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Tensiones y cambios en La Cámpora

En la organización creada por Máximo Kirchner se analizan reformas mientras crecen las disputas de poder
Jesica Bossi
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4 de septiembre de 2011  

La ola arrasadora de La Cámpora, el sello juvenil kirchnerista premiado con cargos , bancas legislativas y creciente protagonismo, empieza a impactar con sacudones dentro de sus propias filas , mientras asoma la discusión sobre cómo adaptarse a la próxima etapa.

La agrupación fundada por Máximo Kirchner, jefe en las sombras, expandió su poder bajo el paraguas presidencial, pero casi no dotó de organicidad su estructura. Ahora, de cara a una segura reelección, comenzaron a analizarse cambios: desde modificaciones en la mesa de conducción -hoy integrada por seis miembros- y anclar un esquema más territorial hasta la alternativa de convertirla en una corriente política que trascienda lo generacional para erigirse como el cristinismo. El rumbo -con retoques o sin ellos- lo definirá el hijo de Cristina Kirchner.

Después del rotundo triunfo en las elecciones primarias, La Cámpora bajó su perfil. Puertas adentro, hubo movimientos que anticipan una disputa de poder, según reconstruyó LA NACION de referentes de la organización. Se desató, a la vez, una infructuosa cacería para evitar filtraciones a los medios.

Las rencillas, que se remontan al origen mismo del espacio, fueron más perceptibles el último mes. El episodio más notorio fue el faltazo que pegó La Cámpora a una cena que encabezó en Parque Norte el candidato a vice, Amado Boudou, en una cruzada para consolidarse como mandamás de la Capital. Sin avisar, dejaron 20 sillas vacías, incluidas las de los referentes del territorio, Andrés Larroque ("Cuervo"), secretario general, y el legislador Juan Cabandié.

La dupla hace tiempo que mantiene una pelea por el liderazgo local, que se profundizó durante el proceso electoral. Hace diez días, antes del encuentro, Larroque ordenó no asistir después de un cruce con Cabandié, que sí estaba dispuesto a ir. Las razones eran varias: no habían tenido injerencia -como en otros casos- en el armado ni en la organización del evento; no tenían el espacio pretendido y, además, subyacen diferencias de fondo con el compañero de fórmula. "Nosotros no somos la guitarra", dijo más de una vez Larroque, en referencia al estilo descontracturado y más cercano a Pro que imprime Boudou, además de su objetado pasado liberal.

Dos visiones

Como vértice institucional de La Cámpora, el "Cuervo", que será diputado nacional, es el más ideologizado y cercano a Máximo. Su contracara, en formas y manejo, es José Ottavis, también miembro de la mesa chica, nunca digerido del todo por el resto y amparado bajo el ala de Boudou. Su modo de construcción, como titular de la JP bonaerense, está vinculado a la estructura de los municipios. Un escaneo de sus principales colaboradores -a quienes promueve en una eventual nueva mesa dirigencial- reflejan su plasticidad: Santiago Carreras (secretario de Juventud del gobierno de Daniel Scioli), Juan Debandi (joven de Hugo Curto, en Tres de Febrero) y José Pérez (referente de Mario Ishii, en José C. Paz).

En lo formal, Larroque designó a Jorge Romero ("Loco") delegado suyo en la provincia de Buenos Aires. En la práctica, Ottavis teje poder propio: aspira a convertirse en jefe de bloque de la Cámara de Diputados bonaerense (allí, La Cámpora obtendría ocho escaños) y tiende puentes con Scioli. Hace dos semanas almorzó con el jefe de gabinete provincial, Alberto Pérez, para dialogar sobre un asunto clave: la convivencia en la Legislatura.

La audacia de Ottavis produce resquemor no sólo entre sus pares, sino en el Gobierno. Sobre todo, cuando encabeza sus pedidos o sugerencias con la frase "Me dijo Máximo". Menos estridente fue el posicionamiento de Eduardo de Pedro ("Wado"), directivo de Aerolíneas Argentinas, con banca asegurada en el Congreso y el único al que en los pasillos de la Casa Rosada consideran "ministeriable". Durante la campaña, esquivó las discrepancias internas y se enfrascó en Mercedes, su distrito, donde impulsó la candidatura a intendente de Juan Ustarroz, hijo de sus tíos, con quienes se crió luego de la desaparición de sus padres. En las primarias, se impuso por 557 votos ante Carlos Selva, el actual jefe comunal, apoyado casi abiertamente por Scioli. "Era complicado ganar. Hizo todos los deberes", explicó un funcionario camporista.

"Wado" enlazó vínculo estrecho con el ministro del Interior, Florencio Randazzo, pero hoy tiene diálogo con todos los miembros del gabinete e incluso con la Presidenta. Ese acceso no redunda en influencia concreta: así lo comunica él cada vez que un gobernador o intendente le pide que intervenga para destrabar alguna gestión ante el Gobierno.

Aunque en etapa expansiva, La Cámpora sufrió desplantes y algunas deserciones en sus filas. Ocurrió en Formosa y Corrientes, ejemplos minúsculos, pero que ocasionaron revuelo. Como el portazo del responsable de la cuarta sección electoral, Nicolás Barbier, sobrino de un alto funcionario, que dimitió al Ministerio del Interior y envió un mail interno con duras críticas a Randazzo por haber quedado relegado en la lista de diputados provinciales. "Si todos piensan que militar es tener un cargo, ya les pudrimos la cabeza", se sinceró un joven K.

EL ARMADO POLÍTICO EN NÚMEROS

Aunque todos tributan a Máximo Kirchner, La Cámpora está liderada por una mesa colegiada de seis miembros, cuyo secretario es Andrés Larroque, y hay responsables en cada provincia. Si se repiten los resultados de agosto, podrían conseguir hasta 12 diputados nacionales, 8 legisladores bonaerenses y bancas en el interior. Tienen chances, en elecciones reñidas, dos candidatos a intendente: Juan Ustarroz, en Mercedes, y Francisco Durañona, en Areco.

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