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Por siempre chicos

Referentes de los espectáculos infantiles cuentan quiénes eran sus ídolos, cuáles eran sus juegos favoritos y por qué en el fondo de sus corazones no reniegan de seguir siendo niños
Sabrina Cuculiansky
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21 de agosto de 2011  

Diego topa

–¿Por qué trabajar para los chicos? –Cuando empecé teatro arranqué con un infantil y me encantó el público de los chicos. Siempre estuve en eso, al principio con teatro de bajo presupuesto, cooperativas y programas de cable para chicos. Me gustan los chicos y la comedia. Hace doce años quedé en un casting para Disney. Me encantó y dejé todo ahí. Son quienes me acompañaron en mi crecimiento y en mi carrera.

–¿A qué jugabas cuando eras chico? –Me encantaban los juegos, las hamacas y sacar la sortija. Me crié trepando a los árboles y en la plaza que mi abuelo fundó a la vuelta de casa, en el barrio de Caseros. Cuando falleció, mi mamá se hizo cargo del legado y hoy es la presidenta. A veces me llevaban de noche, me subía a la hamaca y jugaba a llegar bien alto. Esas experiencias son las que después surgen en las canciones. Andar bien alto y tocar las estrellas era lo que yo sentía cuando era chiquito, por eso sé lo que les pasa a ellos, los respeto y cuido mucho sus sentimientos. La plaza tiene toda mi historia.

–¿Quiénes eran tus ídolos? –Cuando era muy chico mis referentes eran Pipo Pescador, Julieta Magaña, María Elena Walsh, Margarito Tereré y Carlitos Balá. Siempre me gustó el mundo infantil y de adolescente me encantaba Xuxa e iba a ver a Candela en Canal 7. Veía todo.

–¿Las propuestas deben ser de entretenimiento o de formación? –Estar acompañado con todo, con formación y respeto, porque es un público que absorbe todo lo que le enseñás. Tiene que haber mucho amor, respeto y entretenimiento, que es lo que hace que los chicos no se dispersen. Canciones, música, aventuras..., eso es lo que me encargo de hacer. Sacarles sonrisas a los chicos. Al acompañarlos en su crecimiento, más que un trabajo siento un compromiso muy importante, una misión en la vida. Es el público más honesto, más sincero y eso me encanta y es lo que quiero hacer de por vida.

Diego Topa protagoniza, junto a Muni Seligmann, La casa de Disney Junior. Son mini-shows de la señal Disney donde hay canciones, juegos, curiosidades, nociones de inglés y mucha diversión. Este año filmó la película Hermanitos del fin del mundo.

Los cazurros

–¿Por qué trabajar con los chicos? Pablo Herrero: –Nos conocimos estudiando teatro. El punto inicial fue pensar qué nos gustaba hacer de chicos, qué era lo que nos disparaba la imaginación en los juegos y con eso armamos un espectáculo con una estructura que se repite en las propuestas de hoy.

–¿A qué les gustaba jugar? Pablo: –Yo soy marplatense y vivíamos a tres cuadras de la playa. Venían mis primos y jugábamos a lo mismo que en la playa, pero como en un mundo aparte. Eramos superhéroes, cada uno tenía su nombre, su frase salvadora, su colección de cangrejos y la cueva era el terreno baldío. Toda mi vida fui Guillermo Vilas en el garaje de mi casa y después Carlitos Balá. Tenía el pelo como él y tenía el Angueto, que era un cajón del puerto.

Ernesto Sánchez: –Jugar, creo que es literal. Nací en Capital, pero pasaba varios meses en un pueblo de Santa Fe y tenía la libertad de agarrar la bicicleta, meterme en un taller abandonado y armar un karting. Ese mismo espíritu de crear mundos imaginarios nos llevó a armar el primer espectáculo y hoy seguimos en eso.

–¿Quiénes eran sus ídolos? Ernesto: –Mi primera carcajada fue con Pipo Pescador, también me gustaba Plaza Sésamo. Con ellos aprendí a leer y escribir, y mi mamá estaba muy orgullosa. La tele era sólo un ratito.

Pablo: –Ahora, por una cuestión obvia de llenar espacios, hay muchos más productos en la televisión, no sé si buenos o malos, pero de entretenimiento. Antes, además de entretener, te dejaban algo. Fui a ver a Pipo Pescador en plena dictadura y nunca me olvidaré que hizo subir a los padres a las butacas, eso era una locura. También me gustaban los espectáculos de Hugo Midón, que hasta por la tele bajaban alguna línea más comprometida.

Ernesto: –El último Vivitos y coleando fue en 1986, yo ya era grande y lo miraba, tenía como 15 años. Con Cazurros a los chicos les pasa lo mismo, les da un poco de vergüenza, pero los más grandes siguen viniendo y les encanta.

–¿Hay que entretener o formar? Pablo: –Que los chicos se diviertan y que las historias imaginarias y los juegos los seduzcan. Que sea inolvidable, como cuando fui a ver a Pipo; después bajamos línea, jugamos, pero que se entretengan. Que tengan 11 años y todavía quieran venir es porque hacemos historias divertidas. Los papás también tienen ganas de traerlos, porque les parece un buen plan y también hay guiños para ellos.

Ernesto: –Además es una propuesta de cercanía, somos Pablo y Ernesto, Los Cazurros. No nos planteamos como superhéroes. Proponemos un juego y una historia, y aunque nos disfracemos somos nosotros. Ver a dos adultos jugando como si fueran ellos les gusta mucho.

Pablo: –Generar que los chicos lleguen a la casa y se pongan a jugar a Los Cazurros está bárbaro. Nos ponemos los cascos, hacemos una nave con dos almohadones o los transformamos en un noticiero. En un momento usábamos elementos reciclados y hoy nos dimos cuenta de que eso ya está en todos los canales, por eso buscamos la vuelta para proponer otra cosa. Hoy resignificamos objetos y elementos.

El carismático dúo integrado por Pablo Herrero y Ernesto Sánchez presenta por todo el país Invasión, su nueva propuesta teatral para chicos y grandes en la que, como es su sello indiscutido, propondrán al público compartir una hora de juego e imaginación sin límites. Además tienen su programa en la señal Paka Paka

Adriana

–¿Por qué trabajar para los chicos? –Desde chica supe que quería ser mamá y maestra jardinera. En la sala de jardín fue donde sentí que trabajar con los chicos era mi vocación. Me emociona su pureza, su simpleza y su capacidad de darle una vuelta a la imaginación. Porque con una ramita pueden construir una nave espacial y no necesitan nada sofisticado para crear y ser felices.

–¿Tus juego predilectos? –Cantaba con un cepillo y les daba recitales a mis muñecos. Después los ponía sentados como si estuvieran en el colegio y les daba clases. Me gustaba hacer coreografías e invitaba a la familia a ver el show. En casa de mis tíos nos dejaban armar una carpa con sábanas y sombrillas en el jardín. También el elástico, los disfraces y las canciones frente al espejo, el tinenti, el Tutti frutti, el poliladron, andar en bici, hacer collares de mostacilla y tocar la guitarra.

–¿Quiénes eran tus ídolos? –Mis abuelos, mis papás, mis tíos y, en el mundo de la tele, Carlitos Balá. Y me encantaba el Topo Gigio, me daba mucha ternura ese pequeño ratón tan humanizado, con sus diferentes vestuarios y miniescenografía. De más grande, Xuxa me gustaba; y de más grande aún, Hugo Midón.

–¿Entretener o formar? –Siento la necesidad de revalorizar el mundo de los más chiquitos, ya que a veces se descuidan los contenidos y muchas cosas más a la hora de armar los espectáculos. En muchos casos son sus primeras experiencias en teatro y hay que ser muy cuidadosos. Busco dejarles una puertita abierta a la imaginación, para que sigan jugando en sus casas. Busco transmitirles valores sanos, de un modo muy alegre y entretenido, y al mismo tiempo colaborar en la formación. Los chicos aprenden jugando y el adulto es un gran referente. Hay que ser criterioso y responsable a la hora de transmitirles diferentes propuestas.

Desde hace años, Adriana Szusterman ofrece sus discos y su show poblado de personajes. Está en el teatro Astral (Corrientes 1639) los sábados y domingos de este mes, a las 16

Otros casos

Mariana Cincunegui trabaja desde hace muchos años con niños a través de la música, la expresión y la exploración utilizando instrumentos, el cuerpo y la voz. Los chicos interactúan con literatura, plástica, movimiento y tecnología. Comenzó con el legendario Piojos y piojitos, luego con Mariana y Los Pandiya y últimamente editó el CD Alasmandalas.

Mariana Baggio es una cantante y compositora de música infantil con toques de folklore argentino. En sus discos está al mando de la voz y las flautas junto a Martín Telechanski en guitarra y Gabriel Spiller en batería y percusión. Grabó los discos Barcos y mariposas (1, 2 y 3).

Magdalena Fleitas dirige Risas de la Tierra, un centro cultural de música para niños muy pequeños. Tiene tres discos: Risas de la Tierra, Risas del viento y Barrilete de canciones que cuenta con invitados como Fito Páez, Kevin Johansen, Palo Pandolfo, Iván Noble, Luis Pescetti y los maestros de su escuela.

Papando Moscas es una poderosa banda de rock para chicos que se presenta con formato y en lugares de recitales desde hace 12 años. Editaron cuatro discos y dos DVD.

Caracachumba continúa fiel a su formato de música, humor, trabalenguas, juegos con palabras y canciones rioplatenses.

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