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Rumbo al fin del crédito barato

Nicolás Dujovne
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29 de octubre de 2011  

Uno de los pilares sobre los que se asentó en la Argentina el boom de consumo de bienes durables en los últimos años ha sido la inflación. Es que quienes no disponían de medios suficientes para comprar bienes inmuebles y defenderse de la erosión que ella genera se volcaron al consumo de automóviles, plasmas y otros artículos de consumo. Pero ello no hubiera podido ocurrir sin la disponibilidad de crédito abundante y accesible para hacerlo. Ese ciclo parece comenzar a cambiar. O, al menos, a atenuarse.

Es que las tasas pasivas de interés en pesos, las que les pagan los bancos a sus depositantes, que en marzo de este año todavía se situaban en 10% anual han subido hasta 15% para el caso de los ahorristas minoristas y a 20% en el caso de los grandes depósitos. Eventualmente, ese aumento en el costo de fondeo de los bancos será trasladado a las tasas activas y el crédito se volverá más caro y más escaso. Para llegar a esta conclusión debemos comprender que el fenómeno de suba en la tasa de interés pasiva reviste algunas características que, por su naturaleza, lo harán perdurar en el tiempo. Ello ocurrirá puesto que tanto las expectativas de devaluación del peso como la evolución de la liquidez bancaria seguirán una trayectoria incompatible con un descenso marcado del costo del dinero.

En el caso de las expectativas de depreciación del peso, los futuros operados en el exterior reflejan una depreciación esperada del 25% anual, y no han bajado aún cuando en los últimos días se ha reducido la volatilidad financiera externa, se estabilizó el real brasileño y comenzó a subir la soja. Es que la percepción de los tenedores de pesos es que, producto de la inflación acumulada en los últimos años, el peso ha llegado a niveles en los que ya no es barato respecto de otras monedas.

La pérdida de competitividad de la economía ha aumentado entonces la depreciación esperada hasta niveles similares a la expectativa de inflación. El fin del colchón de la competitividad cambiaria comienza a impactar sobre las tasas de interés y de esta manera, muy visiblemente, se suma un nuevo costo de la inflación que comienza a operar sobre la economía diaria de los hogares.

La otra parte del aumento en las tasas se explica por la disminución del stock de liquidez de los bancos. Los depósitos del sector privado han crecido a un ritmo muy bajo en los últimos meses y de hecho probablemente octubre sea el primer mes desde febrero de 2010 en que los depósitos en pesos muestren una caída mensual. Este fenómeno es el resultado de la aceleración de la dolarización de activos y salida de capitales que se observa con fuerza desde el II trimestre de este año y que en octubre ha marcado un pico superior a los 3000 millones de dólares. Con el crédito al sector privado creciendo a un ritmo mensual de 4% y los depósitos estancados, el diferencial en la tasa de crecimiento del crédito respecto de la de los depósitos impacta con fuerza en la tasa de interés.

Impacta con fuerza porque la liquidez de los bancos ha caído sistemáticamente desde hace meses, aunque desde niveles muy elevados. Utilizando la definición de liquidez amplia en pesos, la liquidez cayó desde el 43% de los depósitos en el primer semestre del año hasta 35% en octubre. ¿Es baja esta liquidez? De ninguna manera. Es altísima de acuerdo a los estándares internacionales. Pero es menor que la deseada por los bancos, que no viven en Suecia sino en la Argentina.

La liquidez no se recompondrá por sí sola en el corto plazo. Es que finalmente, luego de muchos años, el stock de crédito al sector privado en pesos ya se acerca al tamaño de los depósitos. Mientras había poco crédito, no importaba que éste creciera más que los depósitos. Sobraba la liquidez. Pero con depósitos que crecieron poco en los últimos meses y en medio de un boom de crédito se han equiparado los tamaños. A partir de ahora, si los depósitos van despacio, el crédito también lo hará. Entonces, al haber finalmente "alcanzado" el crédito a los depósitos, las tasas de crecimiento de ambos no podrían divergir a menos que los bancos reduzcan sistemáticamente su liquidez o fondeen los préstamos con otros pasivos distintos de los depósitos, hecho que no es ni será el caso en la Argentina. Por ello, el primer impacto ha sido un alza en las tasas de interés activas. Y el siguiente fue el lento inicio de un proceso de restricciones cuantitativas de los créditos que los bancos otorgan a sus clientes mayoristas, los más fáciles de cortar. Poco a poco, las empresas ven mermado su acceso al financiamiento bancario, con el consiguiente impacto sobre su capital de trabajo y, en el corto plazo, sobre el nivel de actividad de la economía.

Contradicciones

Mucho se ha hablado de la aparente contradicción que existe por un lado entre una economía que ha crecido muy rápido y que colaboró a generar una altísima popularidad del Gobierno y por el otro la cuantiosa salida de capitales que enfrenta la Argentina desde 2008. El tipo de cambio real competitivo y su correlato de superávit de comercio y el exceso de liquidez de los bancos habilitaron en cierta medida la existencia de dicha contradicción. El final de los colchones del tipo de cambio y de la liquidez bancaria harán más improbable la persistencia de dicha dicotomía en los tiempos por venir.

El autor es economista

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