Steinman, un Nobel solidario

Arturo Prins
Arturo Prins PARA LA NACION
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20 de octubre de 2011  

El lunes 3 del actual tuvimos una noticia alegre y triste a la vez. Por la mañana se anunció que el canadiense Ralph Steinman había ganado el Premio Nobel de Medicina; por la tarde se informaba que había fallecido el viernes anterior por el cáncer que sufría.

Paradoja del destino: merecedor del premio por haber descubierto un arma contra el cáncer, el cáncer le impedía recibirlo. Hacía unos años que se mencionaba a Steinman para el Nobel y las demoras obedecen a que hay muchos candidatos para una entrega anual. A Borges no le alcanzó la vida para recibirlo. El Nobel no se otorga post mórtem y el de Medicina de este año constituyó una rareza: el candidato vivía cuando la Academia Sueca de Ciencias lo eligió, por eso lo recibirá su familia.

Steinman conoció otras rarezas. La más importante fue en 1973, cuando dijo: "Tal vez estas células tan raras que acabo de descubrir sirvan para enfrentar muchas enfermedades". Su duda, propia del científico que reconoce limitaciones, fue develada cuando algunos investigadores comenzaron a aplicar esas raras células, llamadas dendríticas por su capacidad de fagocitar células tumorales, bacterias y virus.

Visité a Steinman en Nueva York en septiembre de 2004, en la Universidad Rockefeller. El científico recordaba con simpatía a la Argentina: a nuestro premio Nobel Luis F. Leloir y a uno de sus discípulos, José Mordoh, que desarrollaba una vacuna terapéutica antitumoral aplicando el descubrimiento que hoy determinó el Nobel.

En 2000, Mordoh y su compatriota Sebastián Amigorena se encontraron en el Instituto Curie de París, donde trabajaba este último. Allí idearon un simposio con los mejores investigadores en células dendríticas. En 2002, veinte científicos de Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y la Argentina se reunían en Buenos Aires con Steinman, que por primera vez venía al país.

Steinman decía que las vacunas "constituyen la invención más genial de la medicina". Así, dos investigadoras de Mordoh, Silvana R.Goldszmid y Juliana Idoyaga, dirigidas por la doctora Rosa Wainstok, viajaron a Nueva York, donde se inició un trabajo conjunto que dio lugar a publicaciones internacionales. Se unía el talento innovador de científicos argentinos con la experiencia de Steinman, que insistía en la importancia de desarrollar vacunas con células dendríticas, además de estudiar sus detalles moleculares. Quería que su descubrimiento llegara a resultados terapéuticos. Así creó la Sociedad Internacional para la Ciencia de las Células Dendríticas y Vacunas, con sede en la Universidad Rockefeller, a la que pertenecen calificados científicos.

El año pasado, Steinman y Mordoh se vieron por última vez en Lugano (Suiza). Mordoh le explicó los avances de la vacuna terapéutica contra el melanoma (el más grave cáncer de piel), con células dendríticas. Tras pruebas exitosas en animales y pacientes en las que Steinman colaboró, en 2009 se había iniciado la fase final de experimentación sobre 108 pacientes. En muy pocos años, cuando culmine este ensayo clínico, la Argentina podría generar una terapéutica contra el melanoma, que carece de una medicina eficaz.

Cuando visité a Steinman me impresionaron su sencillez y calidad humana. Recuerdo que se quejaba, pues no avanzaba como quería por falta de recursos. Me preguntó cómo hacíamos en la Argentina. Le expliqué que la Fundación Sales sostiene desde 1988 el trabajo de Mordoh gracias a pequeños donantes -ya son más de 65.000- y a personas que menciono como ejemplos por su sensibilidad hacia la ciencia: Jorge Ferioli, Raquel Oddone de Ostry, Silvia, Patricia y Emilse Ostry, una familia que dona costosos equipos. Expliqué a Steinman que otro premio Nobel argentino, César Milstein, nos dio la idea en 1991 de interesar al ciudadano común en la investigación del cáncer, como se hacía en Gran Bretaña, donde él vivía.

En 2007 Steinman nos ayudó en una campaña de captación de fondos en los Estados Unidos y otras partes del mundo a través de Help Argentina, entidad norteamericana que canaliza donaciones para el país. En ella, él decía que Mordoh y su equipo "están realizando aportes significativos en este campo" y que merecían apoyo.

El espíritu de colaboración de Ralph Steinman fue más allá de lo científico. Por ello le estamos doblemente agradecidos.

© La Nacion

El autor es director ejecutivo ?de la Fundación Sales

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