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A diez años de Is This It

Antes de la llegada de The Strokes al país, Gordon Raphael, productor de su álbum debut, recuerda la grabación del disco encargado de renovar el aire del rock en el cambio de milenio
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2 de noviembre de 2011  • 15:48

Hay encuentros que parecen ser inevitables. En pleno fin de siglo, en la escena underground neoyorquina, The Strokes daba sus primeros pasos con resultados poco satisfactorios para la propia banda. A la par, Gordon Raphael, un productor de Seattle, se había mudado hacía no mucho a la Gran Manzana. Quiso el destino que la banda y él se cruzaran una noche en un boliche; el chispazo fue mutuo. A los pocos días, The Strokes estaba grabando su primer EP bajo las órdenes de Raphael, y el resultado fue tan satisfactorio para ambas partes que repitieron labores en Is This It y Room On Fire, primer y segundo álbum respectivamente del grupo liderado por Julian Casablancas. Visto a la distancia, el álbum debut de los Strokes conserva aún todos sus méritos: esos cruces de guitarra heredados de Television, el sonido sucio y desprolijo que irónicamente embellece a las canciones y el desdén de Casablancas a la hora de entonar sus composiciones. Desde California, antes de que la banda llegue al país para presentarse en la primera fecha del Personal Fest, Raphael recuerda hoy cómo fue que se embarcó en este proyecto y cómo ve las cosas distancia del tiempo mediante.

¿Cómo conociste a The Strokes y cómo fue que terminaron trabajando juntos?

Fui a Luna Lounge a una fecha organizada por Kerri Black, un promotor en el que yo estaba interesado para trabajar con Absinthee, mi propia banda. También quería hablar con todas las bandas y convencerlos de que viniesen a trabajar a mi estudio. Había dos bandas y hablé con ambas. Me encantó la primera, se llamaba Come On y sonaba como una versión joven de The Beatles. Esa noche, The Strokes no me impresionó demasiado, pero sí me conmovió su confianza y la manera en la que Fab (Moretti) tocaba la batería; ¡parecía que su columna vertebral se iba a quebrar cada vez que golpeaba el redoblante! No podía dejar de mirarlo porque parecía atractivamente peligrosa la manera en la que golpeaba esa batería con el movimiento de todo su cuerpo. Al final, vinieron a mi estudio y aceptaron grabar The Modern Age, un EP de tres canciones conmigo Me contaron que no habían disfrutado sus primeras experiencias con otros productores y que no esperaban divertirse como lo hicieron conmigo. Aprendí mucho sobre ellos en esos días y descubrimos que podíamos llevarnos muy bien con los sonidos. Me gustaban mucho esas canciones; ahí las empezaron a mostrar por todo el East Village.

¿Qué recordás de la grabación de Is This It?

Recuerdo lo excitante que fue, porque creo que todos teníamos la sensación de que el mundo entero nos estuviera mirando expectante a ver qué pasaba. Nunca había tenido la oportunidad de conocer a periodistas de grandes revistas musicales, o de sellos discográficos interesados en un proyecto producido por mí, así que fue algo nuevo para todos, como un sueño hecho realidad.

Al momento de encarar el álbum, ¿eran conscientes de cuán grandes podían llegar a ponerse las cosas?

Realmente creía que iba a ser la cosa más cool en el mundo en ese momento. Quiero decir, íbamos a hacer un disco con guitarras bien fuertes para una generación que había crecido con Nintendo, música tecno y DJs ¡Lo sentíamos como un gran embate desde los frentes del rock and roll! Había demasiada energía en el estudio, en la banda y alrededor nuestro. Podríamos decir que fue realmente eléctrico.

¿Cómo dieron con el sonido del disco?

Lo creamos juntos. Ellos querían sonar especiales y distintos a los demás discos de ese año. Entonces pensé: todo el mundo está haciendo grandes producciones con un sonido nítido y ‘poppy’, así que acá se va a tocar música en vivo en un sótano, haciendo un ruido enorme (y asegurándonos de que suene increíble) y sin agregar nada como extra. Nada de armonías, nada de doblar pistas ni agregar una pandereta. Cuando ves las sesiones de grabación en Logic Audio en una computadora, ves once pistas de sonido, casi sin ediciones. Era todo en vivo y real.

Al momento de la aparición del disco, tanto los fans como la crítica alabaron Is This It por volver a poner al rock "genuino" en el mainstream. ¿Coincidís con esas apreciaciones?

Para mí, trajo un sonido nuevo (y algunas canciones que amo y respeto) al mainstream. El tema principal es que las canciones fueron escritas por Julian en la manera más dulce y poderosa posible y son obras de arte. ¿"Someday"? ¿"Soma"? ¿"Hard To Explain"? Quiero decir, ¡es rock en una manera completamente distinta, influenciado por música electrónica, reggae y hip hop! Era una mezcla realmente rockera, porque se animaba a ser diferente. Las canciones eran tocadas en una manera distinta, escritas de manera distinta y que a la vez sonaban distintas a todo lo demás que estaba ocurriendo en el mundo musical en ese momento. Eso es rock and roll, un "rebel rebel" que piensa de una nueva manera, más fresca.

A partir del álbum siguiente, mucha gente empezó a ver a The Strokes como un fenómeno sobredimensionado, producto del hype. ¿Cómo creés que se explica eso?

La gente parece disfrutar una banda cuando es desconocida, pero después aparecen los celos cuando todos los demás la conocen y deja de ser un secreto para pocos. Al público le encanta hablar bien de un grupo chiquito que lucha por volverse grande, ¡y después le tira mierda cuando la pega para que vuelva a ser una banda pequeña! Me encantan los humanos, son tan graciosos…

A diez años del disco, ¿qué balance hacés? Si tuvieras de vuelta la chance, ¿harías las cosas de la misma manera?

Todo lo que ocurrió entre The Modern Age, Is This It y Room On Fire fue mágico para mí. Siempre tuve una visión musical, y no podría ponerme a hacer otra cosa que no tuviera con la música toda mi vida. Conocí a The Strokes y ellos me conocieron a mí, fue todo muy particular y pasaron cosas maravillosas para ambas partes desde ese encuentro. Yo no controlé nada ni hice que pasara algo, mucho menos ellos. Fue un regalo del universo y no cambiaría nada de eso.

Por Joaquín Vismara

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