Suscriptor digital

Ya nada será igual en la economía

Nicolás Dujovne
(0)
1 de noviembre de 2011  

A la luz del impacto provocado ayer por las medidas cambiarias anunciadas el viernes, queda claro que ya nada será igual en la economía argentina. La decisión del Gobierno de racionar el mercado de cambio mediante controles fiscales ha tenido tal impacto sobre la confianza del sector privado que probablemente provocará el efecto contrario al buscado. La escasez de divisas se hará más notoria y eventualmente el Gobierno deberá enfrentar una combinación de pérdida de reservas, depreciación del peso y deterioro en el nivel de actividad superior al que hubiera ocurrido si el Banco Central hubiera vendido reservas o depreciado el peso en un porcentaje no demasiado elevado.

En lo que va de 2011 las reservas internacionales del Banco Central cayeron 4400 millones de dólares. Esa caída era esperable en función de la dolarización que podía ocurrir en un año electoral, y por eso llama la atención que el Gobierno haya puesto al descubierto tanto nerviosismo.

El fenómeno subyacente a la caída de las reservas es el de una economía que habiendo llegado a un nivel cercano al pleno empleo y habiendo agotado ya su superávit de la cuenta corriente del balance de pagos no normalizó su política monetaria y financiera y mantuvo el mismo esquema que aplicaba cuando el tipo de cambio real se encontraba subvaluado y sobraban los dólares comerciales.

La inflación, las tasas de interés reales negativas y el uso de las reservas para pagar la deuda externa fueron aumentando la salida de capitales y el apalancamiento del Banco Central. Con tipo de cambio flotante, no existen ratios de "cobertura" ni tipos de cambio de "convertibilidad". Pero hay niveles en los que los tenedores de pesos pueden comenzar a sentirse incómodos y demandar dólares, que a partir de ahora en parte buscarán el mercado informal, donde veremos una ampliación de la brecha que ya existía respecto del mercado formal.

¿Es este esquema igual al de Venezuela? No. En ese país existen tipos de cambio múltiples formales, y los dólares financieros deben ser comprados en el mercado paralelo, donde el Banco Central interviene poco y donde la brecha con el tipo de cambio comercial supera el 60%. Sin embargo, la percepción de que el próximo paso de la Argentina puede ser ése provocará un enorme incremento de los riesgos percibidos de convertibilidad y transferencia, es decir, de la capacidad de las empresas y personas de respetar sus contratos en moneda extranjera y de poder entregar divisas. Así, la oferta de divisas para financiar el comercio exterior argentino y para suscribir deuda de empresas caerá drásticamente, generando una escasez de divisas mayor que la disminución en la demanda de dólares que podrían provocar los controles.

El tamaño del mercado

Si bien la Argentina ya tenía un mercado de divisas informal, a partir de ayer cambiará el tamaño de ese mercado y probablemente al final de cada día miraremos primero el cierre del "paralelo" para luego mirar lo ocurrido con el "oficial". En ese contexto, la estabilidad de la demanda de pesos y de la tasa de inflación se verá desafiada. La tasa de inflación, desde dos veredas opuestas. La menor voluntad de mantener pesos en el bolsillo que causará el aumento en la desconfianza debería provocar un aumento en el ritmo inflacionario. Y el impacto recesivo que se generará por los mismos motivos presionará hacia abajo el ritmo de aumento de los precios. En el mejor de los casos, hemos comprado un menor nivel de actividad con una tasa de inflación similar a la actual.

Tener tipo de cambio fijo y pagar sus costos sin aprovechar los beneficios es una muestra de pobreza técnica. En ese sentido, las restricciones anunciadas recuerdan un poco la inutilidad del anuncio de Cavallo en 2001, cuando lanzó el Factor de Empalme y la Convertibilidad Ampliada. Allí se reconocía que el peso se encontraba sobrevaluado sin aportar ninguna solución. Ahora, el Gobierno sale a proclamar que le faltan dólares y que se propone recuperarlos con métodos que ya fracasaron en los años 80.

Con tipo de cambio flotante, a veces se puede flotar. Y esa alternativa hubiera sido superadora, puesto que no habría afectado el flujo de financiamiento a la Argentina y podría haber servido para instalar el tipo de cambio nominal en un nivel en el que pudiera moverse en dos direcciones. Una vez logrado eso, las tasas de interés bajarían y la salida de capitales disminuiría.

¿Era ese tipo de cambio muy distinto del actual? Probablemente, no. Lamentablemente, la elección de la política económica del Gobierno refuerza la visión de quienes opinan que a la Argentina le costará mucho sostener una tasa de crecimiento aceptable en 2012. Salvo que las últimas medidas sean de naturaleza transitoria, hasta que los funcionarios que sean designados para integrar el nuevo equipo de gobierno fijen un rumbo que se perciba como más consistente y perdurable que el actual.

El autor es economista

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?