más en el maltrato hacia las mujeres. "Parece mentira que sea necesaria la marca en la piel para que se hable de maltrato."

–Sin embargo, solemos decir que las mujeres ganamos muchos terrenos...

[Interrumpe] –Sí, es cierto, pero son pocas las que se sienten felices con sus vidas. Siempre nos falta algo para serlo totalmente. Son demasiadas las presiones que tenemos encima. Pienso en la Presidenta, por ejemplo.

–¿La conocés?

–Sí, la conozco. No quiero hablar de política, porque no sé nada. Me interesaba ver a esa mujer con tanta fuerza, capaz de hacer frente a tantos prejuicios.

–¿Qué viste en ella?

–A otra mujer encerrada y con una gran tristeza. Rodeada de hombres sedientos de poder. No puedo creer que la critiquen por las operaciones, por ser coqueta, por la cantidad de zapatos que tiene. Qué problema hay con esto. Digo, no se puede entender que haya personas que necesitan sentirse lindas, verse jóvenes. Además, estas miradas acusatorias están dirigidas porque es mujer. Muchas veces el comentario se torna frívolo. Para mí estar en su lugar sería una pesadilla, no sé de dónde saca tanta fuerza para enfrentarse al mundo.

Proyecto Marilú, así bautizó a la puesta teatral para el año próximo que la unirá nuevamente a Marilú Marini, actriz marplatense de importante trayectoria en Francia. "Nos conocimos en el rodaje de Las mujeres llegan tarde, la ópera prima de Marcela Balza, y fue maravilloso. Es una persona increíble, tan hermosa, tan generosa. Está llena de bondad", describe.

Desconoce aún la pieza que las va a unir, pero eso parece no importarle. "Sea lo que sea lo voy a disfrutar al máximo. Haberla conocido fue enorme para mí. Se parece tanto a Niní. Eso me colma."

–¿Pronto vas a comenzar a rodar una película con Diego Torres?

–Espero que coincidan los tiempos de rodaje de Extraños en la noche (dirige Alejandro Montiel) con los de Un tranvía llamado Deseo. Estoy muy implicada con la obra y la verdad es que después de cada función quedo muy cansada. Pero es mi manera de hacerlo, mi forma de entregarme al personaje. Y no puedo hacer varias cosas a la vez, no puedo. Me pasó un montón de veces. Como la vez que me embarqué en el proyecto de Alejandro Doria (iba a rodar Tuya, basada en la novela de Claudia Piñeiro).

–¿Y te bajaste de Los exitosos Pells? (Erica había hecho el piloto junto a Mike Amigorena).

–No me arrepiento, porque le brindé mi apoyo por completo a Doria (el film no se realizó y lamentablemente el director falleció el 17 de junio de 2009 como consecuencia de una neumonía crónica).

–Pero el destino te da revancha y quiere unirte a Amigorena...

[Risas] –Sí, vamos a hacer para cine El buen salvaje, con dirección de Octavio Scopeletti. Estoy feliz, porque amo hacer cine y Mike es una persona talentosísima.

Esquiva parece serle la televisión, a pesar de las ganas que Erica tiene de volver. "Por la calle me preguntan: Nena, ¿cuándo volvés?" Es que Rivas en la memoria colectiva es María Elena Fuseneco, la vecina de Florencia Peña y Guillermo Francella en la exitosa versión argentina de Casados con hijos. "Me encanta que la gente se haya reído tanto. A mí me sirvió para derribar algunos prejuicios, porque cuando uno viene de una formación clásica este tipo de humor no suele estar bien visto. Le estoy muy agradecida a María Elena, este personaje me cambió la cotidianidad, me sirvió para conectarme con otro público. Es muy interesante lo que se puede generar desde la televisión."

Detrás de escena el movimiento es cada vez mayor. La hora de la función se acerca y Erica debe estar lista para volver a encarnar a DuBois sin importar los comentarios críticos tan diversos. "Es poca la gente a la que le presto la oreja. Tomo lo que me puede servir, respeto las opiniones de los que conocen mi cocina, los que conocen los ingredientes con los que trabajo –explica–. Intento no escuchar de más, pero no siempre se puede. Me deprimo cuando recibo un palazo. Me ha pasado de leer algo y preguntarme ¿y ahora cómo salgo? Hay críticos que hacen su trabajo con respeto y otros que deliberadamente escriben o dicen. Soy muy autocrítica de mi trabajo, es cierto, pero aún disfruto estar arriba de cualquier escenario."

Maquillaje: Emanuel Miño. Pelo: Staff Cerini. Agradecimientos: Hotel Legado Mítico, Vero Ivaldi, Christian Lacroix y Paruolo.

MUY PERSONAL

Nació el 1º de diciembre de 1974. Creció en Ramos Mejía. En la actualidad vive en Escobar con su hija, Miranda, fruto de su relación con el actor Rodrigo de la Serna.

Empezó a estudiar actuación de muy chica, pero su formación profesional la encaró a los 15 años con Lito Cruz. Se formó con Augusto Fernández, Martín Adjemián y Miguel Cardella, entre otros.

Ya había empezado a trabajar en televisión cuando decidió dejar la carrera de Psicología, en cuarto año.

Hay dos libros que siempre están con ella Las mil y una noches y la autobiografía de Niní Marshall.

En teatro se la pudo ver en La improvisación del alma (1993), de Eugene Ionesco; El relámpago (1996), de August Strindberg; Estoy maldita (2001-02), una colección de relatos eróticos de Marosa di Giorgio, y Seis al cinco (2002), de Julio Chávez.

Este año Erica fue considerada por la Fundación Konex como una de las mejores actrices de la década en cine.

Entre sus actuaciones en la pantalla grande se destacan El dedo en la llaga (1995), de Alberto Lecchi; Toda la gente sola (2009), de Santiago Giralt; Tetro (2009), de Francis Ford Coppola; El corredor nocturno (2009), de Gerardo Herrero; Por tu culpa (2010), de Anahí Berneri; Boca de fresa (2010), de Jorge Zima; Antes del estreno (2011), de Santiago Giralt, y Las mujeres llegan tarde (2011), de Marcela Balza.

En televisión hizo Los machos (1994), Nueve lunas (1995/96), Archivo negro (1997), Gasoleros (1998), Campeones (1999), Calientes (2000), El sodero de mi vida (2001), Sol negro (2003) y Casados con hijos (2005/6) con el que ganó el Premio Martín Fierro.

En la actualidad se la puede ver en el teatro Apolo, como Blanche DuBois en Un tranvía llamado Deseo.

Pronto rodará Extraños en la noche, de Alejandro Montiel, junto a Diego Torres. El año que viene filmará El buen salvaje, al lado de Mike Amigorena. En teatro sueña con el proyecto que la unirá a Marilú Marini.

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