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Ideágora, la gestión de la innovación

Ernesto Van Peborgh
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20 de noviembre de 2011  

En la era de la información lo que diferencia una organización de otras es la habilidad de clasificar, procesar y perfeccionar ideas rápidamente.

Algunas pioneras captaron esta tendencia muy temprano y crearon espacios online para conversar con sus públicos, para captar innovación y conocimiento, y ofrecer un lugar abierto al diálogo para mejorar sus productos y servicios. El nuevo canal de innovación ofreció excelentes resultados: en 2010 Refresheverything, de Pepsi, obtuvo 45 millones de votos y más de 7500 ideas; Ideastorm, de la empresa Dell, obtuvo 16.000 ideas y 93.000 comentarios.

Los nuevos espacios de la Web destinados a gestionar el conocimiento que surge del diálogo entre los miembros de una comunidad reciben el nombre de ideágoras. Se trata de poderosas herramientas de colaboración que permiten a sus usuarios compartir ideas y pedir respuestas para problemas. Son espacios de encuentro entre necesidades y soluciones, el lugar donde el conocimiento que las personas aportan a la Red puede encauzarse y traducirse en prácticas.

Sin embargo, el uso más interesante de las ideágoras es su aplicación en las redes internas de empresas y otras organizaciones, ya que facilitan la gestión del conocimiento, impulsan la creatividad y la innovación, y contribuyen a identificar nuevos talentos. Como herramientas esenciales para promover la cultura colaborativa, favorecen el intercambio de buenas prácticas y soluciones, brindan transparencia y agilidad a los procesos y las comunicaciones, potencian la combinación de ideas y la creación colectiva.

Algunas ideas son fruto de una iluminación genial, como la formulación de la gravedad de Newton. Otras parecen obra del azar, como la exitosísima cinta adhesiva transparente. La mayoría de las ideas requiere, no obstante, un proceso de desarrollo para adoptar su forma final. Estas aumentan su solidez cuando se desarrollan en sistemas que favorecen que diversas intuiciones se encuentren y formen algo mayor que la suma de las partes.

En su libro Where do good Ideas come from? (¿De dónde vienen las buenas ideas?), Steven Johnson denomina "redes líquidas" a los entornos más apropiados para que las ideas y la creatividad afloren. En la práctica, las redes líquidas son ámbitos en los que las personas se reúnen para intercambiar información con libertad: las ciudades, los cafés, el ágora griega o Internet. Estos ámbitos facilitan los "derrames de información", que Johnson explica remitiéndose a una experiencia que realizó la Universidad McGill, en Canadá, a principios de los años 90: tras observar el trabajo cotidiano de científicos en una mesa compartida, los investigadores concluyeron que la mayor cantidad de ideas no surgía de la práctica individual de cada uno sino del intercambio, los cuestionamientos y las discusiones.

El gran motor de la innovación científica y tecnológica fue el histórico incremento de la conectividad y de las posibilidades de intercambiar ideas. La Web se muestra como este gran "entorno líquido" que permite acceder al conocimiento individual de miles de millones de personas conectadas. Pero lo más innovador y trascendente es que permite acceder al conocimiento colectivo, es decir, al producto de sus intercambios e interacciones en una mesa de discusión planetaria.

 El autor es director de El Viaje de Odiseo

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