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El mercado más grande del mundo

Esta obra colosal construida en Avellaneda hacia 1890 comercializaba lanas, cueros y otros productos
Carlos Newland
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1 de octubre de 2011  

Fue el mercado cubierto de productos agropecuarios más grande del mundo. Su monumental edificio se situaba sobre la costa del Riachuelo, en la actual Avellaneda. La obra era tan colosal que fue tema de numerosas postales que aún pueden adquirirse en MercadoLibre o eBay. Al observar las relativamente pocas fotos que han sobrevivido del mercado no podemos dar crédito a nuestros ojos. Su dimensión era indescriptible y no por nada el proyecto fue denominado "La locura de Casey", ya que parecía estar fuera de toda proporción imaginable. Sólo en 1901 en la ciudad de Liverpool se inauguraría un depósito de dimensiones similares, el Stanley Dock Tobacco Warehouse.

A fines del siglo XIX, el Riachuelo concentraba gran parte de la actividad portuaria de Buenos Aires. En embarcaciones y veleros de calado intermedio y a través de muelles más o menos precarios sobre sus costas se cargaba buena parte de las exportaciones locales.

Fue en ese entonces que el empresario Eduardo Casey (fundador de Venado Tuerto, Coronel Suárez y Pigüé) decidió que faltaba allí un enorme muelle y barraca conectados con la red ferroviaria (del Sur y Oeste), que también funcionara como un mercado de productos locales. Para ello formó la Sociedad Anónima Mercado Central de Frutos en 1887, adquiriendo previamente un terreno de más de 115.000 metros cuadrados en la ribera sur del Riachuelo, a la altura donde hoy se ubica el puente Pueyrredon. Casey obtuvo financiamiento para el emprendimiento a través de Inglis Runciman, de la entidad financiera Morton Rose en Londres, con lo que se posibilitaron las obras de la edificación, del muelle y playa ferroviaria que quedaron terminados entre 1889 y 1890.

El proyecto arquitectónico estuvo a cargo del alemán Fernando Moog, quien dotó al edificio de tres pisos (cada uno de cuatro metros de altura), con un total de 150.000 metros cuadrados cubiertos, divididos en nueve enormes galpones con calles internas recorridas por trenes y carros en los que operaban 78 guinches hidráulicos. De ladrillos, tenía un armazón de hierro batido con 2452 columnas, con un techo de hierro galvanizado, e incluía 3000 ventanas para iluminación y ventilación. Su capacidad era de 400.000 metros cúbicos.

La actividad que desplegó fue enorme y unos años después de su inauguración su capacidad fue superada por la demanda. Al mercado ingresaban de 400 a 500 vagones por día (cada uno con 1000 a 2000 toneladas) cargados de lanas, a los que se sumaban cueros, cereales, sebo y plumas. En 1910, por ejemplo, pasaron por sus galpones 90 millones de kilos de lana, 30 de cueros, 80 de cereales y 117 de otros productos.

Actividades

Las funciones del mercado fueron en primer lugar reunir a compradores y vendedores. Allí los consignatarios de lana y cueros y otros productos se reunían con representantes directos e indirectos de industrias del exterior y, desde la década del 20, representantes de la industria textil local en crecimiento. Asimismo, el edificio servía de depósito temporario para los productos que arribaban del interior del país por tren, carro o embarcaciones de cabotaje. En sus plantas permanecían hasta que eran embarcados hacia plazas internacionales, en especial Bélgica, Francia y Alemania, los principales importadores de lanas argentinas.

En el Mercado se controlaba el estado y características de los productos (como su humedad, deterioro) y en especial su peso, todo lo cual hacia más previsible las operaciones comerciales. El Mercado ofrecía financiamiento a través de préstamos y operaba como un mercado de futuros, emitiendo por la lana certificados de depósito negociables. Finalmente también se encargaba de carga y descarga de los productos de los medios de transporte que utilizaban.

Su declinación se situaría después de 1940, al cerrarse progresivamente el país al comercio internacional y al perder importancia portuaria el Riachuelo. La intervención del Estado en el comercio exterior (IAPI) hizo que perdiera sus características financieras y se transformara en un mero depósito a cuenta del Estado. En 1963 cesaron sus actividades. La obra monumental terminó siendo demolida en 1966, para gran perdida del patrimonio histórico del partido de Avellaneda.

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