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Shlomo Mintz

Juan Carlos Montero
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4 de octubre de 2011  

Interpretes : Shlomo Mintz (violín) y Beatrice Berrut (piano). Programa : Obras de Ludwig Van Beethoven, Antonin Dvorak y Camille Sainte-Saëns. Organiza : Nuova Harmonia. Sala : Teatro Coliseo.

Nuestra opinión: muy bueno

La novena sonata para violín y piano dedicada al violinista francés Rodolphe Kreutzer -a quien Beethoven conoció en Viena, según parece en 1798- generó algunas historias, como por ejemplo la que dice que, de tan difícil, el mismo destinatario se habría negado a tocarla en público calificándola de terrorismo musical. Asimismo, se llegó a escribir en una publicación de la época que el autor había llevado su deseo de singularidad hasta el terreno de lo burlesco y, ya en nuestro tiempo, se afirmó que la partitura era una batalla cuerpo a cuerpo entre el violín y el piano.

Pero aquí, con el encanto definitivo de escucharla con los intérpretes en vivo, enfrentados a la magia de ofrecer su arte sin los artilugios de la tecnología, se valoró una vez más el talento del compositor y la solvencia indudable de un violinista de prestigio internacional como es Shlomo Mintz.

Sin embargo, el punto más destacado y gratificante fue el haber escuchado a una pianista excepcional como Beatrice Berrut, no sólo por su delicadeza y acierto estilístico, sino también por su temple frente a la magnitud del compromiso que incluyen las complejidades que le otorgó Beethoven a su instrumento favorito. A ello se sumó el desarrollo de un programa variado en estilos, y el trance de un debut frente a un público y un piano desconocidos para ella.

Y el contraste llegó cuando ambos instrumentos encararon la hermosa romanza para violín y piano de Dvorák que -transcripta para violín y orquesta- se dio a conocer en 1877 y que evoca la atmósfera musical de uno de los cuartetos del notable compositor de Bohemia. Se trata de un pasaje lento de bella melodía; una especie de lamento que transitan en forma conjunta violín y piano. Y frente al acierto interpretativo de los dos artistas vino el recuerdo del gran compositor que también plasmó una versión para violín y orquesta; ambas miradas con ese tema cantabile etéreo que modula de tonalidad y acaso provoca una imagen de campiña donde se dibuja una iglesia de finas torres y se presienten suaves campanas.

En la segunda parte, la Sonata Nº 2 para piano y violín O p. 102, de Camille Saint-Saëns, inspirada en la métrica poética de la antigüedad griega, se confirmó como una página ideal por su inspiración y las posibilidades que ofrece para dejar escuchar al violín y una escuela de arco que permite afrontar todas las posibilidades y alardes de técnica en la digitación y en el arco.

En las versiones ofrecidas, sobresalió el grado de perfección por parte de la pianista Beatrice Berrut, quien pareciera poseer todas las dotes para constituirse, además, en una futura concertista llamada a desarrollar aún más su brillante carrera.

Por su parte, como no era ninguna novedad, la mesura, sabiduría y experiencia de Shlomo Mintz le permitieron cumplir su tarea con sobriedad y, por sobre todo, dejando escuchar una vez más en Buenos Aires la calidad de su majestuoso sonido en la zona grave del registro.

Frente al beneplácito del público, el agregado de Las variaciones sobre un tema ruso, en el que aparece la pincelada de El gallo de oro , de Nicolái Rimsky-Kórsakov, en una impecable ejecución. En definitiva, una noche de muy buena calidad artística.

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