Delicado equilibrio

El cuidado de la vida en todos sus niveles es abordado por artistas que buscan recuperar parte de la esencia natural perdida en las últimas décadas
Celina Chatruc
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19 de agosto de 2011  

Hay algo hipnótico en estas piezas de cerámica que se extienden con sus colores brillantes, como una enredadera, sobre dos metros de pared blanca. Cada una es diferente y está separada del resto. Su presencia, sin embargo, es fundamental para sostener el delicado equilibrio del conjunto.

"La naturaleza se incorpora al diseño para darnos, a través de lo simbólico, lo que la urbe no puede", dice Gabriel Baggio, creador de la instalación que se exhibe en la galería Praxis como parte de la muestra colectiva Eco Mind. Inspirada en un motivo art nouveau que decoraba una vieja bandeja de hojalata, la obra integra una serie que rescata la transmisión de saberes de generación en generación y devuelve una cualidad única a los objetos de consumo masivo.

El trabajo de Baggio simboliza como pocos el concepto de Gregory Bateson que motivó a la curadora Cecilia Molina a montar la exposición. Según el antropólogo, la vida tiene un carácter sistémico: depende de circuitos interconectados a los que la conciencia sólo puede acceder con ayuda del arte, la religión o los sueños.

Eso notó Gabriela Golder cuando decidió ir al campo a registrar el vacío, a ver "qué pasa cuando no pasa nada". Descubrió una gran tensión latente en esas vacas que miraban fijamente a la cámara, sin saber que algo similar estaba ocurrendo en su vida: su padre murió antes de que terminara de editar la obra.

"Ese momento personal marcó el sentido del video; dejé que penetrara. Era lo que se estaba gestando, la calma antes de la tormenta", dice Golder, la misma artista que filmó en 2002, en plena crisis, cómo un grupo de gente desesperada se llevaba vacas de un camión volcado para comérselas. El trabajo se expuso este año en la muestra Radical Shift en el Museo Morsbroich, en Alemania.

En este caso no es el hombre sino los animales los que imponen el ritmo. La artista esperó con paciencia a que algún movimiento determinara el corte de cada toma. El resultado es un video de 24 minutos que permite ubicarse en el lugar del otro, escuchar los sonidos que mata la ciudad. Por ejemplo, el de una mosca que anuncia el principio del fin. "A partir de ahí todo se empieza a tornar tenso –señala Golder–. Las vacas parecen más amenazantes, porque me acerco, hasta que la imposibilidad de la calma se hace evidente."

La interacción entre el hombre y la naturaleza también está presente en la instalación de Martín Bonadeo, similar a la que presentó en el premio arteBA-Petrobras 2008. Cuando alguien se aproxima a su pequeño jardín, un sensor activa lámparas que generan luz y calor; el césped empieza a crecer y se siente olor a pasto recién cortado. En realidad, es todo una ilusión: lo que parece pasto es clorofila inyectada en termómetros y el olor fue preparado por un perfumista. Bonadeo relaciona su "pintura dinámica" con el contraste entre recuerdos de la infancia y su realidad actual. "Me encanta tirarme en el pasto –dice–, una posibilidad muy escasa en la ciudad."

Igual de artificial es el edén que Fabiana Barreda creó para su Eva, con un puñado de plantas en macetas. Lo acompañan unas casitas que entran en la palma de una mano –"la medida del universo", según ella– y un skate de madera. El conjunto plantea una forma de "ser sustentable en la ciudad".

"Mi hábitat cotidiano es la ecología que construyo con estas plantitas", dice Barreda. Ex skater y admiradora de artistas como Friedensreich Hundertwasser, Nicolás García Uriburu y Tomás Saraceno, pertenece a una generación que busca integrar lo urbano, lo natural y lo afectivo: volver a cocinar para el otro, a tejer, a recuperar los espacios públicos.

"Como decía [Félix] Guattari –agrega la artista–, ecológico no es sólo lo verde sino los vínculos que generan nuevos territorios afectivos en la sociedad. Cuidar la vida. Para él, como para Hundertwasser, la ecología no era sólo limitarse al cuidado de lo verde sino proteger todos los niveles del ser vivo, del sistema."

Justamente, uno de los niveles más básicos, integrado por microorganismos sumergidos bajo el hielo polar, protagoniza la última serie de obras que Andrea Juan realizó en la Antártida, y que exhibe por partida doble en Praxis y en el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Muntref). Este año, por sexta vez, la artista vivió allí durante más de un mes con colegas y científicos de varios países. Regresó con un trabajo basado en 10.000 nuevas especies descubiertas en el mar de Weddell luego de que colapsaran las barreras de hielo Larsen A y B.

A diferencia de la mayoría de sus series anteriores, en las que denunciaba efectos negativos del cambio climático, hay un dejo de optimismo en sus trabajos recientes. El del año pasado, que también puede verse en el Muntref, está dedicado al "bosque invisible", una flora microscópica que modifica el clima terrestre al absorber dióxido de carbono y almacenarlo en el fondo del mar. En tanto, las esferas de colores brillantes que aparecen ahora en sus fotos simbolizan las nuevas especies que prometen un futuro mejor.

Como curadora de Sur polar III, la muestra del Muntref que se exhibirá también en la Universidad de Hertfordshire de Londres, Andrea convocó a otros 12 artistas de varios países que trabajaron en la Antártida. Entre ellos, el argentino Joaquín Fargas, creador de un proyecto quijotesco para enfrentar el cambio climático: durante cuatro días instaló tres molinos de viento en la Base Esperanza, con la intención de generar frío y mantener congelado el glaciar Buenos Aires. Su proyecto, obviamente, se llama Utopía.

A este mismo proyecto pertenece la instalación interactiva que Fargas exhibe hasta el lunes en Tecnópolis, el espacio que presenta un panorama de 200 años de desarrollo científico y tecnológico argentino, y que incluye un simulador de la Antártida con temperaturas de 7 grados bajo cero. Los "seres solares" de la obra Extinción-creación ( http:/www.youtube.com/watch?v=JMr82Wq8cC4 ) representan, según el artista, "una bisagra entre el pasado de la Antártida con sus fósiles y el futuro en el que el hombre, con su capacidad tecnológica, puede incidir positivamente en la biodiversidad del planeta".

Ficha. Eco Mind en Praxis (Arenales 1311), hasta el 24 de agosto. Sur Polar III en el Muntref (Valentín Gómez 4838, Caseros), hasta el 30 de septiembre. Tecnópolis (General Paz entre Balbín y Constituyentes, Villa Martelli), hasta el 22 de agosto.

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