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Los tiempos en que la imagen viajaba en avión

Ver lo que pasaba del otro lado del globo no era fácil ni común
Ricardo Marín
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16 de octubre de 2011  

Sesenta temporadas después de que la televisión se prendiera por primera vez en livings y dormitorios de nuestro país, hoy podemos ver en vivo cómo rescatan con vida a las 155 personas que viajaban en un avión que acuatizó de emergencia en el río Hudson a orillas de Nueva York. O ver, en el mismo momento en que ocurre, cuando Higuaín, del otro lado del Atlántico, hace un gol vestido con la camiseta del Real Madrid. Casi media docena de décadas atrás las cosas eran muy diferentes.

"Para ver el partido entre Inglaterra y Argentina del Mundial de fútbol del 66, aquel en el que expulsaron a [Antonio Ubaldo] Rattin en el estadio de Wembley y él se sentó en la alfombra de la reina, tuvimos que esperar dos días. En esa época el material que llegaba de Europa o de otros lugares lejanos, venía en aviones de línea. Eran latas enormes de fílmico, como las de una película", recuerda Enrique Acosta, un trabajador histórico de nuestra televisión, que hoy se desempeña como subgerente de Deportes de Canal 7 y al que todos conocen como Coco.

Para los encuentros deportivos que se jugaban más cerca había otras alternativas, pero las imágenes tampoco llegaban con solo bajar una palanca. "Para las comunicaciones con Uruguay, existía una red de enlaces de microondas y cables coaxil que, en teoría, podía permitir que se vieran los partidos de la Libertadores, por ejemplo, en directo. El problema era que un pequeño corte de energía en cualquier de los pueblitos por los que pasaba la red de enlaces tiraba todo el sistema abajo", explica Acosta. "La solución más eficiente que se encontró era la del diferido que se empezó a usar con encuentros que jugábamos en Uruguay o Chile. El mecanismo consistía en que se grababa el primer tiempo del partido y, no bien terminaba, se enviaba a Buenos Aires el material en avionetas. Se empezaba a pasar el partido cuando estaba terminando y había que cruzar los dedos para que las imágenes del segundo tiempo que salían después llegaran bien a destino", remata el pionero de nuestra pantalla.

Otro que transita pasillos de los canales locales desde aquellos primeros tiempos es Andrés Máximo Murúa, quien ahora detenta el cargo de jefe del departamento de planeamiento operativo de la emisora estatal y durante muchísimos años se especializó en sonido. El explica que no tiene nada de sorprendente que, por aquellos años, la logística para llegar a tiempo con los materiales, en operativos como los que cuenta Acosta, funcionara como un relojito. "Todo se hacía de manera muy artesanal y como si fuera en vivo. Aún lo que iba grabado, se registraba de una sola vez porque no había posibilidades de editar el material. Por eso, todo el equipo trabajaba con una mística en la que cualquiera, tuviera la jerarquía que tuviera, estaba preparado para colaborar y sacar las papas del fuego ante un inconveniente", comenta.

En 1969, llegó un gran avance que achicó la escala global en nuestro país al tamaño de un pañuelo. Fue cuando se inauguró en Balcarce la primera estación terrena que permite las transmisiones vía satélite. Pero la fragilidad inicial en el uso de esa tecnología se percibe en el hecho de que la llegada del hombre a la Luna, el primer acontecimiento que se transmitiría en directo, no se supo hasta último momento si se podría ver o no.

De allí en más, la posibilidad de ver en directo lo que pasa a miles de kilómetros de distancia se fue simplificando y haciendo más habitual día tras día. Hasta el punto que hoy los noticieros y canales de noticias pueden recibir imágenes y audio de sus corresponsales, vía Skype, con solo conectarse a Internet.

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