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El delantero leal

Fortalecido como gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli dice que siempre pone la cara y que busca el consenso antes que la confrontación. Frente a las críticas por su férreo vínculo con la presidenta, aclara: "No trabajo con obsecuencia"
Any Ventura
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9 de octubre de 2011  

La Ñata es su lugar en el mundo, allí en el Tigre, al borde del río. Son las 11 de la mañana del sábado y apenas nos acercamos con el auto varios hombres de seguridad nos hicieron pasar. No se trata sólo de una casa, sino de un conjunto de construcciones donde además está la casa de dos plantas, más privada y más íntima. Es confortable, de líneas simples y modernas: frente al río, los distintos espacios de estar; en un costado, lo que él llama El Museo, donde las paredes, el techo, todo está abarrotado de recuerdos de su vida. Fotos con distintos personajes, trofeos de su época de deportista, camisetas de distintos clubes, afiches de publicidades de Karina, todo con estilo, con una estética cuidada, nada está colocado al azar, nada desentona. Un pasillo vidriado muestra la amplia cocina donde Mari, con varios ayudantes, prepara el almuerzo. "Hoy, nada de carne, pescado o pastas", dice al pasar. Se llega a un salón algo más íntimo, clima amable frente al río. Sorprende el aroma a incienso, todo es de un gran refinamiento. Afuera, en un muelle de dimensiones interesantes, se luce una gran lancha cubierta.

Daniel Scioli, a los 54 años, es un personaje muy conocido, difícil de describir sin caer en detalles obvios. El hombre que gobierna la provincia de Buenos Aires desde hace casi cuatro años parece haber incorporado todas las enseñanzas de El arte de vivir, de todos los gurúes budistas. Tiene un temple envidiable. "El enojo es una señal de debilidad al igual que la rudeza", dice Sri Sri Ravi Shankar. Este parece su lema. Frente al vasto paisaje, un hombre que busca reafirmar su poder desnuda sus pensamientos en una charla intensa.

–¿Qué aprendió en estos años como gobernador?

–Cuando analizo y reflexiono sobre las cosas que me han ocurrido en la vida, es como si todo lo que me fue pasando me hubiera ido preparando para asumir una responsabilidad tan grande como ésta: ser gobernador de la provincia más grande del país. Considero entonces, por un lado, lo que tenía, la experiencia en la vida, y por el otro, lo que aprendí, la experiencia en la política.

–Sin hablar de generalidades, ¿qué fue lo peor de estos años? ¿Cuál fue el momento más difícil?

–Desde lo humano, desde lo personal, la pérdida de quien fue el hombre que confió en mí para que lo acompañara en 2003, Néstor Kirchner. Y la enfermedad de Alberto Balestrini me golpeó muchísimo [el ex intendente de La Matanza sufrió un ACV en abril último], porque es un hombre en quien yo me apoyaba permanentemente, es una persona muy confiable, muy previsible.

–¿Cuál fue el momento político más complicado?

–Fue el desencuentro con el campo [interesante la elección de la palabra: no es, para él, el enfrentamiento ni la pelea: es un desencuentro]. Luego, el caso Pomar. El caso Píparo también fue atroz: le dispararon a una mujer embarazada. El choque de trenes, la nena cuando se cae en el pozo. Estuvimos siete horas parados al lado hasta que la pudimos rescatar. Y, obviamente, el caso Candela. Estoy desgarrado desde el punto de vista personal por el hecho de cómo las miserias humanas se apoderaron de la vida de una nena de doce años. Desde el punto de vista institucional estamos haciendo los mayores esfuerzos por descubrir a los asesinos.

–Es interesante que usted haya estado presente siempre en cada lugar de conflicto y que la gente no lo insulte.

–Creo que hay una impronta sin especulaciones en mi gestión. Siempre pongo la cara, siempre me hago cargo del problema, con responsabilidad.

–Es cierto, nadie puede decir que no ponga el cuerpo.

–Es mi sentido del deber, es la misión que tengo. Cuando uno gobierna, es el máximo responsable. ¿Sabés la cantidad de veces que averiguo cómo están las cosas en tal lugar y me dicen: no vayas? Cuando chocaron los trenes en San Miguel, yo estaba ahí, en el medio con los familiares, rescatando víctimas. Otra vez fue igual en un choque en un paso a nivel. Y la gente, que en esos momentos está mal, lo toma a bien.

–De usted sorprende el hecho de que no parecen importarle las críticas, que no le entran las balas, se comenta. ¿Cómo hace?

–Lo que pasa es que tengo un enfoque distinto con respecto a las críticas. Yo tomo las críticas cuando son de buena fe, como otra guía para ir corrigiendo lo que tenga que corregir. Soy muy respetuoso de la libertad de prensa y de las diferentes opiniones.

–¿Es o se hace el ecuánime?

–Any, yo he generado en la provincia las condiciones para que haya una actitud constructiva, incluso con las fuerzas opositoras. Siempre busco consenso. Yo soy de descomprimir conflictos, de buscar en todo momento los caminos que nos lleven a un acuerdo.

–Algunos se burlan de sus caballitos de batalla, con trabajo, con esfuerzo, palabras que repite siempre.

[Se sonríe complacido] –Después de haber ganado una elección con el 50 % de los votos, un sábado a la mañana, con sensación térmica de un grado bajo cero, fui a San Miguel a inaugurar un centro de atención comunitario para quinientos chicos, y después fui al barrio Obligado, donde hicimos veinte cuadras de asfalto. Teniendo este respaldo que tengo ahora, hay que responder con más trabajo, con más esfuerzo, con más dedicación.

–De todas maneras es un político atípico. Usted es difícil de encuadrar: hace gestos para pedir que se abran las exportaciones de trigo y al mismo tiempo está al lado de Cristina en los actos cuando critican al campo. ¿De qué lado está?

–Hemos visto en el pasado las consecuencias que trae cuando hay conflicto entre los gobernadores de la provincia de Buenos Aires y el presidente de turno. Por eso, apenas la situación con el campo se empezó a descomprimir, retomé la relación con el sector agrícola-ganadero en mi agenda de trabajo.

–¿Usted estaba a favor de la 125?

–El tema es que se había distorsionado todo. Era ya una pelea donde se daba una escalada política con la que algunos siguen. Yo creo que hoy la gente pide: Pónganse de acuerdo. La pelea entre los políticos no genera trabajo, salud ni educación. Con el tiempo, la gente en la provincia de Buenos Aires, va entendiendo mi actitud. Trabajo con lealtad, no con obsecuencia. Esta es una gran diferencia y lo digo en el sentido de mi vínculo con la Presidenta, que ya va para diez años.

–¿Cómo la ve a Cristina sin Néstor?

–Con el fuego sagrado de quienes tienen que enfrentarse a situaciones límite y tienen que sacar lo mejor de ellos. Hubo claramente una evaluación muy positiva de los avances de su gestión. Una gestión que adquiere más magnitud cuando uno ve lo que está pasando en el mundo.

–¿Cuál es el aporte de Gabriel Mariotto, el candidato a vice en esta campaña?

–Es un dirigente que tiene características muy interesantes. Viene de la militancia universitaria, fue decano de la Universidad de Lomas de Zamora, estudió Ciencias Sociales.

–Pero tiene declaraciones más fuertes que usted. Es polémico, confronta...

–Bueno, pero es el complemento de un equipo, ¿no? Con Néstor también teníamos personalidades distintas.

–Usted me gambetea las respuestas...

[Se ríe] –No... Yo no soy de encerrarme para trabajar, sino que soy una persona abierta. Y la verdad es que él está con una gran predisposición para colaborar y ayudar en la provincia.

–¿Cuál es el sueldo del gobernador?

–Alrededor de 20.000 pesos, a lo cual hay que sumarle toda la infraestructura que tenés, que te facilita todo, empezando por la residencia.

–En un reportaje anterior en LNR dijo que creía en Dios, pero que no iba a misa. El gran aviso rezando, entonces, ¿era para la foto?

[Lee en voz alta la nota] –¿Cree en Dios? Sí. ¿Va a misa? ¿Reza? No.

–¿Y entonces?

–Pero esa imagen es de una misa que se dio en la basílica de La Plata, en ocasión de las celebraciones patrias. A determinadas misas voy. ¿Cómo que no? Cuando son de carácter institucional o en recuerdo de alguien, voy. No voy regularmente.

–¿No va los domingos a misa?

–Claro, eso no. Y no soy de rezar todos los días, pero en situaciones determinadas sí.

–Porque esa foto produjo mucha inquietud...

–Mirá, yo tengo un vínculo con la gente que va más allá de lo político. Así, en el marco de una campaña que yo veía que venía agresiva, me pareció importante y oportuno contarle a la gente cómo estoy en este momento de mi vida, qué siento, qué pienso.

–¿Cómo es tener a su hermano Pepe en la vereda de enfrente, con De Narváez?

–Soy el hermano mayor, así que trato de ser muy abierto y comprensivo. Hemos logrado mantener esa línea de respeto.

–¿Por qué cree que tuvieron tan pocos votos Duhalde y Alfonsín?

–Vamos por la positiva: la gente ve en nosotros un equipo que viene trabajando desde hace muchos años, que ha dado soluciones; ve que hay coherencia, certidumbre, previsibilidad. Y los demás espacios políticos tuvieron muchas dificultades para poder integrar algo coherente que generara adhesiones.

–¿Cree que Duhalde es el pasado?

–Mirá, de mi parte nunca vas a escuchar una palabra descalificatoria para quien me dio la oportunidad de trabajar junto con él en el momento más difícil de la Argentina. Yo fui subsecretario de Deportes. Así que por respeto a él no puedo decir ese tipo de cosas, a pesar de que él a veces fue muy ofensivo. ¡A ver si se entiende de una vez por todas! Yo soy así.

–¿Quién es su persona de mayor confianza para hablar, no sólo de política?

–Karina. Y cada vez más. Porque es intuitiva, porque está en un momento de su vida espléndido en cuanto a su madurez y su inteligencia.

–Los sectores llamados progresistas cuando hablan del kirchnerismo, a usted lo consideran el ala conservadora. ¿Esto lo ofende?

–Fui vicepresidente con Kirchner, fui gobernador con Cristina en 2007 y ahora estoy de vuelta con ella.

–¿Pero le duele o no?

–No me importa, porque además no sé lo que quieren decir con conservador. Las cosas que están bien hechas no son de izquierda o de derecha. Si llevo cloacas y agua potable para la gente, ¿es de izquierda o de derecha? Si combato la droga, ¿soy de izquierda o de derecha? Si genero trabajo, ¿soy conservador o no?

–Hablemos de la lista colectora de Martín Sabbatella, representante del progresismo, que tuvo una adhesión de muchos actores y artistas. ¿Eso en algún punto le molestó?

–No, porque yo soy muy respetuoso de toda la gente de la cultura. Y, además, fijate la adhesión que tuvo nuestra lista, 48%, mientras que las otras dos que iban con Cristina, una sacó 2,5% y la otra un poco más de 5%. Esto significa que la gente ve que Cristina y yo somos lo más sólido. ¿Sabés lo que vio la gente, Any? A mí la gente me ha visto coherente. Cuantas más dificultades encontraba en el camino, más cerca me han visto de la Presidenta, así como estuve al lado de Néstor. Cuando todos decían que el kirchnerismo estaba agotado, yo me mantuve ahí, al igual que cuando decían que íbamos camino a una derrota. Y cuando hubo conflictos con el campo, yo siempre estaba ahí.

–¿Pero no le interesaba armar una lista de artistas que lo apoyaran a usted?

–Con mis amigos yo tengo un vínculo que va más allá de la política. Entonces yo no los puedo llamar para decirles: Necesito que me firmes una solicitada de adhesión. Porque vienen a comer a mi casa, porque nuestras familias son amigas; porque con Susana Giménez he jugado al truco; el Chaqueño Palavecino ha venido acá al rancho con sus músicos, a cantar, así de entre casa; porque la familia de Ricardo Montaner y la mía son amigas. Entonces mi competencia está en otro lado. Al contrario, cuanto más tensa se pone la campaña yo tomo una prudente distancia de ellos, para preservarlos. Yo jamás los llamaría para armar una solicitada, ni nada de eso. Ni loco. Y han estado dispuestos, eh, me lo han dicho.

–¿Cómo es su relación con La Cámpora?

–¡Buena, muy buena! Aprendieron a conocerme. Con los que me conocen yo no tengo problemas, enseguida armonizamos. Me acuerdo de que una vez frente a los movimientos sociales, en un acto multitudinario en Ferro, lo dije públicamente y fue una ovación: Yo sé que ustedes tenían prejuicios sobre mí, pero, ¿vieron?, aquí estoy, como siempre.

–¿En qué se parece y en qué no se parece a Carlos Reutemann?

–El una vez dijo: "Yo doblaba las curvas a 250 kilómetros por hora". En eso lo entiendo profundamente, porque cuando uno andaba en lancha a más de 200 kilómetros por hora y venía una ola de dos metros, la cosa era parecida. Nos parecemos en que él es sobrio, un tipo discreto; yo soy así también. No sé en qué cosas no nos parecemos.

–Usted tiene más ambición de poder.

–No es cuestión de ambición de poder, sino que yo quiero, en lo que pueda ser útil, seguir adelante con mi carrera política.

–Me la deja picando. ¿Seguir adelante con su carrera política es el 2015?

–Es ganar ahora. Y después, gobernar bien. Sería imprudente de mi parte estar haciendo especulaciones sobre 2015. Yo lo que tengo que hacer es lo que hice siempre: un buen trabajo en la responsabilidad que tengo.

–¿Piensa que Cristina va a buscar la re-reelección?

–Ya lo dijo ella, o lo mandó a decir por su personal de confianza: que no, en cuanto a que era una especulación que se estaba haciendo y que no estaba en su espíritu.

EL LADO INTIMO

–¿Este lugar de gobernador permite tener una vida íntima?

–Siempre tengo un espacio, a la mañana, para estar con Karina desayunando y hablar de las cosas que nos pasan. Y a la noche siempre, aunque tenga una comida o un evento, vengo a cenar a mi casa.

–¿Es disciplina o cariño?

[Se ríe] –Siempre vengo a dormir acá y me encanta estar los sábados y domingos en familia, con los amigos de siempre. Esto me apuntala anímica y espiritualmente. Yo les digo mucho esto a mis colaboradores: tengan el tiempo necesario para el trabajo, hagan un poco de deporte, salgan a caminar, o lo que sea, hagan el amor con su mujer.

–¿Ustedes duermen en cuartos separados?

[Se ríe] –¡No! Juntos.

–Pero hay muchas parejas que han decidido dormir en cuartos separados.

–No, no es nuestro caso. Nosotros somos entrañablemente cariñosos y muy compañeros. Es una historia de veinticinco años de amor.

–Desde que es gobernador, ¿se sigue ocupando de la casa? ¿Usted decide qué se come?

–De la comida me ocupo yo. Hago mucho deporte. Y el deporte te exige luego una alimentación sana, mucha pasta, y además disfruto mucho de la comida. Me gusta mucho la comida casera.

–¿Quién le hace el nudo de la corbata?

[Orgulloso] –¡Yo! Aprendí a hacerme el nudo con una mano sola.

–¿Cómo maneja los dolores con la prótesis?

–Y, de vez en cuando aparecen. Pero es en el sufrimiento y el dolor donde uno crece, aprende, valora otras cosas que antes te pasaban inadvertidas.

–¿Cada cuánto le cambian la prótesis?

–Cada dos años; depende de que cambie el tamaño del muñón donde calza la prótesis. Y a veces vienen los dolores en períodos de mucho estrés, mucha actividad. En esos momentos aparece lo que se llama miembro fantasma; son como descargas eléctricas que me generan dolor.

–Sigue siendo manzana asada su comida preferida.

–Siempre. Todos los mediodías y todas las noches.

–¿Vino?

–Sí, tomo vino tinto. La única bebida alcohólica que me gusta.

–¿Qué película vio últimamente?

–Vi una que me recomendó Cristina con mucho entusiasmo. Se llama W. Es la historia de Bush.

–¿Cómo viven el no haber podido tener un hijo juntos con Karina?

–Es una asignatura pendiente.

–¿Suya o de ella?

[Rápido] –De los dos.

–Porque usted ha podido ser padre y a las mujeres les cuesta resignarse a no ser madres.

–Ninguno de los dos estamos resignados. Para mí, la posibilidad de tener un hijo con ella es un gran sueño.

–¿Adoptarían?

–Estamos en el camino de los tratamientos que hay, en busca de un resultado positivo.

–¿Y si no da positivo?

–Confiamos en que sí. Tenemos fe. Yo creo en Dios, acordate. ¿Cómo no voy a creer en Dios con todo lo que me pasó?

FUTBOL, RELATOS Y PERON

Por Martín Lucesole

La sesión de fotos está terminando y Daniel Scioli propone: "En 10 minutos voy a jugar un partido con los chicos de La Ñata Fútbol Club, ¿querés venir?"

La canchita está frente a su casa. A la derecha, en un terreno semibaldío, descansa el helicóptero oficial. La puerta de entrada a la cancha se abre al tocar un botón y al entrar sorprenden dos bandas con tambores, redoblantes y trompetas, que no paran de alentar. Un relator anuncia las formaciones por los altoparlantes, el olor de unos choripanes a la parrilla me distrae cuando casi me choco con un policía de la provincia que no se inmuta... Claro, es una escultura de tamaño natural hiperrealista que preside la cancha.

Hago las fotos de rigor de los dos equipos, y un ex árbitro profesional da comienzo al partido. A mi lado, ya en las tribunas, otra escultura impacta: es la de Carlos Tevez, que mira el partido vestido con el equipo oficial de La Ñata Fútbol Club. Pero no es la única presencia famosa: en una suerte de palco presidencial, Juan Perón y Evita también disfrutan sonrientes del encuentro.

El relator le pone pimienta a cada picardía de los jugadores y los hinchas de verdad festejan los goles de La Ñata. Yo aprovecho para acercarme a la parrilla y pido un chori. "¿Cuánto es?", pregunto. El parrillero me mira con cara de Dios bondadoso. "Nada –dice–. ¿Querés algo de tomar?"

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