El PJ derrotó a Bussi en Tucumán

El resultado definitivo de las urnas pendientes confirmó la diferencia en favor de Miranda.
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16 de junio de 1999  

SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- De la boca de los bussistas sólo salen palabras cargadas de amargura. Saben, en su fuero íntimo, que perdieron la pulseada con el peronismo, a pesar de que la Justicia no dio aún su veredicto, que retrasa la proclamación del nuevo gobernador.

Los números del escrutinio definitivo de las 308 mesas en disputa no garantizaron un cambio en esta historia, que comenzó a escribirse en la madrugada del 7 del actual y que sigue ahora con el recuento de las actas del escrutinio provisional.

Los últimos números de ayer, sumados a los del escrutinio provisional, imponían al PJ por 3850 votos, alrededor del 0,7 por ciento, una diferencia que ya no se revertiría.

Las luces de aquel día alumbraron al candidato del peronismo, Julio Miranda, que se imponía, según datos oficiales, a su contrincante Ricardo Bussi, de Fuerza Republicana, en las elecciones de gobernador.

El hijo del mandatario provincial, general (R) Antonio Domingo Bussi, había celebrado en vano, sobre la base de los resultados de las encuestas de boca de urna y del reconocimiento explícito de sus contrincantes de que él había sido el ganador. La desazón y el desconcierto se apoderaron de los republicanos, que desconocieron el resultado del escrutinio provisional y exigieron, por la vía de la justicia ordinaria, la apertura de todas las urnas antes de proclamar al gobernador.

La Cámara en lo Contencioso Administrativo obligó a la junta electoral a terminar el escrutinio definitivo, pero prohibió que proclamara un ganador hasta tanto no se resolviera la cuestión de fondo (abrir las 3118 urnas) planteada por Fuerza Republicana. Tiene tiempo hasta mañana al mediodía para dar su veredicto, que se intuye desfavorable para el bussismo. Con ese panorama, Miranda sería ungido como el nuevo gobernador de Tucumán hasta el 2003.

Fuerza Republicana recurrirá a la Corte provincial en señal de disconformidad con la medida, pero sabe que el recurso no prosperará. El máximo tribunal está a cargo de Alfredo Dato, también titular de la junta electoral, que se negó a contar voto por voto y a quien el bussismo recusó por parcialidad manifiesta, acusándolo de haber llegado allí de la mano de Ramón Ortega en sus épocas de gobernador tucumano.

Pedido de juicio político

El panorama no sólo se ensombreció para Ricardo Bussi, sino para su padre, sobre quien pende una espada de Damocles que lo tiene confundido: un pedido de juicio político.

"Si fuera por él (Bussi padre) patea el tablero y no para hasta el pedido de nulidad de los comicios", confiaron a La Nación fuentes del oficialismo. Esa vía de resolución del conflicto, reñida con la consideración popular, es sólo compartida con los ultrabussistas , conocidos como "paladares negros".

Los ricardistas, más jóvenes y con un camino político por delante, prefieren otra cosa. La resignación por la derrota se traduce en experiencia. Quieren alejarse del militar. Y se quejan, en privado, de la actitud exageradamente obediente de Ricardo: "Todavía escucha mucho a su padre", dicen.

Descartan, entonces, el argumento de retener una cosa perdida, como el triunfo en las elecciones, a cualquier costo. Hablan de una jugada pacífica, que construya hacia el futuro.

Esta división no es la única que existe en el partido fundado por Bussi en 1987 y que sólo afrontó una elección interna. El vicegobernador y electo intendente de la capital, Raúl Topa, se separó de esa fuerza sin abandonar el logo del partido. Se sabe la alternativa contra el ultrabussismo. Los ricardistas lo ven y, a pesar de que ahora lo llaman "el traidor", intentarán un acercamiento para solidificar una línea interna.

Ricardo Bussi viajará hoy a Buenos Aires en busca de apoyo. Tratará de instalar su imagen de defraudado por acciones irregulares en los comicios; dirá que no se siente perdedor. Es la manera de no abandonar, a los 36 años, la carrera política.

El peronismo ganó de mano. No sólo instaló a Miranda como el vencedor, a pesar de que no fue proclamado, sino que ya habla de transición, presiones, condicionamientos, adelanto de entrega del mando. Se adueñó del centro de la escena.

En el brindis que ayer por la noche realizaron en la sede del PJ, ratificaron su intención de destruir a Bussi.

Dicen que el mes próximo convertirán la victoria peronista en una "fiesta de la democracia". A pesar de que sueñan con que el presidente Menem y Eduardo Duhalde compartan la tarima, pretenden hacer extensivo el festejo a todas las fuerzas políticas que no se adhieren al bussismo. Invitarán a Mercedes Sosa, que había prometido no volver a cantar en Tucumán mientras Bussi ejerciera el poder.

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