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Francisca Valenzuela: mujer modelo

La cantante chilena llega para presentar su segundo disco, Buen soldado, durante la segunda fecha del Personal Fest
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2 de noviembre de 2011  • 18:26

Con una poesía afilada, un fuerte discurso existencialista y un insoslayable compromiso político, Francisca Valenzuela lanzó Buen soldado, su segundo disco y el primero editado en la Argentina, alejándose un poco (no mucho, sólo un poco) del despecho y el enamoramiento adolescente que caracterizaba su álbum debut, Muérdete la lengua (2007). Ese disco folk-rockero de pulso pop e introspección oscura que, guiado por la precisión de su piano, le permitió ser comparada con representantes de la canción internacional como Fiona Apple y regional como Julieta Venegas. Francisca hoy tiene 24. Escribió "Peces", su primer gran tema, cuando tenía 14. En ese entonces recién se mudaba con sus padres a Chile, país que la vería desarrollarse como cantante, escritora, estudiante y militante, luego de residir toda su infancia en San Francisco, su ciudad natal. Influenciada, según cuenta, por Patti Smith, Tori Amos, Cat Power, Charly García, Silvio Rodríguez y Violeta Parra, este año, en pleno nacimiento de su segundo trabajo, vivió uno de los momentos más importantes de su carrera: fue invitada por U2 para cantar "One Tree Hill" junto a Bono. "Fue una situación surreal", comenta aceleradísima, muy locuaz, desde Santiago.

Buen soldado fue producido por ella, su compatriota Vicente Sanfuentes (Gepe, Matías Aguayo) y Mocky, que trabajó con Feist y Jamie Lidell, por ejemplo: este sábado 5 de noviembre, estará presentando esos temas durante la segunda jornada del Personal Fest 2011. Antes de su primer show en nuestro país, Francisca habla sobre el concepto de este disco, su posición de lucha, la escena chilena, sus influencias literarias y más.

Buen soldado refleja una suerte de continuación de la posición "feminista" de tu primer disco pero, al mismo tiempo, ofrece historias contadas desde una perspectiva masculina, ¿cuál fue la intención de presentar esa otra voz?

Me he dado cuenta de que en el fondo hay una simple necesidad natural de contar cosas. En Muérdete la lengua la cuestión es más visceral, más confesional. Siempre he sido una persona más pasional y menos racional. Naturalmente, las temáticas que surgieron tenían que ver con ciertas críticas de varios tipos. No fue algo intencional, sino que me di cuenta que muchas veces contaba la historia desde la visión de la mujer, no desde una posición de una feminista acérrima sino simplemente desde el punto de vista femenino, desde mi historia, las cosas que veo y experimento como mujer.

En Buen soldado hay una fuerte intención crítica, una voluntad de poder aportar desde una plataforma ya sea musical o inclusive ciudadana. Si bien en un momento se dio pie a una temática de género, hoy en día esas inquietudes se han expandido y he crecido y me interesado en muchas otras cosas. Además ahora hay ganas de expresar mi posición ya sea sobre cuestiones sociales, de género, de crítica de liderazgo de poder, de desigualdad social.

En "Salvador" decís "quiero ser la luz e iluminar este país que está tan gris", ¿lo escribiste pensando en la situación por la que está atravesando Chile?

En realidad, lo escribí antes del movimiento ciudadano que se estuvo generando en estos últimos tiempos. La idea que tuve fue la de escribir sobre la carencia mundial de liderazgo político real, la capacidad de congregar y generar cambios. La necesidad de tener un líder con características genuinas y no esos típicos personajes del circo político que uno ve hoy en día que generan apatía. La frese se puede aplicar tanto a Chile como al resto del mundo pero hoy tiene una resonancia especial y está súper alineado con lo que sucede y por eso lo he tocado en toda clase de manifestación.

¿Qué pensás de artistas como Ximena Sariñana que, para aumentar su penetración en el mercado anglo, deciden virar completamente hacia el inglés?

Yo soy mitad gringa, he pasado la mitad de mi vida escribiendo en inglés y mi primer disco también fue editado con dos canciones en inglés. Me parece que es una decisión legítima. En Latinoamérica hay pocos ejemplos de artistas que han hecho una carrera realmente interesante y original con perspectivas de expansión y creo que en ese sentido la industria está cambiando. Es legítimo siempre y cuando sea cómodo para lo que uno hace. Yo empecé a escribir en español de manera más contundente cuando me mudé a Chile porque para mí era muy importante que la gente me entendiera, más allá de mi propia fascinación por el español. Pero eso no quita que uno no pueda ir creciendo y haciendo música por hacer música y no tenga que alzar una ideología pura; uno tiene que flexibilizar los márgenes.

En tu temprana adolescencia también publicaste dos libros, ¿cómo es tu relación actual con la literatura y cuáles son tus influencias?

Estoy tratando de escribir todo el tiempo, me encantaría incorporar la veta literaria a la parte musical de alguna manera pero yo creo que también merece su tiempo aparte, su disciplina y dedicación. Soy bien fanática de la poesía desde Anne Sexton hasta Seamus Heaney y Dorothy Parker que es una de las primeras poetas cómicas. También Saramago fue un gran descubrimiento para mí. Y soy fan de los gringos: ahora estoy rollando con David Foster Wallace. Lo descubrí hace poco y me lo estoy comiendo.

A diez años de "Peces", ¿cómo es tu relación con tu primer gran composición?

¡Estoy vieja ya! La veo con cariño y ternura. Creo que no la escribiría hoy pero igual me siento reflejada en ella. Todavía me acuerdo con claridad cuando la escribí, con enojo puro y despecho; así, en mi pieza, con mi cuaderno cuadriculado, ja. Me siento identificada y orgullosa porque refleja ese espíritu de despecho adolescente. No sé si podría escribirlo hoy, incluso a nivel musical no sé si se me ocurriría. Evidentemente la canción también creció.

Y la pregunta obligada es: ¿cómo fue cantar con U2 sobre ese escenario imponente?

Fue surreal. Ellos estuvieron buscando colaboradores en todos lados; llegaron a Chile, vieron que "Quiero verte más" estaba número uno en todas las radios y realizaron una investigación, llegaron al disco, hicieron un seguimiento de mis causas sociales, indagaron muy profundo y me invitaron no sólo a cantar sino también a abrir el concierto con la grabación de "Gracias a la vida" de Violeta Parra. Fue loco porque me llamaron un día antes; yo estaba en la universidad, me llevaron al Estado Nacional y tuve la oportunidad de estar con ellos, de grabar la apertura y de ensayar. En el momento de cantar estaba súper nerviosa pero más que por U2, por el público en sí. Yo decía "aquí no hay vuelta atrás, si lo echo a perder…" Uno sabe que en su propio país, la vara es más estricta. Pero ellos fueron súper profesionales y amables, gracias a eso me sentí muy cómoda; fue una experiencia increíble.

Por Yamila Trautman

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