Creamfields 2011: el dancefloor más fuerte del mundo

Una vez más, el festival de música electrónica convocó más de 50 mil personas en el autódromo de Buenos Aires
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14 de noviembre de 2011  • 15:29

"Hagamos de esto la mejor fiesta del mundo otra vez", decía al mic David Guetta mientras cerraba su set consagratorio en Creamfields Buenos Aires, y el pedido del Superstar DJ y productor francés se materializaba en el Autódromo de Buenos Aires: más de 50 mil personas yendo y viniendo entre siete escenarios, entre avalanchas de beats dispares de los más de 60 artistas que actuaron y mucho paso de baile comprometido con lo que salía de las torres de sonido.

La presentación de la megaestrella que trascendió las fronteras del dance para convertirse en una figura del mundo pop marcó el pulso de la noche. Un gran número de público se mantuvo frente al Main Stage hasta que tocó el francés para tener una buena ubicación para ver el show con el que se plantó un paso más arriba que el resto: su cabina estaba armada a dos metros y medio del piso. Envuelto en pantallas HD y con sus robots bailarines gigantes, estuvo enfocado en presentar los tracks de su último disco Nothing But The Beat.Antes de Guetta, el festival se movió con su comportamiento clásico. La Cream Arena como un club aparte, con su grey estable, amante de los sonidos progresivos formado bajo la influencia de Hernán Cattaneo -el host ideal para las visitas de ese espacio: John Digweed, Danny Howells y Gui Boratto-.

Mientras, en la arena 1, el francés Busy P –Pedro Winter, el dueño de Ed Banger Records, donde editan sus compatriotas Justice- mezcló un poco de dubstep con el french touch 2.0 y dio paso a Afrojack, el holandés que tiene todo para seguir los pasos de Guetta tanto a nivel global (asaltar los podios de los charts) como por su relación con los argentinos. Incluso, el francés puso en su sesión el último track de Afrojack, "Lionheart", lo hizo subir al escenario y lo bendijo frente a la multitud.

Groove Armada presentó su nueva propuesta Red Light cuando la noche ya había llegado a Lugano, mostrando su muñeca para darle un upgrade a un clásico DJ Set: con cámaras en vivo, manipulaban sus imágenes aprovechando la definición de las pantallas. Aunque repetitivo, el recurso resultó buen maridaje para sus nuevas producciones.

Por primera vez el género trance tuvo un espacio exclusivo y, como Cream Arena, Nation Arena fue una isla alejada de todo lo que pasaba detrás del paredón que la separaba del resto del festival: entre otros, por allí pasaron Giuseppe Ottaviani, uno de los más esperados por el público local, y Cristopher Lawrence, que visita tras visita genera más empatía con su séquito de seguidores que parece inagotable.

Ellen Allien le puso elegancia a la cabina de la Delta 90.3 FM Arena: con ritmo, estilo y delicadeza, la dj, productora, diseñadora y dueña del sello BPitch Control hizo mover a los pocos que eligieron comenzar la noche con Techno. En la Arena 2 –la carpa de Cocoon, el label de una leyenda de las bandejas Svën Vath-, la fórmula del argentino Guti + el británico Jamie Jones + el extrovertido norteamericano Seth Troxler (que cerró su set con Prince) enfrentó a una pista que por momentos tuvo menos gente que en los otros espacios aunque nunca bajó en intensidad.

Una vez terminado el set de Guetta, en la Cream Arena Digweed hacía su trabajo frente a un dancefloor repleto, en la Arena 1 Pete Tong usaba su ojo clínico para seleccionar hits y Vath lucía su mejor traje old school tocando con vinilos –que en estos días es casi como una rareza-. La experiencia les alcanzó para recibir al público que llegaba del Main Stage con ganas de cerrar el festival de la mejor manera posible.

En otro de los closing sets, Miss Kittin se calzó los auriculares blancos y agarró el mic para el broche de oro de la Delta 90.3 Arena, mientras que en la Arena 1 Laidback Luke terminó con un set con tracks, remixes y re-edits de su autoría.

De nuevo en el escenario principal, Above And Beyond bajó el telón del festival frente al público que gastaba sus últimos cartuchos de baile con los primeros rayos de sol golpeando en la frente. Horas después del final de Creamfields, el trío británico escribió en su cuenta oficial de Twitter junto a una foto del amanecer en Buenos Aires: "Que alguien invente la máquina del tiempo para poder hacer esto de nuevo". No hace falta ningún Doc Brow o Delorean: en 12 meses nos vemos otra vez.

Por Emilio Zavaley

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