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La oportunidad de ejercer un verdadero liderazgo

Nicolás Dujovne
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28 de noviembre de 2011  

En circunstancias mucho más dramáticas que las actuales para la humanidad, a tres días de la caída de París y un día después de que Francia solicitara un armisticio a Alemania, Winston Churchill se dirigía a la nación: "Si fallamos, entonces el mundo entero, incluyendo los Estados Unidos, incluyendo todo lo que hemos conocido y por lo que nos hemos preocupado, caerá en el abismo de una nueva era oscura, aunque más siniestra y tal vez más prolongada. Abracemos nuestras responsabilidades y carguemos con el hecho de que si el Imperio Británico dura por miles de años los hombres continuarán diciendo: ésa fue su hora más gloriosa (This was their finest hour)".

Reemplacemos ahora Imperio Británico por "crecimiento y prosperidad" y encontraremos un dramático contraste entre el llamado desesperado de un líder como Churchill y el discurso que todavía nadie ha pronunciado para ocupar el vacío absoluto de poder que reina hoy y que amenaza con conducir al mundo a una nueva recesión internacional como la que en 2009 llevó la pobreza a millones de personas.

Con dos trillones de dólares de deuda en Italia y casi un trillón en España, otro trillón en manos de otros países con problemas y por lo menos un tercio de trillón de dólares necesario para recapitalizar a los bancos europeos, cualquier programa financiero que pretenda derrumbar las tasas de interés en Europa deberá contar con dos trillones de dólares como mínimo.

Si efectivamente se reuniera ese monto de dinero para un programa de rescate, probablemente se necesitaría usar apenas un cuarto de esa suma. La sola existencia de una barrera de contención actuaría como disuasivo para el mercado.

La negativa de Alemania a apalancar el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera mediante recursos del Banco Central y la negativa también hacia cualquier política de aflojamiento cuantitativo del Banco Central Europeo, al estilo de la política realizada por la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra, han dejado a Europa a merced del ajuste fiscal. Parece ser la única herramienta de lucha para recuperar el acceso al crédito.

Hasta ahora, el resultado ha sido negativo. Ni Grecia ni Italia ni España, y ahora tampoco Francia, han logrado atraer a los inversores de deuda con sus ajustes fiscales, y Europa comienza a sumergirse en una recesión que terminará agrandando los déficits muy rápidamente.

Si Alemania se resiste, la comunidad internacional deberá unirse como mecanismo de autodefensa en el rescate a una Europa asediada financieramente. Las reservas de los bancos centrales suman en el mundo US$ 10 trillones. Si el FMI impulsara una inversión de 20% de las reservas de cada uno de los países miembros en derechos especiales de giro (DEG) emitidos para coordinar el rescate de Europa, asegurando la devolución de los fondos a cada uno de los países en cinco años y soportando en su balance las pérdidas que pudieran ocasionarse, las reservas de cada país cambiarían de composición, pero no caerían.

Luego, España, Italia, Portugal y otros países podrían utilizar los fondos provistos por el FMI sin condicionalidad alguna en caso de que tuvieran dificultades en sus colocaciones de deuda. Simplemente, el FMI podría pedir a los usuarios de estas facilidad que no aumenten sus déficits fiscales, pero midiendo éstos no en términos nominales sino ajustados por el ciclo económico.

La oportunidad de ejercer el liderazgo del rescate es impresionante. Obama, Dilma, Sarkozy, Medvedev, Hu Jintao. El mundo los reclama. Si el éxito es alcanzado y el contagio al resto del mundo es frenado, se habrán salvado millones de empleos y evitado millones de nuevos pobres. Sólo entonces podremos pensar que dentro de muchos años, cuando se recuerde esta acción, algunos hombres puedan decir: ésa fue su hora más gloriosa.

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