Fedra

Estreno mundial de la ópera encargada por el Teatro Colón a Mario Perusso
Juan Carlos Montero
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21 de octubre de 2011  

Fedra, de Mario Perusso / Libreto, dirección de escena y vestuario: Marcelo Perusso / Coreografía: Guillermina Tarsi / iluminación: Ruben Conde / Proyecciones: Natalio Rios / Dirección de la orquesta estable: Mario Perusso, en el Teatro Colon.

Nuestra opinión: muy bueno

Han pasado pocos días desde la magnífica versión de Hippolyte et Aricia , de Jean Philippe Rameau, llevada a cabo en el Museo Nacional de Arte Decorativo, para que, gracias al multifacético Mario Perusso, pedagogo, director de orquesta, compositor y representante de una estirpe de brillantes maestros preparadores del Colón, se diera a conocer su última creación para ese complejo mundo de la dramática cantada, tomando la misma temática. Un aspecto fundamental que valoriza su obra es que, desde el punto de vista musical, el criterio estilístico de la escritura parece renegar del atonalismo y de casi todos los derivados de la escuela de Viena.

En cuanto al elenco, resultaría injusto intentar un orden de valoración en el conjunto de cantantes que han caracterizado a los personajes de la tragedia en razón del parejo nivel artístico de todo el elenco que vivió el intenso y escabroso drama que el puestista Marcelo Perusso, con atinados recursos escénicos, trató de no definir con realismo ni época ni lugar, aunque no dejó de mostrar una atmósfera de tipo mitológico, así como cambiantes coloraciones que parecieron estar vinculadas a los estados de ánimo de los personajes.

Alejandra Malvino, como protagonista, sumó a su multifacética carrera una de sus mejores realizaciones. No sólo por la excelencia de su canto, sino también por su destreza para que los pasajes más difíciles y comprometidos se escucharan con claridad y cabalmente amalgamados con los sonidos orquestales. Asimismo, desde el punto de vista actoral, su naturalidad en los gestos, miradas y desplazamientos resultaron como provenientes de una consumada actriz del mejor teatro.

La excelente soprano Daniela Tabernig, como Aricia, dejó escuchar su habitual seguridad musical y esa voz de matizado timbre que maneja con muy buena emisión a través de una inteligente administración del aire. Por su parte, Florencia Machado, dando vida a Selene, actuó con naturalidad y aplomo. Asimismo, la joven Alicia Alduncín dio vida a Hécate con desenvoltura y aplomo.

La soprano Haydée Dabusti aportó su reconocida experiencia y brillantes dotes vocales para encarnar a una nodriza de indudable jerarquía, no sólo por su natural desempeño escénico, sino también por la seguridad con que afrontó la complejidad de todas sus partes cantadas.

Muy buena resultó la labor del tenor Marcelo Puente abordando nuevamente una ópera de Perusso, ya que fue el magnífico protagonista de El ángel de la muerte , estrenada en 2008 en La Plata y cuyas intervenciones vocales parecieron haber sido tenidas en cuenta por el autor para su mayor lucimiento. Con absoluta entrega cantó con vehemencia a lo largo de todo el extenuante registro.

Del mismo modo el barítono Leonardo Estévez, como Teseo, tuvo un desempeño de singular nobleza y refinamiento en cuanto al trazado de su personaje, aportando a las partes cantadas musicalidad y grato color de voz, así como naturalidad a su accionar actoral, y el joven barítono Gustavo Feulien, como Terámenes, dejó escuchar la muy buena evolución de su carrera, que apunta a ser brillante en un futuro cercano.

Mario Perusso, en la dirección musical y concertación general, obtuvo con la claridad de su batuta un estupendo rendimiento de todos los sectores de la orquesta del Colón, luciendo en alto grado sus características distintivas; pastosidad en los sonidos graves, sabiduría para lograr expansivos volúmenes sin distorsión, llegar a transparencias afiligranadas y todo momento con intensidades de sonido al servicio del lucimiento de las voces provenientes del escenario.

Bailarines y figurantes impecables desde todo punto de vista, gracias a la muy buena contribución de Guillermina Tarsi, una exquisita figura de la danza. En definitiva, una realización que enriquece al arte lírico nacional.

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