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Piano and String Quartet

Una brillante interpretación de la obra de Morton Feldman
Pablo Gianera
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26 de noviembre de 2011  

Piano and String Quartet, de Morton Feldman. Intérpretes : Emanuele Torquati (piano) y Cuasteto Prometeo. Sala : Casacuberta del Teato San Martín

Nuestra opinión: excelente

Escrita en 1985, sólo dos años antes de su muerte, Piano and String Quartet , que tuvo su estreno local en el Ciclo de Música Contemporánea del Teatro San Martín, corresponde al período tardío del compositor Morton Feldman, ése en el que desplegó largas superficies de tiempo liso, planicies sonoras con ondulaciones apenas perceptibles. En realidad, casi todo lo que Feldman compuso de 1980 en adelante pertenece sin más al terreno de la obra maestra. Con un duración de alrededor de una hora y media, esta pieza es algo más breve que otras de esa época (basta pensar en las cinco horas de su Segundo cuarteto para cuerdas o en For Philip Guston ), pero aun así es, otros sentidos, quizás más radical.

Lo primero que llama la atención es el nombre; más que un quinteto con piano, Piano and String Quartet es realmente un piano y un cuarteto de cuerdas enfrentados como dos instancias independientes. No es que no exista interacción, pero en cualquier caso el piano tiende a mantenerse abstraído del cuarteto; se limita simplemente a puntear la pieza, casi como si se tratara de una respiración, con arpegios. Muy ocasionalmente, como cerca del final, la superficie regularmente arpegiada se crispa y aparece en el piano un atisbo de figuración motívica, ante la que reacciona enseguida el cello en pizzicato . Salvo en esos rarísimos momentos, cada vértice del cuarteto introduce una coloración diferente, del mismo modo que lo hacen los arpegios del piano al cambiar de registro. No queda nada agónico ni en el funcionamiento del cuarteto ni en su relación con el piano. Son eventos asilados, fugaces aglomeraciones que terminan conformando, casi a pesar de sí mismas, una variedad de melodía. Todo transcurre suavemente (nunca se vulnera el triple piano), habitado por una quietud misteriosamente proteica y una pudorosa melancolía. La interpretación, muy concentrada pero jamás tensa, de Emanuele Torquati y el Cuarteto Prometeo no pude hacerles más justicia a estos atributos.

En el final, como en el principio, estuvo el piano, que despliega unas significativas corcheas con cierto gesto de precipitación o de ansiedad. Es posible que buena parte de la música de Feldman haya sido escrita en contra de cualquier expansión expresiva, pero no priva a la obra de una cierta oscuridad. Ese piano último de Piano and String Quartet se escucha, al igual que en casi todo el Feldman tardío, como un neoyorquino elogio de la sombra.

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