La Web 2.0 sepultó la Intranet

Ernesto Van Peborgh
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11 de septiembre de 2011  

Las herramientas colaborativas que impulsó la Web 2.0 sellaron el fin del reinado de la Intranet como medio para difundir información entre los empleados. La unidireccionalidad de la Intranet, que comunica en forma lineal y de arriba a abajo (top-down), así como sus limitaciones a la hora de encauzar mensajes segmentados, contribuyó a su ocaso. En un contexto de cambio cultural vertiginoso, que nos incita a participar a través de redes sociales y otros medios que se caracterizan por su horizontalidad y dinamismo, la naturaleza estática de la Intranet la relega a un status de archivo.

Pioneros en la percepción del impacto de los medios sociales en la cultura laboral, algunos CEO y directores de áreas estratégicas –RR.HH., Comunicaciones, Procesos y Marketing– están optando por la sustitución o la integración de la vieja Intranet con una red colaborativa interna, dotada de herramientas que impulsan la interacción, la construcción de conocimiento, la innovación, y que permiten una gestión inteligente de toda esa actividad.

A diferencia de la Intranet –nacida para compartir sistemas de información con la totalidad de la organización–, la red colaborativa surge como una herramienta de conexión y gestión cualitativamente diversa que da lugar a un nuevo activo: el conocimiento colectivo empresarial, que suma a la capacidad comunicacional de la Intranet el potencial de innovación de la red.

La Intranet se desarrolla en un sentido único, a partir de la iniciativa de quienes a priori son autorizados para seleccionar destinatarios y generar la información que se enviará en la típica dinámica top-down. Como resultado, lo que se comunica se convierte en un cuerpo estático, que no puede ser co-construido ni enriquecido.

La red colaborativa, en cambio, propone y promueve una nueva lógica de relación, que avanza de abajo hacia arriba (bottom-up) y, por ende, una nueva lógica de trabajo entre los miembros de la organización. A través de sus herramientas y las formas de interacción que promueve, la red, y por ende, la organización, incrementa su capilaridad. Esto es, aumenta y desarrolla su capacidad de absorción de conocimiento. Porque sean los usuarios estrategas, gerentes, implementadores, staff o –dependiendo del diseño de la red– miembros de la comunidad de públicos interesados (stakeholders), todos pueden nutrir con su aporte.

La red colaborativa no sólo sirve para circular información, ideas e iniciativas: es el ecosistema que permite a la organización captar, crear, incorporar, circular, asimilar y rankear continuamente el conocimiento. En suma: es el dónde y el cómo la organización aprende, generando capital social. Es también el espacio donde el cambio se hace realidad, lo que exige un proceso de acompañamiento y legitimación por parte del liderazgo de la compañía, que debe colaborar para que se consolide como espacio.

La posibilidad de conectarse agregando a otros miembros de la organización como contacto, tal como lo hacen los medios sociales, transforma a cada usuario de la red colaborativa en un nodo que construye, dentro de la red, sus propias comunidades de trabajo tejiendo un entramado de conexiones rico, flexible, versátil y personal.

Mi experiencia en la gestión de redes internas me demostró que representan una poderosa herramienta para Recursos Humanos, porque permiten intercambiar y consensuar buenas prácticas y soluciones, dinamizan el trabajo entre áreas, potencian las sinergias entre sectores, y facilitan la creación y gestión de grupos de trabajo entre personas de diferentes locaciones. En cuanto a la gestión agilizan la dinámica empresaria, ya que otorgan transparencia a los procesos dando visibilidad a los intereses, la actividad y la proactividad de cada miembro de la organización, facilitando compartir y circular el conocimiento, incentivar la creatividad, detectar oportunidades de mejora e innovación, e identificar recursos y talentos.

Tal es el potencial de la red colaborativa interna que, integrada a la vieja Intranet o como un sustituto de enorme valor agregado, inaugura un paradigma para los recursos humanos.

El autor es especialista en redes y fundador del Viaje de Odiseo. 

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