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José Bianco y su mirada sobre Graham Green

Ernesto Schoo
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17 de septiembre de 2011  

Seguimos esta semana asomándonos a la obra de grandes escritores, no muy conocidos (ni siquiera por sus compatriotas), que dedicaron algunas páginas al teatro. Hoy le toca a José Bianco (1908-1986), autor de memorables relatos ( Las ratas , Sombras suele vestir ), de una magnífica novela ( La pérdida del reino ) y de un tomo de ensayos y reflexiones sobre temas y personajes literarios, Ficción y reflexión (Fondo de Cultura Económica, 1988), en cuyo prólogo Borges declara: "José Bianco es uno de los primeros escritores argentinos y uno de los menos famosos. La explicación es fácil: Bianco no cuidó su fama, esa ruidosa cosa que Shakespeare equiparó a una burbuja y que ahora comparten las marcas de cigarrillos y los políticos. Prefirió la lectura y la escritura de buenos libros, la reflexión, el ejercicio íntegro de la vida y la generosa amistad".

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De aquella edición del Fondo de Cultura extraemos párrafos de la nota titulada "El teatro de Graham Greene", aclarando que Bianco analiza, ante todo, los temas tratados por el célebre escritor inglés, y no tanto sus virtudes dramáticas. "En obras serias y pasatiempos divide Graham Greene su literatura de imaginación y la somete, sin distinción de géneros, al código más bien severo que rige algunas novelas policiales: economía de la intriga, número reducido de personajes, planteo, desde el comienzo, de todos los términos del problema, suspenso creciente, desenlace y sorpresa final. Su primera obra de teatro, The Living Room , El cuarto en que se vive era seria; otro tanto podemos decir de The Potting Shed , traducida al español, también por Victoria Ocampo, con el título de La casilla de las macetas. Son obras que concilian dos aspiraciones en cierto modo contradictorias del espectador: emocionarse, en la acepción noble, espiritual del término, y pasar en el teatro un buen rato, divertirse. Agreguemos que son obras trascendentes, en el sentido estricto de la palabra. En efecto: ¿quién es la supuesta causa de todas las causas y está más allá del hombre y del mundo, ambos defectuosos y finitos? La respuesta es obvia: Dios. En las obras serias de Graham Greene, el personaje de mayor importancia, el que provoca el conflicto y lo resuelve a su manera, contra todo y contra todos, es Dios (?) Pero hay un escollo que Greene, en El cuarto en que se vive , logró evitar con felicidad. El triunfo de Dios, su triunfo aplastante, diríamos, lleva implícita la derrota de los demás personajes. Y estos personajes aplastados, estos seres desvalidos que se han esforzado en luchar contra aquel que los maneja, severamente, desde lo alto, son a la vez sus propias criaturas, las criaturas de Dios. Porque he señalado dos características de las piezas de Greene: son serias, son trascendentes; agreguemos una tercera: son edificantes. Tienden a mostrarnos que Dios ama a sus criaturas, a pesar de las malas pasadas que les juega. Ahora bien, la escena en que nos muestra el triunfo de Dios tiene que ser por fuerza la penúltima. En la última vemos que la justicia de Dios ha sido implacable, pero que su misericordia es infinita. Al final, como dice la Escritura, todo será para bien, o a lo menos los personajes y el público tratan de convencerse de ello. Desde el punto de vista teatral, me pregunto, ¿el interés no habrá de decaer? No decaía en The Living Room ".

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