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Miles de exiliados vuelven para crear un nuevo país

Muchos dejaron empleos en Europa para unirse a la revolución
Elisabetta Piqué
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31 de agosto de 2011  

TRIPOLI.- Nadie sabe cuántos son exactamente, porque el régimen de Muammar Khadafy siempre ocultó datos de este tipo. Pero se estima que hay algo así como un millón de libios que viven fuera de Libia.

Entre ellos, muchos lo dejaron todo para unirse a la revolución que comenzó el 17 de febrero y se unieron a los rebeldes. Desde el comienzo de esta cobertura, me encontré con varios "combatientes de la libertad" venidos de Suecia, Dinamarca, Estados Unidos, Gran Bretaña...

Muchos otros, desde el exterior en los últimos meses ayudaron a la causa. Y ahora comenzaron a volver para reconstruir el país, para colaborar, para escribir un nuevo capítulo de historia.

"Antes venía a Libia de vacaciones y me deprimía porque veía que el país era un desastre, no se podía hablar, había que tener cuidado de que alguien fuera a denunciarme si decía algo que pudiera ser considerado ofensivo por el régimen", cuenta a LA NACION Sara Maziq, nacida en Misurata hace 38 años, graduada en ingeniería genética en Londres y hasta hace poco empleada de un banco de inversiones en Dubai, que acaba de volver a su país para quedarse. "Cuando el 17 de febrero me llamó mi papá desde Trípoli para decirme que había comenzado la lucha, para mí cambió todo, yo me volví patriota. Hice clic y dije basta, ahora tengo que ponerme a ayudar", sentencia esta joven de ojos negros llenos de esperanza, que se crió entre Roma y Londres, muy occidentalizada (sin velo y fumando en público, algo que en este país musulmán creen que sólo hacen las prostitutas), que perdió a varios primos en el conflicto.

"¿Qué hacemos para ayudar?, nos preguntamos entonces muchos libios que vivimos en el exterior, que comenzamos a juntar medicamentos, comida y teléfonos satelitales para comunicar a la gente de Benghazi", relata Sara, que empezó a organizar el envío de barcos desde Malta.

Tanto se entusiasmó con esto que, para agilizar trámites y sortear la burocracia, en junio directamente decidió registrar en Londres una nueva ONG que se llama Libya Aid Relief Effort.

Pero fue más allá. Sara dejó su trabajo y, consciente de que "Libia es un desastre, es un país donde no existe una sociedad civil", también fundó Libyan Civil Society Organization. Con esta ONG piensa colaborar para que en la nueva Libia haya transparencia y apoyo para las mujeres que en estos últimos meses de guerra fueron salvajemente violadas por khadafistas y que ahora "necesitan psicólogos para superar el trauma". "Decidí venir porque creo que los libios tenemos que estar seguros de que ahora haya un cambio verdadero, que toda la gente que murió lo haya hecho por algo", dice Sara, combativa.

Assad Alyani, 37 años, de Trípoli pero que en los últimos 20 años estuvo en Londres, donde trabaja en la Arab Banking Corporation, tiene una historia parecida. También, al comienzo de la revolución, sintió que tenía que hacer algo y creó una organización benéfica que se llama World Medical Camp for Libya, gracias a sendas donaciones de dinero. Assad acaba de llegar a Trípoli desde Túnez con dos camiones de medicamentos para repartir donde haga falta.

¿También piensa regresar a Libia? "Seguro voy a volver, pero no sé exactamente cuándo, tengo que ver", sostiene Assad.

A diferencia de la mayoría de los libios, que parecen confiar ciegamente en el nuevo gobierno, Sara tiene sus dudas. "Tengo cero confianza en la gente del Consejo Nacional de Transición: ellos están poniendo en los diferentes cargos a sus amigos, como Khadafy", dispara, sin pelos en la lengua, al contar que conoció a algunos de ellos en forma directa y la dejaron de lo más decepcionada.

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