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Conectados, pero no comunicados

Sergio Sinay
Sergio Sinay PARA LA NACION
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9 de octubre de 2011  

La tecnología de conexión es una herramienta. Las herramientas tienen usos específicos y nacen para servir a las personas. Cuando éstas quedan al servicio de las herramientas, hay un peligro cierto. El estudio de IBOPE muestra que el uso del celular para la comunicación es mínimo. Sin embargo se ha extendido entre los padres la creencia de que ese adminículo (y otros) son esenciales para la supervivencia de sus hijos y para el vínculo con ellos. La mirada, la escucha receptiva, la palabra con todas sus entonaciones, texturas, y aún con los silencios que la acompasan, así como la temperatura emocional que se produce durante un intercambio persona a persona, son factores esenciales en la comunicación humana. Ninguna tecnología los reemplaza, y cuando pretende hacerlo, simplemente disimula u oculta el vacío de comunicación real existente.

Padres e hijos pueden estar hoy muy conectados, pero hay un déficit preocupante de comunicación en ese vínculo. La comunicación no consiste en que un hijo mande un mensaje diciendo en qué boliche está. Requiere tiempo, presencia, exige resignar cosas prescindibles. Si no, se pagan precios altos, que están a la vista en los dramas y tragedias cotidianos (algunos públicos, otros ocultos) que protagonizan los chicos y sobre los cuales muchos padres se desayunan tarde. Para que el uso de la tecnología contribuya a la comunicación requiere límites (de tiempo, de funciones y de lugar) y orientación, y los deben poner los padres. Es una tarea indelegable y postergada.

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