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Viento en Popa

Leonardo Tarifeño
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28 de octubre de 2011  

La policía caía tantas veces por el Kim y Novak que algunos llegamos a considerar su aparición en algún momento de la noche como una rara pero cierta performance , otro de los tantos atractivos de un bar perfecto para los adictos a la adrenalina. Los baños eran unisex, en el primer piso bailaban ¿chicas? enjauladas y en la pista de abajo todo podía ocurrir. Aun cuando mantenía grandes diferencias de estilo con El Dorado y Morocco, su espíritu era el de los antros que combinaron vanguardia y transgresión en la movida porteña de los años 80. Pero un día el Kim y Novak cerró, y los noctámbulos de Buenos Aires se quedaron con un espacio menos para vivir la ilusión de disfrutar una ciudad en la que la libertad y el arte se aliaban para enfrentar la solemnidad y los prejuicios.

Y es que la vida nocturna de las grandes ciudades es un escenario permanente para la libertad del arte en plena experimentación. Toda urbe que se precie valora su noche y no la persigue ni criminaliza, ya que es sinónimo de cultura, intercambio, creatividad y, por supuesto, rédito económico a través del turismo. Al Kim y Novak le cayó el peso de una ley que sólo ve peligros cuando dan las doce, pero por suerte sus dueños y amigos reaparecieron en la lindísima galería Popa (www.galeriapopa.com.ar/galeria), en una antigua casona de La Boca, donde por cierto algunos de ellos vivieron durante mucho tiempo. Allí, en las salas que se comunican antes de llegar al patio, se expone la notable muestra de fotos y videos Tres , en la que María Médica aporta un inesperado sentido sexual en sus imágenes de objetos y frutos. La resignificación y el poder de la mirada son dos patrimonios del arte, y en ese horizonte es donde el trabajo de Médica conmueve y sorprende. Curada por Eduardo Capilla, la exposición también sirve de referencia erótica para la performance Ego x Geo de este artista, que interrumpe la amable contemplación de las fotos de Médica con una extraordinaria provocación en tres rounds : el primero, protagonizado por un joven desnudo sobre una mesa, de cuyo pubis sale una rama florida; el segundo, en otra sala, con una chica que repite el encuentro genital-vegetal en otra posición; y un último, final y ya cerca del patio, donde la insospechada penetración toma el cuerpo de un hombre adulto. El shock va de la belleza más pura al encuentro con una impúdica maternidad violada, y de ahí llega a una impactante manipulación sin anestesia de la desnudez. Médica y Capilla se complementan en su excitante visión de un arte que jamás debe pasar desapercibido, y que se complace en generar imágenes difíciles de olvidar. Nada muy distinto de lo que pasaba allá lejos y hace tiempo, en un lugar llamado Kim y Novak.

Ficha. Tres de María Médica, curada por Eduardo Capilla en Popa (Lamadrid 882, La Boca), hasta mañana

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