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El retorno de los cerebros: Científicos argentinos repatriados

Fuente: Brando
Ya son más de ochocientos los que volvieron de la mano del Programa Raíces que reactivó el Gobierno a partir de 2003
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23 de agosto de 2011  • 10:43

Hoy, en la Argentina, hay cerebros que vuelven. El Programa Raíces (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior) es el que les abrió las puertas. En 2003, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (en aquel momento, era una secretaría) relanzó el proyecto. "Antes existía, pero sin un financiamiento específico", dice el ministro Lino Barañao.

Uno de los pilares del programa es la radicación en el país de científicos argentinos que trabajan en el exterior. Lo que se hace es pagar los pasajes para que puedan volver. También se financian sus salarios en forma decreciente: el primer año, el Estado paga el 80%, el segundo año, el 60%, y así hasta que finalmente la institución en la que está el investigador paga el total del sueldo. Además, se dan subsidios para que las instituciones (facultades, laboratorios, el Conicet, el INTA, algunas universidades privadas) mejoren la infraestructura. También promueve la vinculación de los científicos residentes en la Argentina y aquellos que viven en el extranjero.

"Cuando un país tiene que tomar decisiones ante cualquier dificultad, contar con tipos especializados es casi una necesidad básica. Las sociedades no se pueden desarrollar si no cuentan con intelectuales, con gente formada y capacitada en diferentes áreas", asegura Adrián Turjanski, uno de los 834 repatriados. Turjanski es doctor en Química, y se especializa en Bioinformática, que es el uso de computadoras y algoritmos para estudiar problemas que son de interés biológico.

En 2005, cuando ya se había doctorado en Química y había hecho un posdoc, viajó a Estados Unidos con una beca del Instituto Nacional de Salud de Maryland, que le permitió pagar los costos del viaje y le consiguió un trabajo allá a su esposa. Ella es odontóloga y trabajaba haciendo investigación. Se fueron con su hijo. La idea era ir un tiempo, porque había una posibilidad de trabajo para los dos. "Me fui con la idea de que era muy probable que me quisiera volver", dice. Así fue: Turjanski volvió con su esposa y su hijo en 2008. El Programa Raíces le pagó los pasajes y le consiguió un trabajo en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, donde da clases de Bioinformática.

En septiembre de 2000, Mario Ranalletti se fue con su esposa a Francia. Tenía una beca para ir a París a hacer una maestría en Historia. Su plan era volver en septiembre de 2001 a Argentina para incorporarse como docente en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. "Más o menos a los seis meses de estar allá nos quedamos sin beca porque una de las primeras medidas de Cavallo antes del corralito fue bloquear el envío de divisas al exterior", cuenta. Así fue como se quedaron sin recursos. Recurrieron a argentinos que estaban allá para ver cómo sobrevivir, ya que tenían una visa de extranjeros sin autorización para trabajar. Hicieron pequeños trabajos clandestinos: cuidar chicos, dar clases de español. Se anotaron para hacer más estudios porque era la única posibilidad de prolongar su estadía y consiguieron una autorización para trabajar.

Al ver que no había mejoras significativas en Argentina, decidieron seguir estudiando. Otro de sus proyectos, quizás el más ambicioso, fue tener un hijo: Carlitos, que nació en 2003. Pocos meses después de defender la tesis, los Ranalletti volvieron a Argentina ayudados por el Programa Raíces.

Cecilia Mendive es marplatense y doctora en Química de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Después de la licenciatura, comenzó un doctorado, y el viaje a Alemania complementó sus estudios doctorales. Pero se quedó más tiempo del planeado porque con su jefe quisieron profundizar el trabajo en fotocatálisis. Además, influyó que allá había conocido a un hombre con el que se puso de novia y luego se casó. Mendive ahora trabaja en fotocatálisis, y busca la manera más eficiente de transportar la luz.

Y lo hace acá, en Argentina...

Fuente: Brando


Ilustracion de Fabián Mezquita



LO QUE VIENE.*



El consenso entre científicos y techies de todo el mundo señala que durante los próximos años la vida cotidiana de todos los seres humanos estará impactada por cambios antes solo reservados a la ciencia ficción. Esbozos de nuestra vida dentro de cincuenta años.



Salud

- El boom de los alimentos funcionales: los medicamentos serán suministrados a través de fruta modificada genéticamente.

- El cerebro se utilizará menos para almacenar y más para procesar información: los pensamientos, sentimientos y recuerdos se almacenarán en un disco rígido artificial.



Medio Ambiente & Energía

- Habrá estaciones de energía solar para que recarguemos las baterías de nuestros dispositivos.

- La ciencia resolverá uno de los problemas ecológicos más grandes: el agujero de la capa de ozono.



Conquista Espacial

- Con descubrimientos en el metabolismo humano, el Hombre llegará a Marte.

- Poco después, se instalará allí una pequeña colonia de científicos autoabastecida.



Transporte

- Llegan los vehículos piloteados automáticamente, que se moverán por calles que regulan la velocidad de manera inteligente.

- Viajes en el tiempo. Los físicos dicen que es imposible, pero la ciencia seguirá trabajando para llevar al hombre al pasado y al futuro.



Recreación

- 3D en casa: la tele y las impresoras 3D llegarán a los hogares.

- El 10% de la población mundial serán androides y con ellos llegarán los combates deportivos y los juegos olímpicos de androides.



* Fuente: BT Technology Timeline [PDF] y "La vida dentro de 50 años", de Discovery Channel



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