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Abogados que siguen estudiando

Raúl A. Farías
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2 de octubre de 2011  

Con algo más de 16.800 flamantes abogados egresados anualmente de las facultades de Derecho de todo el país y un mercado laboral legal altamente exigente y competitivo, no es difícil advertir la presión que sufren los jóvenes profesionales próximos a recibirse o recién salidos de la universidad. Y eso aun sin tomar en cuenta que aunque ese número resulte abrumador representa sólo el 5% de los 300.000 estudiantes de Abogacía en toda la Argentina, como lo refleja un reciente informe realizado por la Coordinación de Investigaciones e Información Estadística dependiente de la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación.

Sin embargo, son cada vez más los que asumen sin lamentarse de esta realidad y actúan en consecuencia desarrollando por sí mismos, oferta académica en mano, el plan de estudios que necesitan para no naufragar en el mar de ofrecidos. Y eso es así porque la educación de grado no les ofrece todo lo que hoy necesitan para desarrollarse como profesionales competentes.

Se advierte que una gran angustia asalta a los jóvenes profesionales cuando al salir de la Facultad de Derecho toman conciencia de que su paso por la universidad sólo les ha dado un muy buen sistema de razonamiento jurídico y el conocimiento del derecho positivo, pero muy poco de otras exigencias básicas del momento.

Se les ha enseñado a pensar jurídicamente, pero no como abogados; han estudiado materias en compartimentos estancos y descontextualizados que les impiden hacer una correcta clínica del caso; han resuelto situaciones de laboratorio, pero no conocen la abogacía en tiempo real; se les ha privado de metodologías de enseñanza gobernadas por flujos de trabajo que tengan en cuenta las innumerables variables del comportamiento humano y de las coyunturas sociales, económicas y políticas del mundo que les toca vivir; tampoco se les ha mostrado adecuadamente el enorme universo de disciplinas en las que un abogado puede desarrollarse, llevándolos a precipitarse en alguna especialidad sin más parámetros que el de una vaga inclinación.

Sin embargo, superada la desazón inicial y ante la evidencia irrefutable de que con el título de abogado no es suficiente para ser competitivos conforme las actuales exigencias, deciden sin más lamentaciones armar su propio currículum explorando las formas de hacerse de los elementos que les faltan para llamarse abogados, que por cierto los hay, en la forma de programas de formación práctica, cursos de posgrado y de idiomas.

Este nuevo abogado tiene de su lado la ventaja de pertenecer a una generación tecnológica cuyo manejo, prácticamente nativo, le facilitará enormemente el acceso a las nuevas formas de trabajo y de relación profesional que a esta altura ya se consideran instaladas en nuestro medio, pero sobre las que también deberá profundizar.

Lejos, muy lejos, quedó la práctica de nuestra profesión exclusivamente como un arte.

Hoy, el nuevo abogado se prepara en todos los frentes: clínica, habilidades, tecnología y especialización.

El autor es director académico IT del Programa de Entrenamiento de Abogados de Fores

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