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Experiencias de vida que hoy sirven de brújula a otros

Jóvenes que egresaron de un instituto u hogar de menores, y hoy tienen una vida autónoma, armaron una guía virtual para orientar en esa transición a otros que están por dar ese importante paso
Mauricio Giambartolomei
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5 de noviembre de 2011  

En un garaje de Chacarita se improvisa un miniset de televisión. Hay bibliotecas llenas de libros, una pizarra negra pintada en la pared, cámaras de fotos y un gato siamés que se pasea. Es sábado a la tarde, un sábado gris que amenaza con llover. Aunque allí adentro se expande la luz que un grupo de chicos, de entre 20 y 26 años, intenta transmitir mediante sus experiencias a los adolescentes que están en la misma situación que atravesaron ellos, años atrás.

Son pibes con historias de vida difíciles, con familias numerosas y humildes que sufrieron la ausencia de los padres, el maltrato y el abandono. Y se vieron obligados a vivir en hogares o institutos para jóvenes hasta que cumplieron la mayoría de edad y salieron a afrontar la vida con las herramientas que obtuvieron allí.

Con esa base y la ayuda del cuerpo de profesionales de Doncel, una ONG que trabaja en el fortalecimiento de los jóvenes que están cerca de egresar de una institución, con un acompañamiento sociolaboral, lanzaron la Guía E para transmitir, de par a par, los instrumentos necesarios a los chicos que estén en la situación que atravesaron ellos.

Cómo capacitarse, cómo conseguir trabajo, una garantía para alquilar o ahorrar plata son algunos de los consejos que brindan en su página Web o en charlas personales.

Los últimos protagonistas van llegando al garaje y, mientras matean y algunos se colocan las remeras con las inscripciones de la guía, otros comienzan a hablar frente a la cámara, a contar sus experiencias de vida que luego formarán parte de los mensajes institucionales de la Web.

Rebelde, soñador, inteligente

"Soy Mauricio Javier Silva Ledesma, tengo 23 años y 14 hermanos. Mi vieja tuvo cinco veces mellizos. Hace varios años que no tenemos relación con ella porque cayó en una depresión muy grande cuando murió mi viejo. Fumaba paco, entró en el choreo; no era un buen ejemplo."

Morocho, pelado, con una mirada profunda, gestos ampulosos y locuaz, Mauricio relata su historia. Cuenta que vivió en hogares desde los 8 años y lo hizo en una casa tomada con su familia. Se declara rebelde sin causa, pero inteligente para tomar decisiones importantes como terminar la escuela, y un soñador: añoraba reunir a sus hermanos y a su madre bajo un mismo techo. Todavía no lo pudo concretar, aunque no baja los brazos.

"No aceptaba la separación de mis viejos y me volví rebelde: me escapaba de los hogares, no aceptaba límites. Caí en las drogas. Sólo me drogaba, mi vida era eso, directamente", recuerda Mauricio, uno de los mensajeros de la Guía E.

A los 15 años, en una de sus huidas, se recluyó en la villa Zavaleta. Se encontró con un tío abuelo y su madre. Allí, dice, perdió su vida por completo. "Mi fantasía era encontrar a mi vieja, decirle que la necesitábamos, pero la vi flaca, fumando paco. Empecé con las malas juntas, a fumar, a chorear. Me drogaba cinco días, dormía tres y después volvía a drogarme."

Una mañana cambió. Mauricio se levantó diferente, cansado de llorar, lastimado, pensando en morirse. Buscó ayuda de nuevo y se alojó en la comunidad Yo Pude, de Florencio Varela, con el objetivo de recuperarse de su adicción a las drogas. "Dejé de tener contacto con mi vieja y entendí algunos rencores del pasado. Supe valorarme, aprendí a llorar, a amar, a ayudar, a decir te quiero, te extraño, te amo, perdoname; aprendí a perdonar."

La vida de Mauricio cambió nuevamente cuando egresó de la comunidad. Dejó de drogarse, se capacitó, buscó trabajo y se convirtió en un profeta de su propia experiencia, para transmitirla a quien la necesite. "Salí convencido a insertarme en la sociedad porque dependía de mi voluntad, de animarme ante cualquier adversidad. Antes mi hermanita me llamaba drogadicto. Ahora me ama y para ella soy el mejor hermano del mundo", dice.

Sabiduría de una voz apagada

Es la primera en llegar al garaje. Flaquita, usa flequillo, un piercing arriba del labio, varios anillos y lleva las uñas pintadas de rojo, una remera blanca tejida y pantalones oscuros. Habla con timidez, le cuesta soltar su historia. Hace silencios, vuelve a empezar, se le humedecen los ojos. "Hace poco, antes de quedar embarazada, la volví a ver y la situación era la misma., no la juzgo. Ahora no tengo contacto, no me sale, no me nace. Ella busca el contacto, me pidió perdón, pero no me nace."

Se llama Noelia Rivera, de 20 años y con una hija de diez meses, se quiebra cuando habla de su mamá que la abandonó cuando era chica. Sufría el maltrato de su esposo y por eso decidió irse del hogar dejando a tres hijos.

El hombre abandonado descargó su violencia contra los niños. "Era agresivo, dominante. Me trataba como si fuese su mujer, llegaba al extremo del maltrato, de descalificarme con sobrenombres", recuerda Noelia, que se fue de la casa para vivir primero en los de sus amigas y, luego, en el instituto de mujeres María del Rosario de San Nicolás, de Villa Urquiza.

"Pasarla bien o mal en un hogar depende de muchas cosas. Hice varias amigas que hasta ahora las veo. La vida es normal. Vas al colegio, tenés tarea y si no las hacés, no salís los fines de semana. Fue una especie de sustitución de mi familia", describe.

Hoy Noelia es una de las voluntarias de Guía E, egresada y con experiencias a cuestas. Esa fortaleza que adquirió en los hogares la llevó hasta la oficina de Violencia Doméstica del gobierno de la ciudad para pedir la exclusión del hogar por el maltrato que sufría de parte de su padre. "Me dieron la casa y mi papá se tuvo que ir. Yo estaba en pareja y quedé embarazada. Hoy vivo sola y estoy buscando trabajo."

Un niño en el cuerpo de un oso

En silencio frunce el ceño, como poniendo cara de malo. Pero apenas habla de su voz brota bondad y afecto. Parece un niño en el cuerpo de un oso.

Cristian Guarasci pasó por situaciones similares a las del resto de sus compañeros de Guía E. El padre abandonó a sus seis hijos y su esposa; la madre los descuidó; los chicos vagaban todo el día en la calle al cuidado de los vecinos y todos terminaron alojados en diferentes hogares para niños y adolescentes.

"La vida en el instituto es fea. A la noche los pibes se putean, hay grupos, de los buenos y de los malos, y se pelean", recuerda Cristian, de 24 años, que a los 13 ya vivía en un instituto.

Los hermanos estaban separados, algunos en Garín, otros en Villa Devoto, y las visitas se hacían complicadas por la distancia. Pero una gestión con el director del hogar donde vivía Cristian permitió que todos se reunieran en un mismo lugar.

Hizo talleres, aprendió oficios, trabajó en una carpintería y ahora es operario. Prefiere hablar poco de su familia. "¿Mi vieja? No sé. La última vez que la vi fue hace cuatro años y no le di mucha bolilla. Ella eligió irse con un señor. Tampoco tengo interés en ver a mi viejo. Crecí distanciado y sería raro insertarlo en mi vida."

AL MUNDO MANDATE

Mariana Incarnato es una de las psicólogas que integran el equipo de profesionales coordinadores de Doncel, que trabaja en el fortalecimiento de los jóvenes que están cerca de salir de una institución. A partir de dicha experiencia se creó Guía Egreso.

"Surgió con la idea de alejarse de lo técnico para estar más cerca de los chicos, algo más concreto", explica. Doncel funciona desde hace siete años y trabajó con más de 500 chicos, pero nunca se formalizó el seguimiento de los egresados. "Fue reunirlos, recuperar las experiencias y reflexionar sobre cómo egresaron. La idea es generar políticas para la transición de vivir en un hogar a vivir solo."

Según explicó la guía tiene dos líneas de trabajo: una es a través del portal, para darle accesibilidad a la mayor cantidad de chicos posibles; la otra, que se implementará más adelante, es que los egresados dicten talleres y debates dentro de los hogares.

"El proyecto surgió a principio de 2011 con el apoyo de un fondo del Banco Mundial que permitió reunir a los chicos y que tuviesen un viático para hacer la guía. Ellos eligieron el nombre de la guía, un lema (Orientate, animate y al mundo mandate) y la estética", admite Incarmato.

Los desafíos a los que se enfrentan los egresados son económicos, laborales y sociales. La creación de esta guía tiende a superarlos con la mayor facilidad posible.

"Cuando me fui del instituto lo que más me costó fue conseguir alquiler. Todos pedían garantías y era difícil tenerla", recuerda Cristian Guarasci, uno de los responsables de Guía E.

"Cuando salís, lo más difícil es encontrar tu casa alejado de las personas que estuvieron a tu lado y armar tu proyecto de vida. La idea es que antes de salir los chicos tengan subsidios, ahorros, planes y que se capaciten en trabajos", recomienda Noelia Rivera.

DIEZ CONSEJOS PARA UNA BUENA REINSERCION

Pedí tu documentación.

Aprovechá el tiempo y capacitate mientras estás en el hogar.

Buscá trabajo.

Ahorrá plata.

Aprovechá la terapia que te provee el hogar.

Egresá con un contrato de alquiler o vivienda compartida.

Terminá la secundaria.

Llevate buenos vínculos.

No te olvides de quien te dio una mano.

Si cumplís con los nueve mandamientos tendrás un buen egreso.

PARA SABER MAS

Guía E

http:/guiaegreso.com.ar/

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