En los 80, más política que pedagogía

Mariano De Vedia
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8 de octubre de 2011  

La convocatoria a un Congreso Pedagógico en la ciudad, para atender las deficiencias del sistema educativo, remite al Congreso Pedagógico Nacional, realizado durante la presidencia de Raúl Alfonsín, en los primeros años de la democracia recuperada.

A 27 años de aquella convocatoria, en la que llegaron a participar 400.000 personas, surgen dos conclusiones. En esos encuentros se habla poco de pedagogía y mucho de política educativa (y generalmente más de política que de educación). La segunda enseñanza es que ya en ese tiempo se hablaba de una profunda crisis educativa.

Una década antes de la polémica reforma de los 90, ya inquietaban algunos indicadores que alertaban sobre el fracaso educativo: más de un millón y medio de argentinos no sabían leer y escribir, más de cinco millones tenían dificultades por "falta de entrenamiento adecuado" y había caído la matrícula escolar.

El congreso estuvo dominado por una fuerte carga ideológica y política. Salieron a relucir viejos debates, resabios de los enfrentamientos entre sectores liberales y católicos, en tiempos de Roca, donde surgieron las bases de la legislación laicista, y de la batalla por la enseñanza laica o libre de 1958. Alfonsín confió la organización del congreso a su equipo educativo, encabezado en 1984 por el ministro Carlos Alconada Aramburú, y el diputado Adolfo Stubrin. En tiempos de plena efervescencia política, se promovió que las asambleas se realizaran fuera de los colegios, para favorecer la participación y evitar que los debates quedaran dominados por las autoridades escolares y los gremios. El resultado fue un débil compromiso de los maestros.

La asamblea nacional se realizó en Embalse, en marzo de 1988. La Iglesia se planteó si acompañar o rehuir el debate y prevaleció la idea de participar. Así se llegó a una pulseada, en la que la movilización de la Iglesia le hizo frente al aparato radical. En ambos grupos había sectores duros y dialoguistas. Antes de la asamblea final, por lo bajo, Alfonsín convocó a Juan Carlos Pugliese, rector universitario e hijo del veterano presidente de la Cámara de Diputados, para que acercara posiciones con la Iglesia.

"Juancarlitos, el ministro es ateo; el secretario es judío; los curas nos ganaron el Congreso Pedagógico, y vos tenés que venir aquí a equilibrar las cargas", le dijo, al encomendarle la misión. Pugliese tendió puentes con el obispo de Azul, monseñor Emilio Bianchi di Cárcano, que conducía el área de Educación en el Episcopado, y entre ambos encauzaron el diálogo. El 44,5% de los dictámenes de la asamblea fueron por consenso unánime. Se avanzó en la definición de la persona humana con un sentido trascendente, la descentralización del sistema educativo para poner las escuelas en manos de las provincias y la extensión de la obligatoriedad de la enseñanza, entre otras premisas.

Salvo los partidos políticos, que se enredaban en propuestas esquemáticas, nadie proponía cambiar el esquema del primario y el secundario, como después lo hizo el gobierno menemista.

Concluido el Congreso, el gobierno de Alfonsín entró en crisis y a los pocos días una huelga docente dejó sin clases durante dos meses a millones de alumnos de escuelas estatales. Los acuerdos habían quedado lejos y la cruda realidad volvía a golpear en las aulas.

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