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Tengo un mal comportamiento

Juan Garff
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9 de septiembre de 2011  

Autor e intérprete: Luis Pescetti / Músicos: M. Telechanski, D. Pojomovsky y G. Spiller / Sala: Metropolitan 2 / Funciones: Sábados y domingos, a las 17

Nuestra opinión: muy buena

Tiene a su público cautivo. Sin necesidad de una gran campaña de prensa previa, lo esperan coreando su nombre, lo reciben con estruendo de tribuna, celebran cada gag y no dudan en hacerse cómplices de las movidas que organiza en las butacas. Fiel al título del show, Luis Pescetti puede tener incluso el mal comportamiento musical de presentarse con la voz un tanto forzada, el clima se genera a pesar de todo y por todo. ¿Cómo hace? Una de las claves está posiblemente en su elaborada honestidad, valga la aparente contradicción de los términos. De uno y otro bando, no hay quien pueda escapar a la identificación con sus apuntes sobre la relación entre padres e hijos, en el fondo siempre al borde del (tierno) ridículo. Es la risa que surge de verse "descubierto".

Como siempre, se interrumpe a sí mismo, remite a cuestiones que se le cruzan por la cabeza, retoma el hilo de la canción, atiende a un gesto en la platea para hacer un comentario que tiene validez (y risa) universal. Como siempre, resulta de una eficacia perfecta.

Entre las risas, vale la pena no dejar escapar destellos de música entreverados con una poética sagaz, como en "Pendiente de vos" y "Babouches". Cuenta para ello con el apoyo de una banda que sabe poner el contrapunto (y también acotar lo suyo, como una referencia al "hamburguesamiento" a que se ven expuestos los chicos). El juego con la pantalla gigante resulta una parodia reciclada de los grandes recitales: no aparece la imagen del artista, sino las letras de sus canciones. Es el mensaje el que importa y que los espectadores puedan apropiarse del mismo. Pero el mensajero es inseparable del mismo. Y por eso es acertado que por momentos Pescetti pida apagar la pantalla, para que miradas y oídos vuelvan a concentrarse en el contacto directo entre este trovador contemporáneo y su público. Como define el mismo Pescetti, casi al pasar, al pedir que no se permita la interferencia de los celulares: se trata de "esa delicada construcción de la emoción compartida".

Por: Juan Garff

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