Suscriptor digital

Finalmente, la Richmond dijo adiós

Aunque fue declarada "patrimonio histórico" de la ciudad, ayer no abrió al público como todos los días
Franco Varise
(0)
16 de agosto de 2011  

La confitería Richmond, uno de los "bares notables" de la ciudad, cerró ayer sus puertas en Florida 468. No hubo tiempo ni para una última lágrima. Las mesas de la centenaria confitería, inaugurada en 1917, no estuvieron disponibles para los clientes que, en los últimos meses, habían decaído frente a una descuidada administración del lugar. El réquiem para esta confitería donde recalaron grandes representantes de la cultura como Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal comenzó a sonar tenebroso tiempo atrás. Para los clientes habituales no era novedad, aunque ayer los tomó por sorpresa el paisaje de vidrios blanqueados y las puertas clausuradas. A más de uno se le encogió el sensible corazón porteño.

El destino de la Richmond navega ahora entre aguas poco claras: las que acercaron sus propietarios que desean vender el local a una marca de indumentaria y las que intentan hacer correr un grupo de legisladores porteños y vecinos para proteger el lugar del avance comercial.

De hecho, la semana pasada, la Legislatura aprobó la declaración de Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires para la confitería Richmond, lo cual implicaba una protección ante la inminente venta del local y el cambio de rubro. Según la norma, cualquier modificación en la estructura edilicia o del destino comercial de la Richmond debería ser antes aprobada por el Poder Ejecutivo de la ciudad previo análisis del proyecto. Ayer, en la confitería nadie atendió los teléfonos. Los propietarios, que según comentó un encargado a LA NACION, compraron el lugar apenas un año atrás, no hicieron declaraciones sobre el repentino cierre.

Desde hace algunos días, el local exhibía un cartel en la puerta que anunciaba: "Le informamos que este salón permanecerá cerrado hasta nuevo aviso por reformas. Retirar pertenencias de 10 a 11".

El personal que trabajaba ya había sufrido una notable reducción. De los 50 empleados históricos, la planta se redujo a 30 y luego a 10, entre mozos, cocineros y pasteleros. La caída de demanda era muy importante. Algunos clientes muy importantes que salían de la Sociedad Rural Argentina, ubicada justo al lado, habían dejado de concurrir por el mal servicio de cocina y repostería.

La Richmond es parte de la historia de la ciudad. Llegó a erigirse como el búnker del emblemático Grupo Florida, integrado por Borges , Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Raúl Scalabrini Ortiz, Conrado Nalé Roxlo, Marechal y Eduardo González Lanuza, entre otros notables, que, supuestamente competían en su visión literaria con el Grupo Boedo.

La concurrencia de artistas también fue muy importante. Su cercanía con el Maipo, entre otros, aseguraba un intercambio algo inesperado de personalidades en las mesas y en las salas de billar de la confitería diseñada por el arquitecto belga Jules Dormal. Alejandra Vidal, una de las últimas camareras de la Richmond, dijo ayer frente al local: "Tengo muchos gratos recuerdos; atendí muchas personalidades, como [el escritor ya fallecido] Mario Benedetti, que siempre venía con la señora. Benedetti se sentaba junto a la calle y se tomaba un Negroni; después los dos se pasaban al salón del fondo a comer. Recuerdo que siempre tomaba vino blanco, porque, según él, el tinto le daba alergia". En cuanto al funcionamiento en los últimos meses, Vidal señaló: "La confitería estaba funcionando muy bien, siempre estaba llena de turistas y a muchos de ellos les recomendaban nuestras masas en Europa, y varios volvían; la verdad no entiendo qué pasó". Muchos porteños tampoco.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?