"Es un compromiso con la ciencia de alto nivel"

Lo dijo el presidente de la Sociedad Max Planck
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7 de octubre de 2011  

Hace un par de años, Peter Gruss, director del Instituto Max Planck para la Química Biofísica y actual presidente de la nave insignia de la investigación alemana, tuvo oportunidad de ver el abandono que dominaba el terreno de las ex Bodegas Giol. Hoy está sorprendido por los nuevos edificios, y especialmente por el que ocupará el centro que surgió como fruto de la colaboración entre la Sociedad Max Planck y la ciencia local.

"Me siento admirado en varios niveles -dijo el profesor Gruss-. El primero es que un país como la Argentina se comprometa con la ciencia de alto nivel, en traer a los mejores para que investiguen aquí la solución a problemas esenciales para el mundo entero. Después, porque encontraron un lugar muy bello y convirtieron un antiguo edificio en algo que le va a dar nueva vida a toda el área. Y en último lugar porque este instituto es de nivel mundial, y el primero en su tipo en América del Sur. Tiene todos los requisitos necesarios para hacer ciencia de excelencia."

Si todo se cumple como está planeado, el nuevo centro Max Planck en Buenos Aires comenzará a funcionar a principios de 2012, cuando termine de equiparse, y en dos o tres años estará operacionalmente completo, con una dotación de 120 investigadores.

"El staff inicial será de entre 40 y 50 científicos", cuenta el doctor Eduardo Arzt, que será el director del instituto asociado.

Entre los ya comprometidos figuran varios investigadores argentinos que estaban trabajando en Europa y los Estados Unidos. Uno de ellos es Claudio Cavasotto, profesor adjunto del Departamento de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Texas, experto en modelado molecular y bioinformática.

Otro es Patricio Yankilevich, que retornará de España. María de la Paz Fernández vuelve de Harvard, donde desarrolló un modelo para estudiar neurociencias en la mosca de la fruta.

Y Damián Refojo, médico y biólogo, dirige un equipo de investigación en Munich, Alemania, con un presupuesto anual de 100.000 euros, pero regresará al país para trabajar en el Polo Científico y Tecnológico.

Para Gruss, el control de calidad con el que la Sociedad Max Planck evolucionó y se desarrolló a lo largo de décadas permitirá elegir a los investigadores más destacados y asegurará una producción del máximo nivel.

"Esa filosofía ya atrajo a argentinos que están en muy buenos centros y sin embargo desean volver a Buenos Aires", dijo.

El científico explica que el nuevo instituto no estará orientado a trabajar en una determinada enfermedad, sino a tratar de entender desde el punto de vista molecular un amplio espectro de desórdenes. "Tenemos que desarrollar plataformas intelectuales y tecnológicas para abordar diversos problemas en una escala amplia", dijo.

En ese sentido, consideró un acierto que se hayan reservado terrenos dentro del predio del polo para la creación de empresas. "Eso fue algo muy inteligente -afirmó-. Estoy muy contento, porque si uno se fija en cómo funciona la innovación, siempre encontrará las industrias de alta tecnología cerca de donde se hace ciencia de vanguardia."

La Sociedad Max Planck posee una división dedicada a la innovación que ya dio lugar a la creación de un centenar de empresas.

"Si se pretende avanzar, hay que invertir en cerebros y formar recursos humanos", enfatizó. Y puso como ejemplo un estudio que analizó todas las patentes registradas en los últimos 20 años en los Estados Unidos. "La conclusión fue que más del 70% surgieron de investigaciones con financiación pública", concluyó

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