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El delegado al que acusan del crimen de Sayago

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16 de octubre de 2011  

LAS HERAS, Santa Cruz.- Su casa es una más del barrio 32 viejo, un lugar de viviendas sociales y calles de tierra por las que se hace muy difícil transitar. Pero se distingue por algo: en el pequeño jardín que separa la puerta de entrada de la vereda, flamea una bandera argentina, descolorida, y sostenida por un mástil improvisado con un hierro torcido y oxidado. "Es el símbolo de mi reclamo de libertad", explica, en el interior de su casa, Ramón Cortés, empleado municipal y uno de los seis acusados por el crimen del policía Jorge Sayago, asesinado durante una protesta gremial, el 7 de febrero de 2006.

Luego de tres años de encierro, los imputados quedaron en libertad en marzo de 2009, al vencer el plazo máximo de la prisión preventiva. A la espera del juicio, Cortés está decidido a pelear contra lo que califica como una "doble injusticia" y hasta estuvo a punto de integrar una lista de concejales de oposición al intendente. Cortés está acusado de homicidio calificado. Un testigo dijo que lo vio dándole un "palazo" a Sayago, cuando el policía cayó al piso, luego de recibir un balazo, frente a la comisaría. Otro declaró que lo vio alejarse del tumulto "festejando porque había caído uno". Su teléfono celular fue hallado en el lugar de los incidentes.

El jura que lo único cierto es que perdió el celular al alejarse corriendo de los incidentes. Cuenta que se había acercado "de curioso", porque la comisaría queda a dos cuadras de su casa. Piensa que los testigos acusaron a cualquiera "por plata o por miedo". El mismo temor que dice que tuvo él cuando, según relata, la policía lo molió a golpes. "Comparto el dolor de la esposa [de Sayago], pero esto es una injusticia doble. Tienen que buscar al verdadero culpable, no a cualquiera", dice. Sostiene que apuntaron contra él porque como delegado municipal estaba peleado con el intendente de entonces.

Bajito y muy flaco, Cortés viste una camiseta de River con el 23 en la espalda y el nombre de Fabbiani. De la cárcel, salió con bronca y varios tatuajes. En el hombro derecho, tiene el nombre de sus tres hijas; en el izquierdo, el de sus dos hijos. En el antebrazo derecho, luce una calavera de pelos parados. "Estás preso y no sabés qué hacer. Ves a los demás que se hacen tatuajes y decís: ¿por qué yo no?"

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